Un Asesinato por Copa (Un Misterio de Nikki Sands 2) Capítulo Cinco #3
28%

Capítulo Cinco #3

Marco se acercó al porche pavoneándose y les hizo ojitos con sus largas pestañas. —Me alegra que estés aquí, Bellissima —dijo con su acento italiano—. Tú haces que este lugar sea interesante. Y, miren, ¿detecto amor en el aire? —Marco señaló las copas de vino, ya vacías.

—Tampoco es que sea una sorpresota. Sabíamos que era cuestión de tiempo para que ustedes dos se arrejuntaran. Queridísima mamá debe de estar que se sube por las paredes.

—No estamos «juntos», idiotas. Simplemente estamos cenando —respondió Derek.

—Dios, qué bobos son ustedes dos. ¿Por qué no se dejan de rodeos? Ya acuéstense de una vez y así todos podemos seguir con nuestras vidas —dijo Simon.

—Chicos, pórtense bien y vayan a quedarse a un bed and breakfast en el pueblo, por favor —dijo Derek.

—¿Y perdernos la diversión? Ni hablar. Nos vamos a la casa principal.

Almorcemos mañana, Ricitos de Oro. Tenemos tantísimo que contar.

Estuvimos poniéndonos zen en Sedona y encontramos al más maravilloso de los gurús.

Se llama el gurú Sansibaba y, te lo digo, Marco y yo somos otros hombres.

Las cosas materiales no significan nada.

Somos, digamos, esas almas abiertas, de corazón abierto al mundo y a nuestros semejantes, hombres y mujeres, por supuesto, en las que nuestros guías espirituales tan generosamente nos enseñaron a convertirnos.

—Junto con el gurú Sansibaba —dijo Marco.

—Sí, por supuesto —respondió Simon.

—Se nota, con ese convertible. ¿Qué pasó con los desfiles de moda en Nueva York? —Nikki señaló el Porsche.

—Sí, bueno, que sepamos que el materialismo es un camino estéril no significa que tengamos que privarnos de todo en esta vida —dijo Marco—.

Simon quería deshacerse del Mercedes. Este va con nuestra nueva imagen, ¿no?

Los desfiles de Nueva York me decepcionaron.

Creo que ya no tengo la necesidad de diseñar para ese mundo.

—Interesante. Y en cuanto al Porsche, bueno, entiendo perfectamente que al resto del mundo jamás se le ocurriría pensar que un Porsche es el coche típico de una persona materialista —dijo Nikki.

—Nos vemos mañana, tortolitos. —Simon se puso al volante, y él y Marco salieron disparados por el camino hacia la casa principal.

—De verdad los extrañaba —dijo Nikki.

—Sí, claro.

—Simon sí parece un poco más animado; normalmente anda con cara de vinagre y es un antipático. Me pareció casi amable.

—No va a durar. Ven, te ayudo a recoger los platos.

Aunque a Nikki no le hacía especial ilusión el regreso de los chicos después de varios meses de ausencia, se alegraba de la distracción que habían proporcionado. Derek dejó de lado los temas de conversación por esa noche. Con los platos lavados, se estiró y soltó un bostezo.

—¿Cansado? —preguntó Nikki.

—Un poco.

—Sí, yo también; ha sido un día largo.

—El martes, ¿verdad? ¿La cena? Tengo que salir de la ciudad un par de días para atender unos asuntos de beneficencia, pero ¿seguimos en pie para el martes?

—Por supuesto. —El otro día Derek la había invitado a cenar el martes con él y el contador para hablar de algunos asuntos de negocios.

A ella le encantaba que estuviera tan involucrado con la Fundación contra la Leucemia.

Participaba muy de cerca, y así había sido durante años.

Su madre había muerto de esa terrible enfermedad cuando él era niño, y él mantenía viva su memoria dedicando buena parte de su tiempo a ayudar a encontrar una cura.

—Te llamo cuando llegue. —La besó en la mejilla. Su beso era distinto al de Andrés. Era dulce y tierno. El beso de Andrés siempre venía con una sensación de urgencia y una energía electrizante. El beso de Derek en la mejilla era como chocolates derritiéndose en la boca. Qué rico.

Él se fue y ella entró a su cuarto y se dejó caer en la cama.

Con un suspiro, repasó los acontecimientos del día y de la noche, desde lo macabro y espantoso hasta lo ligero y divertido, y sonrió ante el toque de romance que flotaba en el aire.

Al menos, se permitía creer que era así.

¿Qué era la vida sin un poco de fantasía que la mantuviera ilusionada?

Sin embargo, sus últimos pensamientos antes de quedarse dormida no fueron agradables.

El primero fue un recuerdo del pasado, algo que quería olvidar.

Cuando tenía siete años había sufrido un accidente de coche en el que murió el hombre que siempre había creído que era su padre, y solo más tarde descubrió que no tenían ningún parentesco.

Había quedado malherida en el accidente y pasó dos semanas en coma antes de que su madre la mandara a California para que la criara su tía Cara.

No quería pensar en lo único que ella y Susan Jennings Waltman tenían en común: la falta de una madre.

Pero a Nikki le daba lo mismo si volvía a ver a su madre o no.

El siguiente y último pensamiento que tuvo antes de que la venciera el sueño tenía que ver con las fotos que había visto de Susan Jennings, y con quién había estado teniendo sexo Susan en esas fotos: Blake Sorgensen.