Capítulo dieciocho #2
Ambas nos quedamos pensando en esa posibilidad. Parecía encajar bien con la personalidad de Marjorie Bright.
—Sin embargo, hay un problema —dije—. ¿Cómo sabía ella que David era alérgico?
—¿Cómo dices?
—Estoy segura de que alguien envenenó a David anoche, en la fiesta de Bom Felloes.
—¿Lo envenenaron? ¡Qué me dices, Clare! ¿Está bien?
—Sí, sí, está bien. Matt y yo lo llevamos al hospital y se está recuperando. Matt me llamó hace cosa de una hora. Si el médico le da hoy el alta, es probable que Matt lo traiga de vuelta a East Hampton esta misma noche.
—¡Menos mal!
—Pero hay una cosa más. Marjorie estuvo anoche en la misma fiesta que David. Recuerdo que no paraba de fumar mientras hablaba con otros invitados.
—Entonces, ¿crees que ella pudo tratar de envenenar a David anoche, después de que Treat recibiera por error el disparo?
—Sí, es posible. —Me dejé caer hacia atrás en el sofá—. Aunque también cabe la posibilidad de que no.
—¿Por qué?
—A David lo envenenaron con una concentración elevadísima de glutamato monosódico. Pero ¿cómo sabía ella que David era alérgico? Ni siquiera yo lo sabía.
—Espera un momento, querida —dijo Madame. Noté que su voz sonaba amortiguada—. Edward, acércame esa revista de ahí… —Oí un sonido de papel y Madame volvió al teléfono—. Clare, estoy segura de que Marjorie Bright tenía constancia de la alergia de David. Y Bom Felloes también.
—Pero ¿cómo…?
—Edward y yo hemos estado leyendo algunos números atrasados de la revista East End…
—¿Edward guarda números atrasados? ¿Cuántos tiene?
—Ah, pues los guarda desde hace diez años.
Escribe para la revista: críticas sobre exposiciones en los Hamptons, artículos sobre el mundo del arte…
, ese tipo de cosas. El caso es que hemos encontrado un artículo muy interesante, Clare.
Edward se acordaba porque publicaron una foto grande y llamativa donde aparecen David, Bom y Marjorie Bright posando junto al mar.
El pie de foto dice: «Buenos vecinos. David Mintzer y Bom Felloes posan en el terreno que han comprado recientemente a los Bright.
Marjorie Bright, una de las herederas de Elmer Bright, posa junto a sus nuevos vecinos».
—Entonces, ¿fue Marjorie Bright quien les vendió el terreno? —aventuré.
—No —rectificó Madame—. Según Edward, fue su hermano mayor, Gilbert Bright, quien llevó a cabo la venta.
Al parecer, ella se puso furiosa, pero no pudo hacer nada para evitarlo, ya que esas tierras las había heredado su hermano.
Posó en la foto porque la revista East End se lo pidió.
Y en East Hampton todo el mundo lee esa revista, Clare. Absolutamente todo el mundo.
—También da la impresión de que David y Bom eran carne y hueso en aquella época —observé—, y que se pusieron de acuerdo para comprar el terreno juntos.
—Este artículo pudo ser el principio del fin de su amistad. Escucha esto: «Ambos empresarios informaron por separado a nuestra revista que siempre soñaron con vivir en East Hampton y abrir un restaurante aquí. Pero parece que no juntos…».
—Sigue.
—Aparece una cita de David que dice: «Jamás cenaría en los restaurantes de Bom. Allí el glutamato monosódico se sirve como si fuera agua, y tengo una alergia severa a esa sustancia. Es una pena, la verdad. En mi opinión, ningún restaurador serio debería permitir el uso del GMS en su cocina…».
—Uff… —dije—. Sé que David puede llegar a ser muy retorcido, pero esa declaración es terrible. A lo mejor se fue de la lengua con el periodista. ¿Crees que sabía que publicarían su comentario?
—Sí que lo creo, querida. Tengo la impresión de que por aquella época ya presionaba para ganar la batalla que tuvo lugar después.
Aunque Bom tampoco se quedó corto… Mira lo que le dijo al periodista: «Es cierto que David es un triunfador.
Pero ¿qué vas a esperar de alguien que no hace más que promocionarse a sí mismo las veinticuatro horas del día?
¿Pesa más el envoltorio que la sustancia?
Hay quien lo llama el Príncipe del Autobombo. Y cuando el río suena…».
—Qué feo todo —murmuré— para ser tan «buenos vecinos».
—Estoy segura de que Bom y Marjorie leyeron este artículo, puesto que ambos aparecen en él. Eso significa que estaban al tanto de la alergia de David al GMS .
—Sin embargo, ninguno de los dos estuvo en la fiesta del Cuatro de Julio que celebró David —puntualicé—. Marjorie se quedó merodeando en los alrededores. Y a Bom no lo invitó.
—¿Qué me quieres decir con eso?
—David se quejó de migraña en su fiesta, ¿no te acuerdas? Por eso se retiró a su habitación antes de que empezaran los fuegos artificiales.
—Es cierto —dijo Madame—. Y parecía perplejo, porque estaba seguro de no haber ingerido nada que pudiera haberle provocado esa reacción.
—Pero alguien pudo haberle echado glutamato monosódico en la comida o en la bebida. El plan pudo haber sido tratar de apartarlo de la fiesta para dispararle cuando subiera a su habitación.
—¿Y quién pudo hacer semejante cosa?
—No lo sé.
—Es demasiado complejo, Clare. ¿Para qué tanto lío? Siento decirlo, pero tiene que haber formas más fáciles de matar a David Mintzer…
—Eso me temo…
—¡Clare! ¡Clare Cosi! —La voz siempre irritada de Jacques Papas gritó al otro lado de la puerta cerrada de la sala de descanso—. ¿Dónde está esta mujer?
Y la voz irlandesa y cantarina de Colleen O’Brien contestó:
—Creo que en la sala de descanso, señor Papas. Joy me ha dicho que estaba hablando por teléfono.
Antes de que me diera tiempo a levantarme del sofá, la puerta se abrió de golpe con tal fuerza que se estrelló contra la pared de detrás.
—¿Por qué está cerrada esta puerta?
Miré con calma al gerente.
—Estoy hablando por teléfono, Jacques.
—¿Con quién? —Entró como un rayo en la sala con la cara roja como un tomate.
—Es personal.
Se fijó en las fotos que estaban sobre la mesa de centro.
—¿Y eso qué es?
—Te llamo luego —le dije a Madame.
—Una última cosa, Clare. He preguntado por Graydon Faas, tal y como me pediste, y no tienes de qué preocuparte. La familia Faas es copropietaria de la empresa farmacéutica Taber-Faas. Son multimillonarios, querida.
—Vale, tengo que colgar —dije, y cerré el teléfono.
A decir verdad, me importaba un comino si los Faas eran multimillonarios o multibillonarios.
El hecho de que la familia de Graydon fuera rica no decía nada acerca del carácter del chico, ni tampoco explicaba por qué estaba trabajando durante el verano como camarero, un empleo modesto, en un restaurante de East Hampton.
Pero no tuve tiempo de tratar ese asunto con Madame, ya que tenía encima al zumbado de mi gerente en El Cafetín.
En ese momento, Papas manoseaba las fotos de Jim Rand. Despacio, me puse de pie.
—Jacques, lo que estoy haciendo no es asunto suyo.
Pareció entrarle por un oído y salirle por el otro. Siguió pasando fotos con total grosería.
—Estas fotos… son de la fiesta de David.
—Son asunto mío —dije por fin mientras las recogía.
Jacques entornó los ojillos negros y brillantes.
—¿Qué clase de asunto?
—Si quiere saberlo, estoy llevando a cabo una pequeña…, eh…, una pequeña investigación.
—¡Una investigación! —chilló Papas. Al principio pareció horrorizado y, después, preocupado—. Una investigación sobre… ¿Sobre qué, exactamente? ¿A qué se refiere?
—Están pasando algunas cosas un tanto sospechosas en torno a David, a eso me refiero. Como amiga suya, no pienso permitir que nadie le haga daño.
—No entiendo —balbució Papas—. Usted no es más que una barista con ínfulas. ¿Quién se cree?
—Baje el tono, Jacques. No hace falta insultar. Y, si no le importa, estoy en mi rato de descanso…
Papas se dio un golpecito en el reloj.
—Su rato de descanso terminó hace cinco minutos, señora Cosi. ¿Y sabe lo que creo?
—No, pero estoy segura de que me lo va a decir.
—Creo que tiene usted un problema de actitud, igual que lo tenía la chica esa, López. Pienso informar de ello a David Mintzer. Ahora, póngase en marcha. ¡El turno de la cena ya ha empezado y queda mucho por hacer!