18. ELLA REINÓ
ELLA REINÓ
Ronan
La primera vez que vi a Delilah pisar un set de rodaje me quedé sin palabras. El pulso se me precipitó sin control y la sangre empezó a hervirme bajo la piel. Solo sentía calor. Ese día se despertó en mí una admiración digna de algo platónico e incontrolable.
Ni las decenas de camiones que cercaban los límites del área de la grabación.
Ni los gigantescos y engorrosos aparatos de iluminación.
Tampoco los grupos de personas pertenecientes a diferentes equipos dentro de aquel perfecto entramado que caminaban estresados de un lado a otro.
Ni la premura agónica que embargaba todo el ambiente.
Ni el asistente personal que me habían asignado y que no me concedía ni un minuto de soledad.
Ni la exquisita concentración con la que Eliza Grey, con sus auriculares sobre las orejas y su visor de director en una mano, nos honraba a cada minuto que pasaba.
Nada de eso. Nada de todo lo que suponía un rodaje de esas magnitudes. Tanto dinero invertido, tanto material y equipamiento desperdigado por cada rincón, tantos tráilers aparcados en la periferia de las localizaciones. Tantos equipos de personas perfectamente sincronizadas.
Nada de todo eso.
Nada.
Nada me impresionó tanto como cuando observé a Delilah Williams entrar en escena, posarse delante de la cámara y, sencillamente, actuar.
Y también reinar.