Un amor inventado 21. LEJOS, OTRA VEZ
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21. LEJOS, OTRA VEZ

LEJOS, OTRA VEZ

Ronan

El despertador sonaba en algún lugar, y su runrún se convirtió en dos placas tectónicas presionando a cada lado de mi cerebro.

Abrí un ojo, luego el otro, y la vida se me tiró encima sin aviso previo.

Estaba destrozado. Mi cuerpo era un recipiente magullado que no obedecía a las órdenes que le mandaba mi cabeza.

Estar inmerso en el proceso de llevar a cabo tu primera película, donde también eras el productor ejecutivo y el máximo responsable, era precioso.

La experiencia más hermosa de toda mi vida.

Pero también había sido un viaje agotador, un dolor de muelas constante y una pérdida de control absoluta.

Un paseíto de unos veintiséis días por el mismísimo centro del infierno.

Ahora que había acabado, solo era un ente ineficiente postrado en la cama.

La fiesta había durado hasta altas horas de la madrugada y mi batería social se había agotado hasta decir basta.

Ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta mi puerta, ni cómo había conseguido introducir la llave en la cerradura.

Pero lo había hecho. Y, por lo visto, ni siquiera me había parado a ponerme el pijama, sino que me había desnudado por completo y había caído como un peso muerto sobre las sábanas.

Cuando la cabeza empezó a aclarárseme, un solo pensamiento, claro y centelleante, atravesó mi mente.

Delilah.

Joder.

¿Qué hora era?

Salté de la cama como si me hubieran quemado el culo y alcancé el pantalón que estaba tirado por el suelo.

Lo primero que hice tras enfundármelo en un tiempo récord fue dirigirme hacia su habitación.

El colchón estaba al descubierto, sin las sábanas, y una de las ventanas se encontraba abierta de par en par.

El sillón que ella había conquistado semanas atrás se encontraba vacío.

El pulso se me aceleró y enfilé el pasillo apresurándome para llegar al salón.

—¡¿Delilah?! —la llamé elevando la voz y posando la mirada primero en la cocina y luego en los sofás—. ¡¿Del?!

La cabeza me dolía una puñetera barbaridad mientras me preguntaba si ella había sido capaz de irse sin despedirse por segunda vez en nuestra historia.

Giré la cabeza y algo blanco me llamó la atención.

Había un papel pegado en el borde de la televisión y el estómago me rugió anticipando que pronto conocería la respuesta a mi pregunta y que, quizá, esa respuesta no me iba a gustar una mierda.

Me acerqué a paso lento, retrasando algo que tenía miedo de experimentar.

Al final, alargué la mano y arranqué el papel.

Estaba doblado en tres y, cuando lo desenvolví, la elegante letra de la actriz protagonista de mi película apareció ante mis ojos.

Querido Ronan:

Ayer te oí llegar tarde y hoy no he querido despertarte antes de irme.

Pero no quería marcharme sin despedirme, como esa vez al final del rodaje de Heights .

Me gustaría pedirte perdón por eso, porque por aquella época estaba atravesando un momento demasiado raro en mi vida y no me porté bien contigo.

Pero ahora... ahora quiero darte las gracias por ofrecerme esta oportunidad tan bonita.

Y también quiero que sepas que me has cuidado como nadie, que me he sentido como en casa en tu apartamento, en esa habitación donde seguramente le haya abierto un boquete con el trasero a ese sillón rojo tuyo. Gracias, Ronan. Por todo.

Sobre la conversación de ayer... Yo también pienso que somos la persona del otro. Algo así como una mezcla extraña entre un alma gemela y una némesis. No sé si existirá alguna palabra para definir eso... «Delan», ¿quizá?

Hablamos pronto. Te llamaré en cuanto baje del avión. Mantenme informada de los avances de la película, por favor, y mucho ánimo para lo que viene ahora. ¡No te olvides de disfrutar por el camino!

P. D. Gracias por las películas.

Se despide, tu Cathy

Joder. El corazón dolorido se retorció entre mis costillas.

Ella.

Yo.

Delan .

¿Cómo podías vivir habiendo dejado escapar al amor de tu vida?