15. ESCURRIR ESPAGUETIS EN UNA RAQUETA
ESCURRIR ESPAGUETIS EN UNA RAQUETA
Delilah
Llamé a la puerta de la habitación de Ronan mientras abrazaba el guion contra mi pecho.
Detrás de la hoja de madera que tenía frente a mí, no se oía nada.
Hasta que el pomo giró y las bisagras chirriaron cuando abrió.
Ronan me dio la bienvenida con el pelo mojado y un aroma jabón que evidenciaba que acababa de salir de la ducha.
—Ey. Ya he leído eso.
Mi compañero de reparto despegó los labios en señal de sorpresa, dejando al descubierto esa separación en sus dientes.
—Pasa, por favor, Delilah —me pidió.
Cuando la puerta se abrió del todo, me adentré en su morada.
Su suite era un poco más pequeña que la mía, pero de todos modos gigantesca.
El pavimento de mármol antiguo era la antesala a una estancia con las lámparas auxiliares encendidas que resultaba agradable y cálida.
En un extremo, había un escritorio con libretas abiertas y papeles esparcidos.
Las gafas de lectura de Ronan brillaban bajo el flexo encendido.
Recorrí con la mirada el fondo de la habitación, donde me encontré con un gran balcón abierto y una cama con las sábanas deshechas.
Sobre ellas, había un libro con el lomo desgastado.
De repente quise ser breve con lo que iba a decirle porque era evidente que estaba ocupado.
Me quedé de pie plantada frente a él, que iba vestido con una camiseta blanca y unos pantalones cortos.
—Bueno —empecé—, si aún quieres mi consejo...
Él se rio y yo no supe por qué, pero su rostro se iluminó y fui consciente del verano y de lo calientes que notaba las plantas de los pies contra el mármol siempre frío.
—Claro que quiero tu consejo, joder —confesó él con ojos conciliadores.
—Vale. Lo voy a decir sin rodeos. Creo que tienes que escoger este proyecto e interpretar a Carter —comenté al tiempo que levantaba el guion y lo dejaba en el escritorio.
—¿Y no es un poco arriesgado rechazar hacer un protagonista y aprovechar este tirón?
Resoplé y me crucé de brazos. Ronan esperaba mi respuesta con toda su atención puesta en mis palabras.
—Puede ser arriesgado, sí. Pero es que esta historia es verdaderamente buena.
Pienso que hay películas donde los personajes secundarios brillan incluso más que el protagonista...
Y esta es una de ellas, Ronan. Ya no se ven muchos guiones de este tipo en Hollywood, ¿sabes?
Simplemente una historia de personajes contada de una forma brillante.
Además, el director que han contratado para el proyecto es alguien de quien tengo muy buenas referencias.
—Espera, Delilah... —me detuvo él—. ¿Te... te has leído el guion entero?
Asentí, como si fuera evidente.
—No te he pedido eso —me recordó con voz suave—. No quería que te llevara tanto tiempo...
—No ha sido nada, Ronan. Incluso he escrito algunas anotaciones en varias de tus escenas. Son tan buenas que me he dejado llevar. Perdón por el atrevimiento.
—No tienes que disculparte. Y gracias de nuevo. Lo único que pienso es que...
—¿Qué?
—No sé si Tim estará de acuerdo cuando rechace la otra película.
—Solo tienes que decirle que este papel, aunque sea de secundario, es el tipo de interpretación que gana premios en los festivales más importantes. Lo conozco, cederá.
—¿Crees eso de verdad? —Mis cejas se juntaron—. ¿Que lo voy a hacer bien y que tendré la oportunidad de ganar premios?
En medio de la habitación, con la tenue luz de las lámparas cayendo sobre nosotros, me percaté de que Ronan estaba tan solo como yo. Y tal vez también necesitaba sentirse respaldado. Saber que tenía un apoyo para atravesar todo eso, alguien con quien contar.
—Sí que lo creo. Y no suelo equivocarme en estas cosas.
Ronan se pasó una mano por el pelo y el movimiento hizo que su camiseta descubriera parte de su definido torso.
El calor en mi piel se incrementó y decidí que ya era hora de salir de allí.
Di media vuelta, dispuesta a alcanzar la puerta, pero una mano se aferró a mi brazo con un mimo que me quemó allí donde me había tocado.
—Espera, Delilah.
No me quedó más remedio que girarme y plantarme frente a él de nuevo. Pero ahora estábamos más cerca. Tanto que me quedé atrapada en el ángulo marcado de sus pómulos.
—¿Te apetece que veamos otra película? —preguntó, y cuando la sorpresa se dibujó en mi cara, negó con la cabeza—. Perdona, he pensado que como la otra noche...
—La verdad es que me encantaría.
Muy pocas veces en mi vida había dejado que mis deseos tomaran el control por encima de mis obligaciones. Pero esa era una de ellas.
—Pues ponte cómoda. —Estiró la mano y señaló la enorme cama—. Voy a por el mando. ¿Tienes alguna película en mente?
—Prefiero que la escojas tú. Como la otra vez.
Fui hacia la cama y, antes de llegar, observé mi imagen en un enorme espejo de marco dorado que estaba apoyado en la pared.
Con el camisón de algodón de color claro y el pelo cayendo suelto por la espalda, presentaba una imagen desenfadada de la que me sentía lejísimos en ese tipo de giras de promoción.
Me subí a la cama y me senté con la espalda apoyada en el cabecero.
Alcancé las sábanas de hilo y me cubrí las piernas mientras Ronan se ponía delante del televisor.
—¿Te gusta el cine clásico? —preguntó.
—Eh..., pues... a veces veía películas antiguas con mi abuela.
—¿Y te gustaban?
—Me encantaba pasar tiempo con ella. Y me acuerdo especialmente de una que veíamos cada año.
—¿Cuál? —Ronan se giró con un interés repentino.
— Qué bello es vivir.
—Yo también la he visto muchas veces —confesó él con una sonrisa abriéndose en sus labios—. Voy a poner El apartamento , de Billy Wilder, ¿vale?
Ronan me miró y yo simplemente asentí, intentando esconder mi emoción. Luego, él se sentó y le dio al play . Pero un segundo después saltó de la cama.
—¡Voy a buscar una cosa! ¡Ahora vuelvo! —gritó saliendo por la puerta.
Me quedé sola en su habitación percibiendo la agradable brisa que se colaba por el balcón abierto de par en par.
Cerré los ojos. Un olor a azahar se desprendía del naranjo que invadía gran parte de la balaustrada y se mezclaba con la menta que Ronan siempre llevaba encima.
Pasaron un par de minutos antes de que sus pisadas me obligaran a abrir los ojos y salir de ese estado de calma.
Lo observé desandar sus pasos delante de mí.
Llevaba un bol en la mano. Y, cuando se subió de nuevo a la cama, me lo tendió ante mi mirada de desconcierto.
—Para ti —dijo—. Ahora sí que es temporada y antes he hablado con un trabajador de la villa para que las consiguieran.
Dentro del bol brillaba un puñado de cerezas. Tenían una pinta deliciosa.
—Eh... Gracias.
Cogí una y me la llevé a la boca. Después, Ronan reanudó la película.