Claire
¿Quién era ese Matías con el que acababa de pasar media hora? ¿Y el que había estado allí, en la entrada del hotel, el día anterior?
Aparte de lo que ya esperaba (alucinaciones inducidas por una conmoción cerebral u otra cosa causada por el trauma del accidente de Matías y el estrés que eso le había provocado), las búsquedas en internet fueron infructuosas:
Lo que estás viendo es un demonio con piel humana.
¿Estás tomando setas alucinógenas?
Las casas embrujadas a menudo usan proyectores para crear la imagen de un espíritu.
Después de la muerte de un ser querido, algunas personas afirman ver o sentir la presencia de un fantasma.
Luego estaban los diagnósticos pseudopsicológicos de dudosa veracidad:
Las alucinaciones pueden ser indicios tempranos de esquizofrenia.
Los amigos imaginarios a veces persisten hasta la edad adulta.
La visión del fantasma de una persona que sigue viva puede ser en realidad una proyección astral, una situación en la que el alma se separa del cuerpo durante períodos de tiempo indeterminados.
Un momento. Se detuvo en la última respuesta. ¿Una proyección astral? Pidió más información.
Las proyecciones astrales son poco frecuentes, pero pueden ocurrir cuando un sujeto sufre circunstancias físicas o médicas graves. El alma puede separarse en tales casos. Por ejemplo, hay relatos de personas que observan sus propias cirugías desde el mismo quirófano, como si fueran un tercero.
¿Es posible hablar con las proyecciones astrales?
Hay pocas pruebas de interacción entre las proyecciones astrales y las personas vivas. De hecho, las proyecciones astrales no son un fenómeno verificable.
—Acabas de decir que se han producido proyecciones astrales de verdad —protestó Claire con la mirada clavada en la pantalla del ordenador—. Y ¿ahora me dices que el fenómeno no es verificable?
Le hizo más preguntas al programa, tecleando con fuerza.
El chatbot parecía adaptarse a lo que ella quería oír.
Cuando insistía con curiosidad, le daba respuestas positivas sobre las proyecciones astrales.
Cuando expresaba escepticismo por algunas de sus respuestas, le daba respuestas que socavaban la existencia de las proyecciones astrales y de las personas que afirmaban haberlas experimentado.
En un arranque de frustración, escribió una última pregunta: «¿Quién tiene más conocimientos y experiencia en proyecciones astrales?».
Apareció una lista de médiums. Muchos supuestos médiums.
Y una académica: Margot Hong, profesora de fenómenos parapsicológicos de la Universidad de Stanford.
A pesar de haber visto una aparición, Claire era demasiado racional como para creer en médiums. Pero una profesora…
Cinco minutos después, había encontrado la información de contacto de la profesora y le había mandado un mensaje de correo electrónico con una breve explicación de que había visto el espíritu de Matías, junto con una solicitud de cita urgente a primera hora de la noche, siguiendo el horario de España, porque era por la mañana en Palo Alto, California, donde la mujer trabajaba.
—Buenos días —la saludó la profesora Hong, sonriéndole a la cámara.
Margot Hong tenía una cara que no transmitía la edad que tenía (lo mismo podría tener veinticinco años que cuarenta y cinco), aunque, a juzgar por el número de artículos que había publicado, debía de estar en el extremo superior de ese espectro—.
¿O debería decir buenas tardes, ya que está en Madrid?
Claire intentó devolverle la sonrisa, aunque tenía la sensación de que le hormigueaba la piel por los nervios.
—Encantada de conocerla, profesora Hong. Gracias por atender mi llamada con tan poca antelación.
—Sin problemas. Aunque debo confesar que también lo hago por curiosidad profesional.
—Gracias. Pues… no soy de creer en cosas como estas. A ver, que soy abogada. Lo mío son las investigaciones basadas en hechos y creencias racionales.
La profesora Hong asintió con la cabeza.
—No se preocupe. Soy científica. Yo también soy bastante inflexible con los hechos, aunque cuestiono la noción de lo que consideramos racional y lo que no.
En fin, me ha mandado un mensaje de correo electrónico con algunos detalles sobre su situación, pero ¿le importaría contarme todo lo que ha pasado desde el principio?
Claire jugueteó con el bolígrafo del hotel que había sobre la mesa. Había repasado una y otra vez lo que iba a decir mientras esperaba el momento de la cita, pero se le había olvidado todo, así que se vio obligada a improvisar. ¿Cuánto debía revelar? ¿Qué era suficiente y qué era superfluo?
«Deja de pensar como una abogada en una negociación», se ordenó. Eso no era como el trabajo, cuando a veces la estrategia la llevaba a ocultar cierta información. Si iba a hablar de la visión de Matías, bien podía contarlo todo.
—Mi novio, Matías, tuvo un accidente horrible con una lancha motora. Dos de sus amigos murieron, y otros dos amigos y él están en coma.
La profesora Hong soltó el aire.
—Siento oírlo.
Claire asintió con la cabeza.
—Ha sido espantoso. Matías tiene soporte vital y no está bien. Pero el asunto es… que lo he estado viendo. No en el hospital. Es que he visto una versión transparente de él, como un fantasma.
—Mmm. Cuénteme más cosas. ¿Dónde? ¿Cuándo?
—La primera vez fue aquí en el hotel. Estaba trabajando en el vestíbulo y vi un fogonazo cuando el sol se reflejó en una ventana, y luego lo vi allí, en la acera.
Salí corriendo y me vio, y hablamos, pero luego la luz lo atravesó, yo cedí al pánico y me desmayé.
La segunda vez ha sido hoy. Acababa de dejar su habitación del hospital.
Fui al parque en busca de aire y me lo encontré allí, justo detrás de mí en la cola de un quiosco de bebidas.
Acabamos dando un paseo y charlando un rato. Pero no creo que nadie más pueda verlo.
—¿Qué pasó cuando se despidieron? —quiso saber la profesora Hong. A esas alturas, se había inclinado hacia la pantalla.
—Volvió por donde habíamos venido —contestó Claire—. Y luego la luz incidió en él y desapareció. No como si lo hubiera perdido de vista. Es que se esfumó.
—Mmm —murmuró la profesora Hong—. Déjeme un momento, por favor. Desapareció de la pantalla y volvió con una varita de incienso encendida en una botellita de cristal. Acto seguido, cerró los ojos y tomó una honda bocanada, aspirando el humo.
Claire frunció el ceño. Eso era lo que habría esperado de una médium de internet, pero no de una académica respetada. ¿Se podía saber qué estaba pasando?
Sin embargo, la profesora Hong se quedó así sentada durante casi cinco minutos, inmóvil.
Claire jugueteó con el bolígrafo del hotel.
Luego comprobó varias veces que la conexión a internet seguía funcionando y que la pantalla no se había congelado.
Pero todo funcionaba bien; el incienso seguía balanceándose y su humo, fluyendo hacia la profesora en un flujo constante, aunque lánguido.
«¿Se supone que yo también tengo que hacer algo?», se preguntó. Cerrar los ojos y pensar en… ¿qué? ¿Se suponía que quizá tenía que concentrarse en Matías?
Justo cuando estaba a punto de intentarlo, la profesora Hong abrió los ojos.
—¿Ha tenido… mmm… una visión? —preguntó Claire.
La profesora sonrió.
—¡Ah, no era un trance ni nada sobrenatural! —Levantó la botellita con la varilla humeante—. Solo es aromaterapia con eucalipto. Tengo memoria fotográfica, pero a veces necesito un olor que me ayude a concentrarme mientras reviso los archivos mentales de todas las investigaciones que he realizado.
Claire no sabía qué decir. Se sintió estúpida por pensar que la profesora había entrado en algún tipo de estado hipnótico new age .
Y nunca había conocido a nadie con una memoria fotográfica de verdad.
Saber que la profesora Hong contaba con suficiente investigación sobre el tema como para tener que revisarla la ayudó a sentirse muchísimo mejor, pensando que tal vez lo de la visión de Matías era real y que no había perdido la cabeza.
—Creo que Matías te está buscando —dijo la profesora Hong, que pasó a tutearla.
Claire frunció el ceño.
—Pero estoy aquí mismo. Ayer fui al hospital directamente desde el aeropuerto y esta mañana he vuelto nada más despertarme.
—Sí, pero él te está buscando de otra manera. Lo que viste es lo que llamamos una proyección astral. Pero creo que ya estás familiarizada con el concepto, porque por eso has recurrido a mí, ¿no?
—Exacto.
—Matías está perdido —siguió la profesora Hong—. Su alma necesita algo en lo que centrarse, a lo que aferrarse, parecido a lo que yo hago con el olor a eucalipto, y creo que ese algo eres tú.
Claire meneó la cabeza.
—Pero por lo que he hablado con él, tanto ayer como hoy, esa versión de Matías es de hace un año. Ni siquiera me conoce todavía.
La profesora Hong volvió a cerrar los ojos, pero, en esa ocasión, no se sumergió en su archivo mental durante tanto tiempo. Un minuto después, los volvió a abrir y dijo:
—Esto es lo que sugieren las pruebas. El cuerpo físico de Matías está ahora mismo en Madrid, por lo que su alma también se encuentra allí.
Pero su alma también está perdida, atrapada en su propio subconsciente.
Para dar sentido a su estancia en Madrid, su alma se ha refugiado en los recuerdos de la última vez que estuvo en la ciudad, hace un año.
Pero un lugar no basta para anclar un alma a la realidad —añadió—.
Tú eres la conexión de su alma con este mundo y debes hacer que se quede.
Basándome en la investigación académica, así como en vuestra relación real, creo que debes asegurarte de que Matías se enamore de ti.
Claire frunció el ceño.
—Pero él ya está enamorado de mí.
La profesora negó con la cabeza.
—En su vida consciente, Matías está enamorado de ti. Pero ahora que está inconsciente, su alma está confundida. Esta versión de Matías no sabe nada del accidente y no se da cuenta de que está separado de su cuerpo. Y no te conoce , porque tú no formabas parte de su vida hace un año.
Claire hizo una mueca de dolor, aunque era cierto.
—En este momento —siguió la profesora Hong—, eres una desconocida para él, solo otra parte de este «mundo» que su alma ha construido para darle sentido a su entorno.
Pero también eres su ancla en el mundo real y la única forma de que regrese a él.
Si consigues que esta versión de Matías se enamore de ti, él se verá arrastrado de vuelta a su cuerpo, a la realidad, para poder estar contigo de verdad.
—Demasiada información que procesar.
—Lo sé.
—No estoy segura de creerla.
—También lo sé. Pero hay una razón por la que me mandaste ese mensaje de correo electrónico a mí, a una científica especializada en fenómenos parapsicológicos, en vez de enviárselo a un espiritista o a un médium, ¿verdad?
Está claro que ya has aceptado que has interactuado con algún tipo de visión de Matías.
Así que me mandaste ese mensaje porque si yo podía respaldar lo que has visto con pruebas de que esos fenómenos se han documentado con anterioridad, tendrías una base racional suficiente para seguir adelante. ¿Estoy en lo cierto?
—Sí… —confirmó Claire mientras asimilaba ese razonamiento.
—Bueno, tengo suficientes investigaciones para corroborar mi teoría. Y para decirte que no te estás imaginando cosas.
Claire se masajeó las sienes con gesto pensativo. Al cabo de unos instantes, meneó la cabeza y preguntó:
—¿Cómo consigo que un alma se enamore de mí?
—De la misma manera que os enamorasteis la primera vez.
La profesora Hong lo dijo como si nada, como si fuera fácil. Pero el primer encuentro de Claire y Matías había sido fortuito. Habían tenido un comienzo extraordinario y se habían dejado llevar por el impulso creado por sus circunstancias individuales.
Si ella tenía que recrear su relación desde cero, ¿funcionaría?
«Aburrida y poco interesante». Eso era lo que Glenn había dicho de ella.
Era metódica y de fiar, lo que la convertía en una buena abogada, pero no en la mujer más emocionante con la que salir.
Matías la quería, pero a veces ella no entendía el motivo.
Su agenda diaria estaba planificada al minuto (en incrementos facturables para la empresa), mientras que Matías seguía el ritmo que le marcaba el día, dispuesto a vivir una aventura o a dejarse llevar por la curiosidad en cualquier momento. Eran opuestos y…
«No sé si tengo lo que hay que tener».
—Debo advertirte —siguió la profesora Hong— de que las proyecciones astrales son muy frágiles. Las almas son seres etéreos, a veces asustadizos. Debes tener cuidado de no tocarlo, porque lo atravesarás.
—De acuerdo.
—Y, Claire, no le digas a Matías lo que está pasando con su cuerpo y el hospital, no hasta que esté preparado. ¿Lo entiendes?
Ella negó con la cabeza.
—¿Por qué no?
—El vínculo de su alma con la realidad es muy débil, y la revelación de que el alma no es Matías de verdad podría ser demasiado para él.
—De acuerdo… Pero ¿cómo sabré cuándo estará preparado?
—No lo sé —contestó la profesora Hong—. Quizá cuando se haya enamorado tan profundamente de ti que esté dispuesto a atravesar el fuego, o incluso otros planos existenciales, para estar contigo. Pero recuerda: tú eres lo único que mantiene su alma unida a la vida. Si esa conexión se rompe…
Claire contuvo un sollozo.
—¿Matías morirá?
—Detesto decirlo, pero sí —contestó la profesora Hong—. Perderás a Matías para siempre.