Un amigo gratis 34 #2
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—¿Puedo ayudar en algo? —me ofrecí.

—Tengo que organizar todas estas cajas. Si tienes un rato, me vendría bien algo de ayuda. Dudo que Scott vaya a volver. Y yo me siento bastante inútil con esta cosa —añadió señalándose el cabestrillo.

Dejé la mochila en el sofá —nuestro sofá— y me senté con ella para ponerme manos a la obra. Los papeles eran, en realidad, fichas de voluntarios y dinámicas que se habían ido acumulando durante el último año.

—¿Por qué estamos deshaciéndonos de todo esto? —Sentí un pinchazo de dolor al leer el nombre de Eleonor en la parte superior de algunas hojas—. ¿Se ha decidido ya qué pasará con la asociación?

—Scott y yo no sabemos si la mantendremos en marcha. —Olivia no pudo ni mirarme.

—¿Qué? ¿Vamos a cerrar Un Amigo Gratis?

La idea me sacudió por dentro. Olivia dejó los papeles y alzó la cabeza. Entendí por qué rehuía el contacto visual antes; tenía los ojos enrojecidos.

—¿Quieres que te sea sincera, Nash? No lo sé.

No sé lo que vamos a hacer. Tampoco supe lo que decirle al orientador el otro día cuando me preguntó si queríamos seguir adelante.

Si no vamos a utilizar más el aula, tendremos que vaciarla y.

.., siento que estamos funcionando por inercia, ¿entiendes?

Scott y yo. Joder, ni siquiera he terminado de procesar que he perdido a mi mejor amiga y ahora tengo que decidir si me deshago o no de sus cosas.

—No tenemos que deshacernos de nada —dije. Me sentía todavía peor por haber estado tan ausente—. La asociación seguirá en marcha.

—¿De verdad? —Olivia me miró esperanzada.

Quería que yo tomara la decisión por ella y por Scott. Que los guiara ahora que estaban tan perdidos.

Y yo lo tenía claro, por lo que asentí.

—Es lo que Eleonor habría querido.

Le había dedicado muchísimo tiempo y esfuerzo a ese proyecto. ¿Cómo íbamos a cargárnoslo sin más? No nos lo perdonaría nunca.

Olivia soltó el aire, ya más relajada. Echó un vistazo al caos que nos rodeaba.

—En ese caso, tendremos que volver a guardarlo todo en las cajas.

—Sigamos ordenando y tiremos lo que ya no sirva. Nos vendrá bien tenerlo todo organizado —repuse.

Ella accedió sin rechistar. Parecía más que dispuesta a dejar que otro se pusiese al mando.

Seguimos con la tarea durante un rato más.

Ya habían acabado las clases y el instituto estaba casi vacío; solo quedábamos los alumnos de extraescolares y nosotros.

Cuando terminamos de vaciar la cuarta caja y ya nos dolían los músculos de haber estado tanto rato sentados, Olivia se levantó para llevar la bolsa de basura hasta la puerta y se dejó caer en el sofá con su teléfono móvil.

Yo también me incorporé y me ocupé de las cajas que habíamos decidido quedarnos; las metí bajo la mesa, donde solían estar. Después fui a sentarme con ella.

Revisé mis mensajes. Mike me había escrito para proponerme cenar juntos. Sospechaba que mi madre había hablado con él y ahora también estaba preocupado.

—¿Cómo está Devon? —le pregunté a Olivia, una vez que le hube contestado a Mike que sí. No iba a librarme de ellos hasta que me vieran meterme un pedazo de comida en la boca.

Ella tardó un minuto más en terminar de ponerse al día. Imaginé que estaría hablando con él, con su novio. Me dolía pensar que, hacía unas semanas, éramos Eleonor y yo los que vivíamos pegados al móvil.

—Mejor. Subiéndose por las paredes, eso sí. Quiere echar una mano en casa y volver a la universidad, pero el médico le ha aconsejado reposo. —Devon tenía varias lesiones de las que recuperarse, bastante más graves que la de Olivia.

—¿Y Dylan?

—Sé que Patrick y Carl pasan mucho por su casa y Devon no ha mencionado que haya habido ningún problema con Dylan. A estas alturas, me conformo con eso. —La entendía. Era un alivio que al menos Dylan hubiera recapacitado—. ¿Cómo vas tú, Nash? Dime la verdad.

—Hecho una mierda —confesé.

Sus ojos se llenaron de compasión.

Aunque trataba de evitar sacar el tema de Eleonor con Mike y mi familia (cosa que era difícil; no dejaban de preguntar), sí me apetecía hablarlo con Olivia. Había perdido a su mejor amiga. Entendía mi duelo mejor que nadie.

—¿Has probado a hacer algo para distraerte? —preguntó.

—Intenté escribir. Me ayuda ponerlo en palabras, aunque al mismo tiempo lo vuelve más real.

Y eso duele. Creo que en el fondo sigo esperando despertarme un día y descubrir que todo ha sido una broma de mal gusto.

Pasó tan de repente, Olivia... Me siento como si estuviera viviendo en una realidad que no me pertenece.

En la mía existía Eleonor y ella ya no está.

—Sí, entiendo a lo que te refieres.

—No sé cómo voy a seguir adelante.

—Lo harás, Nash. Aprenderemos a vivir con ello.

—Hizo una pequeña pausa—. Escucha, no sé si Eleonor llegó a decírtelo.

.., pero te quería muchísimo. Soy consciente de que ibais despacio y os costaba mucho hablar de sentimientos y.

.., no sé, solo quería que lo supieras. —Me miró a los ojos—. Que estaba enamorada de ti.

Sus palabras me agitaron algo dentro y, a la vez, despertaron de nuevo ese sentimiento de culpa. No era justo que yo escuchara esa confesión y Eleonor no hubiera podido hacerlo.

—Nunca se lo dije, Olivia —musité con la voz ronca. Las lágrimas regresaron.

Ella me sonrió, comprensiva.

—Bueno, la comunicación no era lo vuestro —trató de bromear—. Pero Eleonor lo sabía. Puedes estar tranquilo.

—Pero ¿y si no? ¿Y si se fue creyendo que yo no...?

—Nash, siento decirte esto, pero no eres tan buen actor. Se veía lo coladísimo que estabas por ella a kilómetros.

—¿De veras? —Me sequé los ojos.

—Eleonor era muy consciente. Te lo prometo.

—Iba a invitarla a salir. El día que... —Tragué fuerte—. Estuve a punto de hacerlo la noche anterior, pero queríamos que fuera más... romántico. Tener una cita primero. No deberíamos haber esperado. Si lo hubiera sabido...

—Pero no lo sabías. No puedes torturarte pensando cosas así. No es justo para ti —me consoló Olivia—. Si te soy sincera, yo tampoco dejo de pensar en que debería haberle insistido en que fuera en el asiento de atrás conmigo. O en que, si yo hubiera ido de copiloto...

—No digas eso —la corté enseguida.

—Lo sé, lo sé, intento sacármelo de la cabeza... aunque, ¿no es normal, Nash? Que pensemos esas cosas. Supongo que tarde o temprano aprenderemos a lidiar con ello —dijo—. Hasta que desaparezca.

—No sé si quiero dejar de sentirme así. La tristeza me recuerda que, de alguna forma, Eleonor sigue aquí.

—Eleonor seguirá aquí siempre.

Recordé las palabras de Sidney.

«Eleonor está por todas partes».

—Me da miedo olvidarla —confesé—. También me da miedo que el resto del mundo la olvide.

Recuerdo encontrarme en el entierro mirando el lugar donde estaría su lápida y donde solo aparecerían su nombre y un par de fechas y sentir.

.. rabia de que no fuera a haber nada más.

Eleonor era más que eso. Tenía un corazón noble.

Sonreía como si quisiera iluminar el mundo.

Me enseñó mucho, me animó a cambiar mi manera de ver la vida.

No soporto pensar que ya no está. Que habrá un día en el que la gente no la recuerde.

Que incluso yo olvidaré los detalles. El sonido de su voz.

El color exacto de sus ojos. Las historias que me contó.

Sus consejos. Su risa. —Me temblaba la voz—.

Antes te he dicho que me ayudaba escribir y es verdad.

He apuntado todo lo que recuerdo de la última noche que la vi.

Me da miedo que esa imagen se me olvide.

El día que me senté a intentar rememorarla, ya apenas la tenía clara en la cabeza.

Me costó recordar cómo iba vestida. No quiero olvidarla nunca y me da miedo que, si me descuido, el tiempo hará que mi cerebro empiece a obviar detalles de nuestra historia que en su día fueron muy importantes.

Olivia me miró un segundo, como procesando lo que le acababa de contar.

A continuación, preguntó:

—¿Y por qué no sigues?

—¿A qué te refieres?

—Escribiendo —dijo—. ¿Por qué no sigues escribiendo?