Un año atrás en España Claire #2
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Claire #2

—El equipo de Valencia logró detener la hemorragia interna durante la primera serie de operaciones —le explicó la doctora—. Pero el daño ya estaba hecho. El cuerpo de Matías está intentando curarse, pero no puedo garantizar que lo consiga ni que vaya a despertar.

Silencio.

Soledad se echó a llorar. Luis rodeó a su madre con los brazos.

Armando fue el único con la suficiente entereza como para hablar.

—¿Y su actividad cerebral? ¿No nos dijo en el pasillo que se había producido un pico?

—Sí —respondió la doctora Rodríguez—. Ayer, sobre las nueve y veinticinco hubo un aumento repentino en los signos vitales de Matías. La actividad cerebral, la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria aumentaron durante un breve período de tiempo.

Claire se enderezó en su silla. Eso fue más o menos a la hora de la puesta de sol.

Cuando vio el fantasma de Matías el día anterior.

—¿Cuánto duró el pico de actividad? —preguntó.

—Aproximadamente un minuto —respondió la doctora—. Luego, todo volvió a la normalidad.

«Un minuto» . Ese fue el tiempo que duró su conversación con Matías. ¿Podría estar relacionado de alguna manera el aumento en la actividad de sus signos vitales?

Sin embargo, acabó meneando la cabeza. Era solo una coincidencia que su alucinación se produjera al mismo tiempo que un repunte momentáneo en la frecuencia cardíaca de Matías.

«Vamos, Claire —se dijo—. Eres demasiado racional como para intentar establecer conexiones tan endebles como esa. ¡Por Dios, que eres abogada!».

La doctora Rodríguez comprobó todos los monitores conectados a Matías y revisó de nuevo las notas de su historial.

Se quedó y respondió a las preguntas de sus padres, aunque cambiaron al español porque desconocían la mayoría de los términos médicos en inglés.

Claire no los culpaba, por supuesto. Les estaba agradecida por haber hablado en inglés hasta ese momento.

Mientras hablaban, ella volvió a mirar la cabeza parcialmente afeitada de Matías, su rostro magullado y arañado. Ya se le notaba mucho la barba. Al cabo de unos días, ya la tendría muy crecida. Sus preciosos ojos permanecían cerrados.

El que tenía delante era su Matías y, al mismo tiempo, no lo era.

Buscó a tientas el diario que Luis había encontrado en la casa alquilada. Necesitaba conocer los pensamientos más recientes de Matías, las últimas cosas que había querido que ella supiera antes de ese terrible giro de los acontecimientos. Lo abrió por una de las pocas entradas que había.

10 de julio

Querida Claire:

No puedo evitar pensar en ti hoy, porque es el día que Romeo y Julieta se conocieron, por lo menos según esa novela que tanto te gusta.

¿Recuerdas que la segunda vez que quedamos me interrogaste sobre el tipo de libros que leía?

Todavía me hace gracia lo horrorizada que te quedaste cuando descubriste que, a veces, leo tres novelas diferentes a la vez y que doblo las esquinas de las páginas o dejo abiertos los libros sobre la mesa en vez de usar marcapáginas.

En fin, aquí tienes un dibujo del balcón de Julieta, para conmemorar el 10 de julio.

M

14 de julio

Querida Claire:

No me vas a acompañar a Madrid.

No te voy a mentir. Estoy decepcionado. Quería que conocieras a mi familia en persona, sobre todo a mi madre y a mi padre, a mi querida abuelita, a la mandona de mi hermana y a mi brillante hermanito.

Quería presentarte a mis mejores amigos, que crecieron conmigo en el mismo barrio.

Y, por supuesto, quería pedirte matrimonio.

Sin embargo, esto a lo mejor es el universo diciéndome que no estaba destinado a ser así, que tal vez haya algo mejor esperándonos.

Así que seré paciente. Porque creo que la espera vale la pena en nuestro caso.

M

17 de julio

Querida Claire:

Hoy es mi primer día completo en Madrid (ayer lo pasé casi todo en el avión, así que no cuenta) y ya te echo de menos.

Sin embargo, mi familia me ha rodeado, lo que ha sido una distracción bienvenida para no añorarte tanto, y mi madre y mi abuelita me han llenado de tanta comida que seguramente podría sobrevivir en hibernación durante todo el verano.

Aunque no hay tiempo para hibernar, porque mañana me voy a la playa con mis amigos para «La Aventura Loca». Así es como Carlos ha bautizado nuestro viaje de chicos, ja, ja.

¡Ojalá estuvieras aquí, churri !

M

20 de julio

Querida Claire:

Mañana, Carlos, Diego, Leo, Facu y yo vamos a navegar en una lancha motora. Creo que no te gustaría nada. Demasiado rápido, demasiado temerario sobre todo con la forma de conducir de Diego, pero será muy divertido.

Ayer fuimos a bucear por la noche. Todo estaba oscuro, Claire, más oscuro de lo que te puedas imaginar. Cuando estás a veinte metros de profundidad en el mar, es sorprendente que ni las luces de las calles ni las estrellas iluminen tu camino.

Solo contábamos con la débil luz de unas linternitas que nos permitían ver las langostas, los pulpos y otras criaturas marinas nocturnas que salían a toda velocidad de las rocas para nadar entre los corales.

¡Ojalá hubieras podido verlo! Hay todo un mundo diferente bajo la superficie, Claire.

Nosotros existimos arriba, a plena luz. Pero es como si ellos vivieran en una dimensión opuesta, debajo del agua, en la más absoluta oscuridad.

No pueden comprender nuestra existencia, y a nosotros nos cuesta entender la suya.

Ni siquiera tenemos las palabras adecuadas para describir cómo se mueven los pulpos. Son como el mercurio, líquidos, pero sólidos, cambiantes de un instante a otro.

En la vida he visto nada tan hermoso, salvo tú.

M