2. LA CARTA
LA CARTA
Delilah
Los últimos coletazos del crepúsculo me acompañaron cuando el coche enfiló el camino de entrada a la granja.
El viaje desde Nueva York apenas había durado cuatro horas, pero últimamente salir del ritmo al que estaba acostumbrada me dejaba exhausta.
Tenía tantas ganas de llegar a casa que cuando me bajé del vehículo ni siquiera recogí el equipaje.
Caminé los últimos metros hasta que llegué a la puerta, saqué la llave y abrí.
El corazón se me aceleró cuando percibí el calor que emanaba de una chimenea encendida que calentaba la casa.
Dolores sabía a qué hora volvería y había tenido el detalle de encargarse de que no me congelara cuando llegara.
Alcé el brazo para encender el interruptor y, cuando la luz prendió, se iluminó la que era mi morada.
Todo estaba recogido. La cocina, limpia.
Y, en una esquina de la encimera, observé una fuente alta con tapa de cristal que contenía un bizcocho.
Después de descubrir mi reciente afición a los bizcochos de naranja, Dolores siempre los cocinaba cuando tenía un poco de tiempo.
Así que supuse que esos días en los que yo no había estado por casa ella habría encontrado un hueco para la repostería.
O tal vez me echaba de menos y quería obsequiarme con ese dulce para que sintiera un abrazo cálido a mi regreso.
Las paredes encerraban olor a madera, a comida casera y a azúcar quemado, un aroma que ya identificaba como mío.
Eché un vistazo a la sala de los sofás, con los cojines perfectamente colocados en su lugar, y me imaginé ahí un rato más tarde, tumbada con un libro entre las manos, después de asearme y ponerme el pijama.
Cuando comencé a atravesar la estancia en dirección a las escaleras, algo me detuvo.
Encima de la mesa del comedor había un paquete perfectamente envuelto en papel de estraza.
Lo primero que vi fue el bloc de notas que compartíamos Dolores y yo abierto a un lado.
Me acerqué y leí lo que ella había escrito en él: «Lo trajeron ayer, y dijeron que era importante».
Posé de nuevo la mirada sobre aquella caja.
¿Sería un regalo de Navidad? Pero... ¿de quién?
La curiosidad me llevó a coger el paquete y estudiarlo con detenimiento.
Al parparlo, percibí algo rugoso en un lateral y, al darle la vuelta, descubrí un sobre cerrado con un sello de cera de color dorado.
En él se reflejaba el dibujo de una rama de olivo.
No tenía ni idea de cómo lo supe, quizá por cómo me empezó a retumbar el corazón detrás de las costillas.
Era solo una corazonada, pero en lo relacionado con el instinto, él y yo éramos dos maestros.
Rompí el papel con cierta desesperación y, un segundo después, ya estaba leyendo la carta que contenía.
Querida Delilah:
He empezado esta carta como unas veinte veces, pero esta es la definitiva. Sé que hace mucho que no hablamos, que no quieres saber nada de mí, que probablemente ni siquiera sigas leyendo a partir de aquí. Pero también sé que, al igual que a mí, te apasiona escuchar.
Te escribo para hacerte una propuesta importante.
Quizá la más importante de mi vida. En los últimos meses he estado inmerso en la escritura de un guion que me gustaría llevar a la pantalla.
Es un proyecto pequeño, con productoras independientes asociadas y conmigo mismo como productor ejecutivo.
Parte de la esencia de la historia nació en esas libretas que tanta curiosidad te provocaban.
Es una historia sobre mi madre, sobre su camino a la adicción y lo difícil que fue enfrentar la educación de un hijo pequeño sin ayuda.
Es algo personal, y seguramente lo más trascendental que voy a hacer nunca...
Ahora siento que estoy divagando. Disculpa.
Iré al grano, Del. Nada desearía más que el hecho de que tú fueras la protagonista de esta película.
En realidad, no la haré si no estás en ella.
No quiero que te sientas presionada, pero es la realidad.
Eres la mejor actriz que conozco. Sé que te alejaste de la actuación...
Pero también estoy seguro de que a este proyecto le falta tu inmenso talento, y no pierdo nada por intentarlo. Quizá te replantees volver.
Me gustaría que leyeras el guion. Recuerdo que para ti eso siempre fue lo más importante. Te juro que no te aburro más. Me quedo a la espera de tu respuesta con una emoción que hacía tiempo no experimentaba.
Confío en que estés bien, Del. Saluda a Hepburn de mi parte.
P. D. ¡Felices fiestas!
P .D. 2. Lo siento, otra vez. Ya sabes por qué.
Se despide,
Tu Heathcliff
Me había olvidado de respirar. Y, cuando volví a la realidad, a mi casa en la penumbra, al último tronco consumiéndose en la chimenea, sentí un leve mareo que me llevó a sentarme en una silla.
Me coloqué una mano en la frente y suspiré.
¿Por qué me latía de ese modo el corazón?
Era un pájaro que había vivido enjaulado, apacible, pero que ahora empujaba con fuerza contra las rejas.
Plaf. Un golpe. Plaf. Otro golpe. Ahí estaba la prueba de que ese órgano, al igual que el pájaro, quería ser libre para vivir.
Para sentir y experimentar. Para emocionarse.
Para moverse por puro instinto. Y yo solo quería preguntarle: «Corazón, ¿a quién lates? ».
En medio de aquella vorágine de sensaciones que se despertaban con un grito de guerra, agarré el paquete y me levanté para dirigirme a la cocina sin querer reparar en aquella caja.
La guardé en el primer cajón que abrí. Era en el que guardábamos los manteles, las servilletas y algunas manoplas de horno.
Cerré con un golpetazo que reverberó en las ventanas y rápidamente hurgué en mi bolso hasta que encontré el móvil.
Me senté con los pies temblorosos en uno de los taburetes altos.
Yo sabía que Ronan estaba bien, que había logrado mucho más de lo que se había propuesto, que tal y como yo había predicho al principio, se había convertido en una estrella dispuesta a brillar para siempre.
Entonces, ¿por qué esa carta había borrado de un plumazo el tiempo en el que él y yo nos habíamos distanciado?
Deslicé mis dedos por la pantalla y abrí la aplicación de mi correo electrónico.
De: Delilah Williams ([email protected])
Para: Ronan O’Connell ([email protected])
Enviado el: 26 de diciembre, 20:07
Asunto: He recibido tu carta
La respuesta es NO. Gracias por tu propuesta, Ronan. Espero que cumplas el sueño de hacer tu película, pero yo no voy a formar parte de ella.
P. D. Felices fiestas para ti también.
Delilah
De: Ronan O’Connell ([email protected])
Para: Delilah Williams ([email protected])
Enviado el: 26 de diciembre, 20:21
Asunto: RE: He recibido tu carta
Del, no sabes cuánto me alegra tener noticias tuyas. Para mí, es todo un logro leerte de nuevo por aquí, dadas las circunstancias.
Solo una pregunta: ¿has leído el guion?
De: Delilah Williams ([email protected])
Para: Ronan O’Connell ([email protected])
Enviado el: 26 de diciembre, 20:49
Asunto: RE: RE: He recibido tu carta
No.
De: Ronan O’Connell ([email protected])
Para: Delilah Williams ([email protected])
Enviado el: 26 de diciembre, 20:54
Asunto: RE: RE: RE: He recibido tu carta
Lo imaginaba. Solo te pido (de rodillas, además) que leas el guion.