Un amor inventado 13. UNA VILLA EN FLORENCIA
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13. UNA VILLA EN FLORENCIA

UNA VILLA EN FLORENCIA

Delilah

Tim Johnson parecía el dueño de aquella villa italiana por la manera en que atravesó el gran salón.

Nos habían concedido un fin de semana de descanso después del estreno de la película en Roma.

Así que todo el equipo viajó hasta la Toscana italiana para tomarse un par de días libres.

En teoría, yo también estaba incluida en el saco.

Pero esa preciosa y soleada mañana de sábado, Tim, mi agente, llamó a mi puerta para informarme de que había concertado una reunión a mediodía.

Y ahí nos encontrábamos. Jane, él y yo, sentados a una gigantesca y robusta mesa de madera que tenía pinta de tener varios siglos de antigüedad.

—¿Y bien? —pregunté mientras me impregnaba del clima veraniego—. ¿Qué es eso tan urgente que tenemos que hablar, Tim?

—A ver, señoritas, lo primero... —dijo él mientras abría su portátil y tecleaba—. Espero que hayáis descansado bien esta noche en este lugar increíble.

—Habría sido perfecto si no nos hubieras sacado de la cama, la verdad —soltó Jane, con el gesto contrariado—. Es nuestro día libre, Tim.

—Lo sé, lo sé. —Levantó las manos en señal de disculpa—. Pero es importante hablar algunos asuntos. Porque todo se está empezando a desbordar y necesitamos respuestas y un plan de futuro.

—¿Respuestas sobre qué?

—Sobre todos los proyectos que están llegando y que hasta ahora te has negado a valorar. ¿Qué es lo que está pasando, Lilah?

—Simplemente quiero estar en una cosa a la vez. Llevo enlazando proyectos desde que tenía doce años.

—¿Hay algo que no me hayas contado? —quiso saber él arqueando las cejas con preocupación.

Por supuesto, no le había contado que últimamente esa vida repleta de privilegios era como un peso muerto en el estómago. Ni siquiera sabía cuándo había comenzado a sentirme así.

—No, Tim. Pero necesito que entiendas que este verano quiero estar enfocada solo en esto.

—Pues no lo entiendo. —Tim se pasó la mano por el pelo, un poco desesperado—.

Sabes muy bien que los proyectos que se desarrollan en la próxima temporada se definen con meses de antelación.

Tenemos nuevas películas, Lilah. Incluso algún blockbuster ...

También hay directores interesantes que te quieren para encabezar su elenco.

Eso sin contar los acuerdos publicitarios millonarios que están sobre la mesa.

—Llevo toda mi vida compaginando ese tipo de anuncios con el cine.

—Pero este año estás más solicitada que nunca. Esto se está convirtiendo en un fenómeno de masas, Lilah. El tipo de fenómeno que te coloca en la cima para siempre. Lo único que tenemos que hacer es mantenernos en la órbita.

—Ella ya lo sabe, Tim. Es perfectamente consciente —le aseguró Jane para echarme una mano.

—¿Entonces? —Mi agente me observó con ojos confusos.

—Solo quiero ir con calma.

—La calma en este mundo no existe. Y, si tu popularidad asciende hasta las putas estrellas, lo aprovechas y punto.

Torcí el gesto y le disparé con la mirada antes de decir:

—Siempre voy a tener la última palabra, espero que no lo hayas olvidado.

—Espero que tú tampoco hayas olvidado que has logrado el objetivo que nos habíamos propuesto. Vuelves a estar dentro de la rueda. Tu imagen es más poderosa que nunca. Y estar al lado del nuevo chico rebelde de Hollywood solo hace que destaques más.

—Maldita sea, Tim —lo reprendí exhalando un suspiro de disgusto—. Deja de hablar de nosotros como si no fuéramos más que dos figuras de porcelana.

—Bueno, tengo que decir que lo estáis llevando todo tan bien que ayer mismo recibimos una desorbitada oferta para que protagonicéis un anuncio de una de las firmas más importantes del mundo —dejó caer—. Vosotros dos como imagen principal de su próxima campaña de invierno.

—No —decidí.

—Ni siquiera sabes...

—No —repetí interrumpiéndolo—. No quiero aceptar nada hasta que acabe esta gira.

—No entiendo cómo...

—Tim, déjalo —le advirtió Jane irguiéndose en su silla—. Deja de forzar la máquina. Deja de estirar la cuerda, porque cualquier día se va a romper.

Mi agente se derrumbó sobre el asiento y su mirada bailó entre nosotras con aire de preocupación.

—Y necesito solucionar cuanto antes lo de mi madre.

—¿Qué vas a hacer con eso? —Por fin Tim volvía a estar más relajado.

—No quiero presentar una contrademanda —declaré mientras la molestia se apoderaba de mi cuerpo.

—Pero, Delilah... —comenzó a hablar él—, es que ella no entra en razón. No entiende que ya no es parte de tu equipo. Que no tiene derecho a tomar decisiones.

Clavé mi atención en aquel pavimento de mármol en forma de baldosas de damero. Durante unos segundos me abstraje de ese salón en aquella villa de lujo. Me concentré en observar las formas geométricas en blanco y negro, en cómo la frialdad del mármol traspasaba la suela de mis sandalias.

—Pues tendrá que entrar en razón, Tim —terminé por decir casi un minuto después.

—Ya llevamos así dos años... Es preocupante y molesto. Lo mejor es que te cubras las espaldas, lo digo muy en serio. Ella no ha tenido ningún problema en demandarte a ti por despido improcedente, joder. Y te pide una millonada. No es justo, Lilah...

Lancé una carcajada que se debilitó hacia el final. Se me cerró la garganta y tuve que luchar por guardar la compostura.

—Voy a darle todo el dinero que quiera con tal de no volver a trabajar con ella.

—Nunca va a parar —nos advirtió él—. Cuando no sea una cosa, se inventará otra. Está desquiciada.

—Tim. —La voz de Jane rompió la dinámica de la charla.

—No, Jane. Es acoso. Puro y duro. Y no quiero que mi representada pase por este tipo de situaciones lamentables. —Tim puso en mí toda su atención y su expresión se volvió comprensiva—. Estoy preocupado por ti. ¿Lo entiendes?

Arrastré la silla hacia atrás y me levanté con elegancia ante su expresión demandante. Antes de salir, me giré y les dije con un tono sosegado:

—No valoraré ningún proyecto hasta que esta gira acabe al final del verano. ¿Podrás soportarlo, Tim?

—Por supuesto que sí, Delilah. Por ti, claro que sí. Pero mi trabajo es orientarte e informarte de cuáles son las mejores opciones.

—¿La mejor opción basándote en qué? ¿Cuál es el baremo para decidirlo?

Tim Johnson se quedó callado por primera vez en toda la mañana.

—Ahora me gustaría disfrutar de mi día libre —anuncié.

Antes de atravesar la puerta, me giré hacia Jane y vi que me observaba con una pequeña sonrisita salpicada de algo parecido al orgullo.