Un amor secreto (Las Hermanas del Conde 2) Capítulo tres #3
18%

Capítulo tres #3

Se produjo un revuelo cuando varias personas salieron por una de las puertas del palacio, y él se volvió a mirar.

Parecía que una dama se había desmayado durante su presentación.

Apenas podía culparla, pues semejante trance debía de ser extraordinariamente penoso.

En realidad, él mismo se sentía bastante nervioso.

Vagamente advirtió que el vestido de la dama era color ciruela, y hasta él sabía que cualquier color distinto del blanco indicaba a una mujer casada y no a una doncella.

Ese detalle insólito atrajo su atención, pues una mujer casada debía de tener más experiencia del mundo y no solía ser víctima de una crisis nerviosa.

Un caballero de rostro contraído la llevaba en brazos escaleras abajo, y detrás de él venía otro rostro angustiado que hizo que Felix diera involuntariamente un paso hacia delante.

Las pequeñas plumas del tocado de lady Sophia se agitaban con la brisa mientras ella se acercaba al caballero y miraba alrededor.

Parecía buscar su carruaje, aunque no había muchos en el patio en ese momento.

Sus ojos se posaron en Felix y, para sorpresa suya, se apresuró a reunirse con él, estorbada en parte por la amplitud de su falda. Él fue rápidamente a su encuentro.

—Señor Harwood, ¿seríais tan amable de conseguirnos un carruaje? Mi hermana se ha desmayado y debemos llevarla a casa —su voz sonaba jadeante, pero no había debilidad alguna en su tono.

La súplica de sus ojos y sus palabras tocaron una fibra sensible en él, y Felix se inclinó.

—En seguida, milady.

Lástima que ya hubiera despedido el carruaje de alquiler con instrucciones al cochero de volver a una hora determinada.

No perdió tiempo en salir de Friary Court y apresurarse por Marlborough Road hasta llegar a Pall Mall Street.

Aquel era el lugar más probable para encontrar un coche de alquiler.

Le llevó un tiempo desesperante cumplir con su propósito, pero al fin consiguió detener uno y llamó al cochero.

—A Friary Court.

El cochero frunció el ceño y puso a prueba la paciencia de Felix tomándose su tiempo para responder.

—No creo que me dejen entrar.

Felix hizo un gesto impaciente con la mano.

—Tengo autorización oficial para estar allí, y me aseguraré de que lo dejen pasar. Debemos apresurarnos. Una dama se encuentra indispuesta.

Cuando llegaron a la entrada de Friary Court, los guardias bloquearon el paso al cochero. Felix lo había previsto y bajó del carruaje.

—Perdonad este modo poco habitual de transporte. He alquilado un coche para atender a una dama que se ha desmayado tras su presentación.

Los guardias echaron una mirada a su traje de corte y a su espada, y se apartaron. Felix indicó al cochero que entrara en el patio y aguardara, luego avanzó un par de pasos y se detuvo.

Junto al muro del palacio esperaba un carruaje con escudo, y el mismo caballero de antes estaba acomodando en su interior a la desmayada.

Lady Sophia, más animada de lo que él la había visto nunca, se inclinó hacia el coche para decir algo a su hermana antes de rodearlo para dar instrucciones al cochero y al lacayo.

El caballero subió al carruaje, y ella se apresuró a entrar tras él.

Cerraron la portezuela, y el coche resonó sobre los adoquines antes de salir del patio.

Felix se volvió hacia el cochero del carruaje de alquiler, que le dirigió una mirada cargada de significado antes de escupir un chorro de tabaco.

—Entonces no hace falta, ¿eso es lo que entiendo?

—Me temo que no —dijo Felix con una sonrisa resignada—. Aquí hay una moneda por la molestia.

Se apartó mientras el cochero hacía girar el coche y salía del patio.

Los pensamientos de Felix estaban puestos en la expresión de lady Sophia, tan llena de preocupación y de vida…

tan distinta de su habitual apariencia de tímida reserva o fría indiferencia.

Evidentemente había mucho más en ella de lo que mostraba al mundo, y a él no le importaría descubrir algo de ello.

—Harwood, ahí está. No convendría llegar tarde a la levée del rey.

Felix sonrió al almirante Mowbray y le explicó el motivo de su demora.

Ambos se volvieron y echaron a andar hacia los apartamentos de Estado, comentando las probabilidades de que Grenville lograra efectuar un verdadero cambio.

Sin embargo, por una vez, al hablar de política la mente de Felix no estaba del todo presente.

En medio de toda la preocupación de lady Sophia, no había podido evitar notar que ella había acudido a él en busca de ayuda sin reserva alguna.

¿Se la habría pedido a cualquiera? ¿O era que confiaba en él?

—¿Señor Harwood?

—¿Perdón? —preguntó Felix, dándose cuenta de que se había distraído. El almirante repitió su pregunta acerca de si sabía cómo debía conducirse dentro del palacio.

—Desde luego. Me he instruido acerca del protocolo debido. No tiene por qué preocuparse por eso.

—Excelente. Subamos, pues —el almirante Mowbray se encaminó hacia la misma puerta por la que lady Sophia había salido un cuarto de hora antes.

Felix se preguntó fugazmente si debería hacer una visita a lady Sophia para averiguar cómo seguía su hermana, pero no tardó en desechar la idea.

El hecho de pedir ayuda a alguien no equivalía a invitar a un grado tal de intimidad como sería una visita no anunciada.

Tal vez, si la fortuna le sonreía, volvería a encontrarse con lady Sophia en alguna reunión social cercana donde pudiera interesarse por la salud de su hermana…

y no verse obligado a esperar hasta que media temporada hubiera transcurrido antes de volver a verla.