21. UN MORDISCO EN LA MEJILLA
UN MORDISCO EN LA MEJILLA
Ronan
La tierra olía a canela. Su pelo olía a canela.
Y el contacto de sus manos con las mías quemaba.
Delilah tenía la cara manchada de tierra después del arrebato de Catherine y, en principio, la escena terminaba justo ahí, con la cámara captando en un primer plano nuestras miradas y nuestros ojos abriéndose paso por nuestro interior.
Sin embargo, me sentía sobrecargado de emociones.
Tampoco ayudaba el estar respirándonos a una distancia ridícula.
Si hubiera movido solo un poco la cabeza, mis labios habrían rozado los suyos.
Así que me resistí a que aquello terminase.
Joder, no quería estar nunca en ningún lado que no fuera actuando junto a ella.
Hundí la mano en la tierra y, cuando la tenía bien llena y bien húmeda, la llevé a su pelo ante su mirada asesina.
Aparté mis ojos de los suyos y observé el lazo burdeos que le colgaba del cabello.
Alargué los dedos y se lo arranqué. Ella abrió mucho la boca, sorprendida.
Quise mancharle también aquellos dientes y esos labios deseados por todos.
—¿Le tienes mucho cariño a este lazo, Cathy?
—habló Heathcliff por mí. Esperaba que Delilah se acordara de ese primer contacto durante la prueba de cámara entre ella, su lazo blanco y yo.
Estrujé la suave tela rojiza con las manos rebosantes de tierra y lo dejé perdido ante sus ojos desquiciados—. Porque parece que está destrozado.
Todo estaba en silencio. Eliza aún no había dado la orden de cortar la escena y yo esperaba expectante a que Delilah entrara en mi juego.
—¡¡¡Aaah!!! —rugió, agitándose bajo mis brazos con fiereza—. ¡Te odio, Heathcliff!
Lo siguiente que oí fue el gruñido animal que salió de su boca antes de que salvara la poca distancia que nos separaba y me asestara un mordisco en la mejilla.
Cuando conseguí apartarme, Delilah, Cathy, o simplemente la chica más hermosa que había visto jamás, sonreía con cierta locura desde el suelo. Me llevé una mano a la zona dolorida y torcí el gesto.
—Adelante, ódiame —escupí—. Pero tú siempre vas a ser mi Cathy.
Después, la voz de Eliza lo inundó todo.
—¡CORTEN! —gritó—. ¡Esta toma ha sido increíble!
—Esto último no estaba en el guion, Eliza —informó Delilah debajo de mí, tratando de zafarse.
—Lo sé, Lilah. Pero la química tan real que acabáis de experimentar ha sido mil veces mejor que mi guion.