5. EL NACIMIENTO DE UNA ESTRELLA
EL NACIMIENTO DE UNA ESTRELLA
Delilah
Me observé deambulando por los páramos de Yorkshire enfundada en el disfraz de Catherine y envuelta en la luz azul del amanecer.
Era un fantasma que atravesaba una soledad llana e infinita.
El broche perfecto para la película de Eliza Grey.
Cuando los créditos finales aparecieron en la gran pantalla, letras blancas sobre negro, la ovación fue atronadora.
Mi sangre se convirtió en un líquido caliente y espeso de pura adrenalina y el instinto me empujó a buscar la mano de Eliza, sentada a mi izquierda.
Ella, con la emoción pintada en la cara, me sonrió con orgullo.
Los aplausos resonaban en cada rincón del teatro y tuve la necesidad de mirar hacia el otro lado.
A mi derecha, Ronan estaba sentado, callado y envuelto en un elegante traje negro que acentuaba su atractivo.
Nuestra actuación había traspasado la pantalla de tal manera que, perdida en el visionado, había llegado a creerme ese amor terrenal e imposible cubierto de tierra y venganza.
Me había dejado llevar por las sensaciones que transmitían nuestras miradas.
Había creído en ellos. Yo, que había estado al otro lado, donde las mentiras se descubrían.
¿Qué iba a sentir entonces la gente que viera la cinta?
¿Qué estarían sintiendo en aquel momento todas esas personas que lanzaban vítores alzando la mirada hacia los asientos en los que nos encontrábamos?
Esbocé mi sonrisa más famosa, pero esta vez el orgullo latía dentro de ella. Olvidándome de lo expuesta que estaba en ese instante y del rencor que él me guardaba, me acerqué a Ronan para dejar mi boca a pocos centímetros de su oreja.
—Ronan O’Connell, vas a convertirte en una estrella —le susurré.