Un amor inventado 6. UN PUB EN DUBLÍN
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6. UN PUB EN DUBLÍN

UN PUB EN DUBLÍN

Delilah

El bar donde trabajaba Finn era un antro irlandés de los de toda la vida.

Un pub con paredes revestidas de madera, cuadros con fotografías antiguas del barrio donde se encontraba el local y robustos taburetes de madera con cojines tapizados en cuero rojo.

Pero todo estaba nuevo y reluciente. Y en el ambiente se mezclaba la música folk que sonaba por los altavoces con las conversaciones de la gente reunida en ese rincón de Dublín.

Cuando encontré a Ronan al fondo del recinto, sentado a la barra, me quedó claro que Jane finalmente me había hecho caso y no le había informado de mis planes.

La palidez de su semblante fue un claro termómetro para medir su cara de desconcierto.

Pero entonces me sonrió. Con todo su magnetismo.

Y los nervios que me habían acompañado desde que me había bajado del avión desaparecieron sin más.

Ahora estábamos sentados en una de las mesas de una sala interior que se había añadido al local por si alguien buscaba intimidad para charlar.

Al menos eso era lo que me había contado Erin, la gerente del lugar, que se había presentado con una amabilidad mayúscula y con una frase que en ella me había sonado sincera y determinante: «Ronan me ha hablado mucho de ti.

Cosas buenas. Increíbles». Y yo le había sonreído mientras la seguía y sentía a Ronan caminando a mi espalda.

—¿Qué vas a tomar, cariño? —me preguntó la mujer sosteniendo la libreta en una mano y el bolígrafo en la otra.

—¿Whisky irlandés? —sugerí.

Ella alzó una ceja y luego su sonrisa me iluminó.

—Estoy orgullosa de ti —dijo con efusividad—. Para ti lo mismo, ¿no?

Ronan la miró y asintió a la vez que tomaba asiento frente a mí.

Había llegado la hora de afrontarlo y, a pesar de que había comprobado que aún era una experta en manejar la incomodidad y la inquietud, quizá él seguía leyéndome por dentro.

Lo observé unos segundos mientras me quitaba el gorro y lo dejaba sobre la mesa.

Ronan tenía el pelo despeinado, los pómulos más delgados y los hombros más anchos.

Y, si yo aún lo leía a la perfección, como hacía tres años y algo más, estaba a punto de hablar.

—¿Qué haces aquí, Del? ¿Ha pasado algo? —quiso saber penetrándome con la mirada.

Aquello no parecía muy alentador.

—¿Es que no te alegras de verme?

Entonces sonrió despegando un poco los labios y yo me permití mirarle esa separación entre los dientes que una vez había sido mía.

—No es eso. Pero estás aquí dos semanas antes de que empecemos a rodar y... ¿es que hay algún problema?

La mueca de preocupación que esbozó me hizo reparar también en las sombras grises bajo sus ojos. Jane ya me había comentado que Ronan estaba estresado, preocupado y con un grado de exigencia que llegaba a la estratosfera...

—No ha pasado nada —dije para que pudiera relajarse—. Simplemente recuerdo que a ti siempre te gustaba ir más allá del texto. Repetías todo el rato que eso era el cine... Ir más allá de las palabras. Colarse dentro. Acampar sobre el corazón.

Se mordió el labio inferior posando su atención en mis ojos.

—No tienes que modificar nada de tu metodología. Ya es perfecta. Y no estás acostumbrada a trabajar así —replicó con seriedad.

—Quiero hacerlo. Esto es algo diferente, algo que no he hecho nunca. Mi instinto me lo pide.

En ese momento, Erin apareció con las bebidas sobre una bandeja y nos quedamos en silencio. Depositó un grueso vaso de cristal delante de cada uno y nos sirvió una copa.

—No os interrumpo más. —Su mirada bailó entre nuestros gestos serios—. Si me necesitáis, solo alzad la voz.

La mujer se marchó con cierta premura y yo acaricié el borde del cristal antes de tomarme un trago.

—Ya sé que es diferente... —comenzó a hablar él con voz firme—.

Empezando por la producción... Sé que no es una película de un gran estudio, gigante y rompedora.

Te prometo que he hecho todo lo que he podido, pero algunas productoras se han terminado echando para atrás.

Todo lo que te concierne a ti estará a la altura.

Te lo juro. Y tienes poder de decisión, ¿vale?

El mismo que el mío. No sé si encajarás en algo así, tan alternativo, tan alejado de lo clásico de este arte, pero que sepas que me voy a dejar la piel para que así sea...

No sé si podré darte alguna indicación en cuanto a la actuación...

—Tú eres el director.

—Y tú vas a ser el rostro de mi primera película. Y eres la jodida Delilah Williams regresando después de tanto tiempo...

El marcado ritmo de la respiración de Ronan me indicó que estaba alterado, y dejó constancia de ello cuando alcanzó su vaso y vació todo el contenido en su estómago de un trago.

Comprendía la presión a la que estaba sometido, sí.

Pero no quería ser una carga. No tenía que preocuparse por mí y necesitaba que lo supiera.

—Ronan.

Él tenía la mirada gacha sobre sus manos, dos uñas se rozaban con fuerza.

—Ronan —lo volví a llamar.

—¿Qué?

—Quiero hacer esta película porque Mona es el mejor personaje que he leído jamás. —Sus ojos se entrecerraron ocultando su brillo—. Confío en este proyecto, confío en esta historia y confío en tu talento.

Estaba segura de que, si remábamos en la misma dirección, todo saldría bien.

No tenía ningún atisbo de duda, menos aún después de que Jane me hubiera ido mandando los avances del proyecto y todas las cuestiones más técnicas.

Porque en el fondo... yo quería estar implicada en él. Por mí. Pero también por Ronan.

—Gracias, Del... —Resopló enterrándose las manos en el pelo—. Voy a dejarme el puto corazón. Lo sabes, ¿verdad?

Percibí en él el temor a defraudar, pero también el amor que seguía sintiendo por el cine.

—Lo sé. Solo necesito pedirte una cosa, Ronan.

—Lo que sea. —Ronan se echó hacia delante, cuadrando los hombros y apoyando los antebrazos en la mesa—. Lo que sea, Del.

—¿Puedo quedarme en vuestro apartamento en vez de en ese hotel...?

El ceño se le arrugó y el autocontrol de mi fachada titiló, y de pronto solo fui una chica que echaba de menos al chico que estaba sentado delante de ella. Que tenía su aroma pegado en la memoria, su sabor en la sangre y sus manos grabadas por toda la piel. Torcí la boca antes de añadir:

—Es que creo que la mejor manera de prepararme el personaje es haciendo una vida completa aquí, ¿sabes?

Quiero conocer la ciudad, empaparme de sus costumbres, mezclarme con su gente, practicar el acento...

—Ronan me miraba muy atento—. Además, tampoco sé si quiero pasar tanto tiempo en un hotel.

Ya me he acostumbrado a la vida en la granja y...

—Por supuesto, Del —me interrumpió él—. Es solo que ya no vivo en ese apartamento.

Ahora Finn vive solo, y el muy imbécil no me paga el alquiler.

—Se le escapó una pequeña sonrisa que me hizo saber que bromeaba—.

Compré nuestro apartamento, que está a tres pasos de aquí, y luego me compré uno más grande en el centro de Dublín.

Me reí y el ambiente se relajó entre nosotros. Lo cierto era que tampoco quería quedarme en ese hotel de cinco estrellas porque prefería que ese dinero fuera destinado a otras partidas de la producción o a los contratiempos que seguro que surgirían. Aunque no le iba a confesar aquello a Ronan.

—Pero puedo llevarte al apartamento donde vivo ahora. Tengo tres habitaciones de invitados y te aseguro que te sentirás cómoda allí —me ofreció—. ¿Te parece bien?

Solo pude asentir antes de volver a tomar otro trago de aquel whisky irlandés.