Un asesinato muy espumoso Capítulo veintidós #3
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Capítulo veintidós #3

—Sí, la idea de disparar a David en su fiesta se le ocurrió a él.

También quería matar dos pájaros de un tiro.

El asesinato público de David desataría todo tipo de rumores y acabaría con sus negocios, ya que la gente pensaría que lo había matado alguien del crimen organizado. Como si él también fuera un mafioso.

—¡ AAAAAAH !

Alberta corrió junto a David para consolarlo. Estaba claro que el golpe de realidad había sido demasiado duro para él.

—Lástima que no acertaras a la primera —dijo Jim—. Tuviste que volver a intentarlo. Supongo que, después de todo, no estabas preparado para la misión, ¿eh, compañero?

—Vete a la mierda, Rand. Habría terminado bien el trabajo. De no ser por ti, este gilipollas estaría muerto.

Jim resopló.

—Me atribuyes méritos que no son míos, colega. No fui yo quien te delató. —Me miró a los ojos—. Fue Clare.

Suspiré, aliviadísima de saber que habíamos conseguido que confesara sin mayor derramamiento de sangre. ¿Acaso David Mintzer no había sufrido suficiente como para tener que soportar más manchas carmesíes en sus hermosos suelos?

Por desgracia, el interrogatorio aún no había terminado.

Me volví hacia Graydon y Joy, que observaban en silencio con los ojos como platos.

No me hacía gracia implicar a mi hija en ese asunto, pero al final era ella quien se había involucrado sola.

Por favor, te lo ruego, hija mía, apréndelo de una vez: cuando tomas una decisión, luego tienes que vivir con las consecuencias .

Me acerqué a Graydon Faas, lo miré a los ojos y le pregunté:

—¿Por qué hablabas por teléfono con Bom Felloes esta tarde, Graydon? ¿Y por qué has ido a su casa esta noche?

Graydon se mostró desafiante durante unos instantes, hasta que vio cómo lo miraba mi hija, con una mezcla de horror y repugnancia. De pronto, se le encogió el pecho.

—Necesitaba dinero —respondió.

—Pero tu familia es rica.

—Más rica de lo que imaginas —dijo Graydon—. Pero me desheredaron hace años, cuando dejé la universidad para ser monitor de surf. Me dijeron que no les gustaban las decisiones que estaba tomando con mi vida y les contesté que se metieran el dinero donde les cupiera.

—¿Y cómo contactaste con Felloes?

—Conocí a Bom en una discoteca. Él sabía que trabajaba sirviendo mesas en El Cafetín para ganar algo de dinero.

Me ofreció coca de buena calidad y un fajo de billetes de cien dólares a cambio de un pequeño favor durante la fiesta del Cuatro de Julio: darle a David Mintzer una sustancia que le provocaría migraña.

Era la revancha por haberle hecho perder el restaurante, me dijo Bom.

Yo no tenía ni idea de que fueran a disparara nadie.

Más tarde, Bom me dijo que había sido una extraña coincidencia que mataran a Treat.

Me llamaba cada dos por tres para que le proporcionara información sobre David…

Me preocupaba tanto que Bom me chantajeara, que me metiera en algún lío, que siempre le di lo que me pedía.

Hoy, cuando me llamó, pensé que quería más información.

Sin embargo, me ofreció más dinero y cocaína a cambio de ayuda.

Fui a su casa a recoger el dinero y la coca, pero Joy se asustó y volvimos aquí.

—Tienes suerte —le dije a Graydon—. Después de esta noche, Bom no habría necesitado que le pasaras más información sobre David; sospecho, además, que quería asegurarse de que no hablaras con la policía. Jamás.

—¿Qué quieres decir con eso de «jamás»?

—Quiere decir que Bom iba a matarte, estúpido —espetó Jim—. La cocaína que te iba a dar… La cortó con algo. Es probable que la mezclara con una cantidad lo bastante grande de polvo de ángel como para freírte el cerebro. Tienes que espabilar, chaval.

—Uf, madre mía —dijo Joy.

Oí sirenas a lo lejos…, a pesar de las posibles molestias a los vecinos. Miré a Jim.

—La policía.

Dos horas más tarde, los ánimos se calmaron de nuevo en Ocio con Dignidad.

La policía se llevó detenidos a Kenny Darnell y a Graydon Faas.

Thomas Gurt acompañó a otra patrulla para sacar a Bom Felloes de su lujoso Castillo de Arena y meterlo entre rejas.

Prestamos declaración y nos informaron de que los detectives se pondrían en contacto con nosotros al día siguiente.

En ese momento, Madame ya había vuelto a casa y estaba sentada junto a Joy, David y Alberta en el salón de la mansión, mientras le narrábamos la captura de Kenny de cabo a rabo. Todos estaban nerviosos y preocupados, y lo más probable es que no pegaran ojo durante gran parte de la noche.

Jim Rand no habló mucho durante las horas que estuvo por allí la policía. Cuando por fin se fueron, salió a la terraza de cedro. Lo seguí.

—Jim, ¿estás bien?

Se rascó la nuca y sacudió la cabeza.

—El fiscal querrá atrapar al pez gordo. Si Graydon y Kenny testifican en contra de Bom, les reducirán las condenas. El hijo de puta de mi compañero no merece una reducción de condena.

—Lo siento.

—¿Lo sientes y ya está? —Se volvió para mirarme—. Vaya, Clare, qué decepción.

Parpadeé.

—¿Decepción?

—Pues claro. —Una sonrisa se dibujó despacio en su rostro rudo—. Yo pensaba que además me darías las gracias.