Un amor inventado 31. TODO ERA TAN AZUL
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31. TODO ERA TAN AZUL

TODO ERA TAN AZUL

Delilah

La noche siguiente estaba tumbada en la cama de Ronan vestida solamente con el albornoz blanco del hotel.

Me había duchado justo antes de que él me invitara a su habitación para ver la película que ahora estaba terminando.

Lost in Translation , o lo que era lo mismo, la historia que había dirigido Sofia Coppola sobre la soledad, la identidad y el color azul.

Recuerdo que me sentí terriblemente identificada con esa chica perdida en medio de tanta gente, a pesar de lo diferentes que eran nuestras vidas.

¿Quién no había sido alguien en busca de sentido alguna vez?

Yo lo era.

Mientras observaba los últimos planos de Tokio acompañados por Just Like Honey , percibí su calidez a mi lado.

El calor que emanaba del cuerpo de Ronan ya formaba parte de mí.

Su cercanía me encandilaba y acompañarnos el uno al otro mientras íbamos tachando títulos de su lista de películas era todo lo que nunca pensé que necesitaba.

La pantalla se fundió a negro y la habitación se sumió en una penumbra de luces azuladas que traspasaban los ventanales.

—Sabes que la película está rodada en este hotel, ¿verdad?

—Sí. Me he dado cuenta. La habitación de Charlotte se parece sospechosamente a la mía —respondí llevándome la palma de la mano a escasos centímetros de mis ojos para examinarla—. Quizá es la misma.

—Es una de las películas más especiales que he visto —confesó Ronan a la vez que se movía y se colocaba de perfil para observarme—. ¿Qué te ha parecido?

—Creo que estoy igual de perdida que ella. Y que él.

Observé las líneas dibujadas en la palma de mi mano, cómo se entrelazaban entre ellas, cómo marcaban distintos caminos sobre mi piel.

—Del...

—Lo digo en serio. No tengo ni idea de quién soy, a pesar de que mi vida es envidiable.

—Todos nos sentimos así alguna vez.

—Creo que no quiero volver a actuar.

Mis puertas se abrieron de par en par. Ahí estaba. Aquel pensamiento enquistado y oculto tan dentro de mí. Después de que las palabras resonaran en la habitación, nos habíamos quedado envueltos en un majestuoso silencio.

—¿No dices nada?

—¿Sinceramente...? No creo que haya algo mejor en el mundo que verte actuar —manifestó Ronan mientras deslizaba la cabeza por su almohada—.

Pero será la decisión correcta si la decides tomar.

Es tu trabajo, sí. Es mucho lo que has logrado todos estos años, sí.

Pero también es tu vida. Sobre todo, es tu vida.

Y si sientes que tienes que apartarte es porque debe ser así.

Los ojos se me empañaron de unas lágrimas a las que no di rienda suelta.

La mano grande y tibia de él se posó sobre mi estómago.

Lo acarició, dándome a entender que me había escuchado, que me había comprendido.

Que me apoyaba. Y simplemente sentí un impulso.

Apresé esa misma mano y la llevé también ante mis ojos.

Sus líneas estaban más marcadas sobre la piel gruesa que las mías.

Comencé a besarlas y noté cómo el colchón se movía a mi lado, aunque no sentí su cuerpo junto al mío.

—Te deseo, Ronan. Eso sí que lo sé.

Él emitió un gruñido bajo.

—Del..., si volvemos a cruzar la línea, todo va a cambiar. Las cosas se complicarán. Y no quiero que nos hagamos eso.

—No quieres arriesgarte. No quieres seguir tu instinto ahora...

—No es eso —protestó—. La última vez me quedé jodido. —Lo observé sin entender—. Cuando nos liamos al final del rodaje, sentí tanto que ni siquiera pegué ojo esa noche. Al día siguiente fui a buscarte y te habías ido. Después de todo lo que habíamos compartido, te marchaste sin más...

—Vale. Lo siento, otra vez —me disculpé levantándome de la cama para alejarme de su rechazo—. Mejor me marcho.

No le di tiempo a ninguna réplica, porque prácticamente corrí hacia la puerta.