Un año atrás en España Claire #2
8%

Claire #2

—No. —Sin embargo, a esas alturas ella también intentaba no reírse, porque esa era su forma preferida de burlarse de ella, y aunque lo había practicado una y otra vez, seguía siendo incapaz de decir bien « guacamole ».

—¿ Por favor ?

—¡No puedo!

—Sí que puedes. Solo tienes que esforzarte con la «g».

Claire frunció el ceño, respiró hondo e hizo lo que pudo, aunque era consciente de que su pronunciación seguía siendo horrorosa.

—Ua-ca-mo-ley.

Matías la abrazó y la besó.

—Me encanta cuando hablas español. En cuanto lleguemos a Madrid, podrás practicar.

Claire torció el gesto. Meses antes, afirmó que iba a aprender español, pero después de un comienzo entusiasta, las cosas en el trabajo se complicaron mucho y, desde entonces, no había hecho muchos progresos.

Además, estaba a punto de decirle que no iba a acompañarlo.

Se dejó abrazar un momento más. Y luego llegó la hora de afrontar las consecuencias.

—Tengo malas noticias —dijo.

—¿Ah, sí? —Matías frunció el ceño, pero se apoyó en el alféizar de la ventana y le prestó toda su atención.

Siempre lo hacía. Dejaba el teléfono, la revista o el ukelele para escucharla cuando ella empezaba a hablar.

Le resultaba asombroso y, al mismo tiempo, exasperante que fuera tan increíble, porque ella nunca podía ser tan maravillosa a cambio. El listón a su lado estaba altísimo.

—No puedo ir contigo a España.

—¿Qué? —preguntó él con expresión consternada—. ¿Por qué?

—La fusión de la que estoy a cargo… está en un momento crucial y necesito estar aquí para gestionarla.

Lo siento mucho. Pero si lo consigo, me harán socia.

Sinceramente, todavía tengo que pellizcarme para creer que estoy dirigiendo este tema.

Es un acuerdo de mil millones de dólares para Intelligentsia Tech, y no puedo irme en medio de las negociaciones. Lo siento mucho, cariño.

—Pero lo habíamos planeado —replicó Matías.

—Lo sé —dijo ella—. Y pensé que el momento sería el adecuado, pero la empresa me necesita. Soy la pieza clave de toda la adquisición.

—Tenía muchas ganas de enseñarte dónde crecí —siguió él—. Y de que conocieras a mi familia.

—Ya he conocido a tu familia por videollamada, ¿no? —replicó ella, que intentaba mostrarse conciliadora.

—No es lo mismo.

Claire sabía lo importante que era la familia para Matías y lo mucho que deseaba que se conocieran en persona. Se apoyó en el alféizar de la ventana, a su lado.

—Me siento fatal por esto.

—¿Y si te vienes conmigo, pero reservamos tiempo para que trabajes a distancia?

Ella negó con la cabeza.

—No es el tipo de trabajo que puedo hacer bien sin estar en la misma oficina que mi equipo.

Matías tenía treinta y seis años y era un artista consumado, pero en ese momento parecía un niño que acababa de perder su juguete favorito.

—Oye… A ver, que quiero conocer a tu familia. Te prometo que iremos juntos a España en el futuro, ¿sí? —dijo Claire—. En esta ocasión, diviértete sin más. No has vuelto a casa desde que llegaste a Nueva York hace casi un año.

Matías miró hacia la cómoda, y Claire estaba bastante segura de que estaba pensando en la pedida de mano frustrada.

—Puedo quedarme contigo —replicó.

Claire se tensó por un segundo, pero insistió:

—No, no lo hagas, Matías. Son tus vacaciones de verano.

Las clases no empezarán hasta agosto y no tienes programada ninguna exposición en la galería hasta otoño.

Deberías ir a España y hacer todas las cosas que a mí no me apetecería hacer.

¡Ah! ¿Qué hay de ese viaje que querían hacer Diego, Carlos, Facu y Leo?

Matías ladeó la cabeza mientras se lo pensaba.

Sus amigos de la infancia le habían propuesto una semana de motos acuáticas, paracaidismo y todo tipo de actividades arriesgadas al aire libre que hacían que Claire quisiera esconderse debajo de una mesa con solo pensarlo.

Había rechazado los planes de sus amigos porque ella se negaba a acompañarlo, pero si no iba, ya no era necesario que se reprimiera.

— Sería muy divertido —dijo.

Claire le apoyó la cabeza en el torso.

—Te agradezco que comprendas mi trabajo. Y cuando vuelvas y mi fusión esté terminada, te prometo que dedicaré tiempo solo para nosotros. Haremos algún tipo de escapada romántica, aunque solo sea de un fin de semana.

Casi podía ver los pensamientos que se agolpaban detrás de esos ojos de color miel, descartando un lugar para la proposición en favor de otro todavía por determinar. Que así fuera. Quizá para entonces ella ya habría decidido qué hacer.

Aunque sí que tenía una cosa clara.

—Voy a echarte mucho de menos —dijo al tiempo que levantaba la mirada y apartaba la cabeza de su torso. Siempre se sentía segura allí, acurrucada contra él, un cálido respiro temporal de cualquier otra cosa que estuviera sucediendo a su alrededor.

Él se quedó callado un segundo y luego replicó:

—Creo que tengo una solución para eso.

La llevó hasta el borde de la cama y la dejó allí. Sin embargo, en vez de hacerle el amor, que era lo que ella pensaba que pretendía, Matías le tomó la mano izquierda y se la abrió. Se la llevó a la boca y le dio un beso prolongado en la palma, tras lo cual le cerró los dedos.

—Este beso es para que lo guardes hasta que vuelva a casa —le explicó—. Para que puedas llevarme contigo mientras estoy fuera. Si me echas mucho de menos, solo tienes que presionar los labios contra la palma e imaginar que tu beso se encuentra con el mío, y estaré aquí contigo.

—Eres muy romántico —dijo Claire. Sin embargo, se miró la mano y mantuvo el puño bien apretado, conservando a salvo el beso que él le había dejado.