Un amigo gratis 28
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—Oye, ¿todo bien? —Nash se me acercó por detrás mientras yo cerraba la taquilla. Me puso una mano cálida en la curva de la espalda—. Ayer no me contaste qué tal la cena.

—Tengo que hablar contigo.

Lo agarré para llevármelo a donde pudiéramos conversar tranquilos. Los pasillos estaban llenos de alumnos que se dirigían a la cafetería.

Acabamos en el aula de la asociación, que ya estaba vacía a esas horas, después de haber servido como punto de reunión para varias sesiones a lo largo de la mañana.

Entré primero, Nash cerró la puerta y nos sentamos juntos en el sofá.

Se lo conté todo, empezando por la discusión que había mantenido con mi hermano y los recuerdos tan diferentes que teníamos de nuestra infancia.

Seguí relatándole cómo había transcurrido la cena y que el hijo de Patrick era, nada más y nada menos, que Carl.

Luego le expliqué que había venido a hablar conmigo esa mañana.

Y, conforme lo hacía, mientras ponía en palabras todo lo que había ocurrido en las últimas veinticuatro horas, fui notando cómo el remolino de mis pensamientos comenzaba a ralentizarse.

Nash me miró a los ojos en todo momento, con esa expresión calmada que siempre conseguía bajarme las revoluciones por minuto.

Cuando acabé de hablar, se dejó caer contra el respaldo del sofá mirando al techo, derrotado.

—Así que resulta que Carl Thompson ha evolucionado hacia ser una buena persona —repitió atónito—. Si te digo la verdad, no sé si me lo trago.

—Ya. Al principio tampoco yo me lo creía. Pero parecía sincero. Es cierto que ya no es amigo de Jayden —repuse.

—Que venga a hablar conmigo si quiere, aunque no prometo que vaya a servir de nada. —Negó con la cabeza; seguía intentando procesar toda la situación—. No me creo que pueda convertirse en tu hermanastro. ¿Y cómo es posible que Dylan todavía no os haya escrito ni para deciros que está bien?

—Siempre hace esas cosas. Necesita unos días alejado para decidir volver. —Aunque no sabía si lo haría esa vez. ¿Cómo no iba a defender a papá, si él tenía conductas tan similares?

—Eso no significa que esté bien teneros preocupados —replicó Nash. Extendió la mano para dar un apretón en la mía. Su pulgar me acarició el dorso—. Todo terminará volviendo a su lugar —me tranquilizó—. Y, si eso no ocurre, le haremos frente juntos.

Asentí. Me gustaba que fuéramos un equipo.

* * *

Los días pasaron en un suspiro y el viernes nos reunimos para almorzar con nuestros amigos, como de costumbre.

Nash y yo pasamos a recoger nuestra comida —desde aquella ocasión en la que Nash había sido tan amable con la cocinera, ya nunca me ponía mala cara cuando le pedía que no me llenase el cuenco de sopa— y fuimos a sentarnos con ellos.

Julie y William se habían unido a la mesa a principios de semana, con la excusa de unos temas que debíamos discutir de la asociación.

Su presencia se había alargado hasta entonces.

A mí no me molestaba; me alegraba que hubieran vuelto a Un Amigo Gratis y los dos me parecían muy simpáticos.

Aunque era evidente que Julie tenía sus propios motivos para querer pasar tanto tiempo con nosotros.

—¿Qué tal, Nash? —lo saludó sonriente en cuanto tomamos asiento frente a William y ella.

Nash respondió con amabilidad y yo también forcé una sonrisa, aunque el interés descarado que Julie mostraba por él siempre me dejaba un sabor amargo en el paladar.

Olivia, que ya me había comentado alguna vez que era muy evidente que Julie intentaba ligárselo —y me había dicho que era contraproducente que Nash y yo siempre pareciéramos solo amigos cuando estábamos con el grupo—, me lanzó una mirada burlona, adivinando perfectamente cómo me sentía.

Qué insoportable era a veces.

—¿De qué hablabais? —se interesó Nash.

—De la fiesta de San Valentín de mañana —contestó William. Ese día llevaba su pelo rubio repeinado hacia atrás y tenía el brazo pegado al de Julie, como de costumbre.

Hacía unos meses, Olivia me había dicho que sospechaba que ocurría algo entre ellos. Dado que ahora Julie no dejaba de mirar a Nash, estaba claro que se había confundido.

O eso, o Julie había cambiado de opinión.

Olivia dio un codazo a Scott.

—¿Has invitado a Jack?

—Claro —respondió Scott, al que se le iluminaba la cara cada vez que hablaba de su novio—. Tiene muchas ganas de conoceros.

—Genial. Devon también vendrá. —Olivia suspiró encantada—. Qué bonito es el amor, ¿verdad? Todo el grupo con pareja.

Mi corazón dio un salto y me tensé de pies a cabeza.

Miré a Olivia con disimulo para recriminarle el comentario —¡Nash y yo no estábamos juntos!

—, pero ella, consciente de que iba a querer asesinarla con la mente, esquivó el contacto visual y se puso a hablar con Scott.

Pasé a concentrarme en mi comida mientras le suplicaba al universo que hubiera ocurrido un milagro y el sistema auditivo de Nash hubiera fallado justo durante los dos segundos que había durado la frase.

Quizá tenía suerte y no la había escuchado.

Sin embargo, él chocó nuestras rodillas con suavidad y supe que el destino no me había sonreído.

—¿Vendrás conmigo? —Bajó la voz para que la conversación quedara entre nosotros.

Me calmé de golpe y sentí cosquilleos en el estómago, y aun así:

—¿A la fiesta? —Me hice la desentendida.

Una sonrisa tironeó de sus comisuras.

—¿Acaso pensabas ir con otra persona?

—No lo sé. Puede. —Tuve que esforzarme por no sonreír también al verlo arquear las cejas con diversión—. No soy la única que esperaba que la invitaras. —Mis ojos volaron, por inercia, hacia Julie.

Hablaba con Olivia sobre el último examen de economía, asignatura que ambas compartían. Debía de ser la primera vez en semanas que no le estaba prestando atención a Nash.

Yo sí lo miré. Fruncía el ceño con ligereza.

—¿Ella? —susurró extrañado—. Pero si solo somos amigos.

—Bueno, así se empieza.

—Eleonor —atajó para cortar el tema.

—¿Qué?

—Ven conmigo.

Sonreí, ahora sí. No me quedaba otra.

—Vale —me rendí.

Nash parecía conforme. Me puso una mano en la rodilla.

Feliz, con el corazón danzando y disfrutando de esa intimidad que había entre nosotros y nadie más en la mesa podía ver, me volví hacia mis amigos con la intención de participar en la conversación.

No obstante, en ese momento divisé una figura conocida a lo lejos.

Carl Thompson acababa de entrar en la cafetería.

Aparte de las veces que lo había visto en el pasillo y en el aula de la asociación, la verdad era que no le había prestado mucha atención.

Caminaba con la cabeza gacha y los hombros hundidos, el cuerpo tenso, como solía hacer Nash cuando nos conocimos.

Saltaba a la vista que deseaba hacerse invisible.

Pasó por la mesa donde Jayden, Agatha y el resto de sus antiguos amigos se reían.

Todos se detuvieron al verlo y lo observaron con caras entre serias y de sorna.

Carl no titubeó. Fue hasta una de las mesas libres, donde se sentó. Solo.

Reaccioné por impulso.

—Voy a decirle que venga —avisé a Nash.

—¿Qué? —articuló él confundido.

—A Carl.

Fui a levantar la mano para intentar llamar su atención. Nash me agarró la muñeca para detenerme.

—¿Por qué ibas a hacer eso? —cuestionó. Me giré extrañada—. Eleonor, ese tío no es nuestro amigo.

—Pero se ha disculpado. Y quería...

—Dije que hablaría con él, no que vaya a perdonarlo. No vamos a invitarlo a almorzar con nosotros. No después de todo lo que me ha hecho.

Nuestra pequeña discusión había atraído el interés del resto de la mesa, que ahora nos observaban intentando averiguar qué estaba pasando.

Aunque su atención me hacía sentir incómoda, me obligué a seguir dirigiéndome solo a él.

—Dio la cara por nosotros —repliqué—. Se merece al menos el beneficio de la duda.

Nash comenzó a levantarse.

—Si él viene, yo me voy.

—Nash —intenté detenerlo, pero ya había cogido su mochila y se alejaba hacia la puerta.

Mierda. Intercambié una mirada rápida con nuestros amigos, que se contemplaban atónitos los unos a los otros, antes de coger mis cosas y seguirlo. Salí del comedor y apuré el paso para alcanzarlo en el pasillo.

—Nash —repetí. Tuve que correr para agarrarle el brazo y que se detuviese—. Mira, entiendo que no te apetezca hablar con Carl ahora. Podemos esperar, pero...

—No —me cortó—. He cambiado de opinión. No voy a hablar con él. Nunca.

—¿Qué? Pero hace unos días dijiste que...

—No confío en él.

—Expuso a su exnovia, a Jayden y a los demás para defendernos.

—Después de pasarse años viendo cómo se metían conmigo.

Riéndole las gracias a Jayden, a Eric y a Agatha.

Tú también lo viviste en el colegio, Eleonor.

¿Acaso no recuerdas cómo es caminar por los pasillos deseando desaparecer?

Carl no te hizo nada a ti y por eso estás dispuesta a darle una oportunidad.

Pero no me pidas que yo se la dé. Que Carl nunca me insultara directamente no significa que sea una buena persona.

En lo que a mí respecta, guardar silencio te convierte en la misma escoria.

—Nash tenía la mandíbula apretada. Al ver mi expresión, sus ojos se llenaron de dolor; fue como si lo acabase de golpear sin palabras—.

No me mires así —me pidió. Era entre una orden y una súplica—. Me haces sentir mal conmigo mismo.

—Es que creo que estás siendo injusto —admití.

—¿Injusto? Lo que me hicieron fue injusto. No sé cómo no puedes entenderlo. Yo no volvería a mirar a la cara a nadie que te hubiera hecho sentir así a ti.

—Lo sé, y yo también estoy enfadada con Jayden, Eric, Grace y Agatha. Pero Carl se ha disculpado y ha demostrado que no está en su bando. Fue a hablar con la directora.

—¿Quién te contó eso? ¿Él mismo? ¿Cómo sabes que no mentía?

—Fue el único al que no expulsaron, Nash.

—Se rumorea que sus padres son amigos de la directora. No sabemos si lo que dice es verdad o si es solo una pantomima para intentar comerte la cabeza. No es un buen tío. Por si se te había olvidado, se lio con mi novia aun sabiendo que ella estaba saliendo conmigo.

—¿Esto es sobre Agatha o sobre que se metían contigo? —repliqué—. Porque no parece que tengas claro cuál es la razón por la que no lo perdonas.

—No tengo que perdonarle nada.

—Es por Agatha, ¿verdad? Culpas a Carl de la infidelidad.

—Fue culpa de los dos.

—Seguro. Pero la que tenía un compromiso contigo era ella. No sé cómo pudiste fijarte en una persona así. En cuanto a Carl...

—Te recuerdo que tú te fijaste en Jayden —contratacó.

Me quedé callada porque, aunque me diera rabia, ahí tenía razón.

Nash resopló y cerró los ojos con cansancio—.

De todas maneras, esto no es por Agatha.

—Se apretó el puente de la nariz—. No insinúo que Carl vaya a intentar lo mismo contigo.

A fin de cuentas, Agatha y yo estábamos saliendo y tú. ..

—¿Y tú y yo no? —terminé por él—. ¿Eso es lo que ibas a decir?

—Iba a decir que Carl pronto será tu hermanastro —aclaró Nash—. Pero sí, lo otro también es verdad.

Fue como un golpe directo en las costillas. Sabía que no estábamos juntos de forma oficial y, aun así, que él lo dijera se sintió como una traición.

—Genial. —Me giré para marcharme porque no soportaba estar ahí ni un segundo más.

—Eleonor. —Ahora fue él quien me sujetó el brazo. Me hizo volverme y, al notar mi expresión, comenzó a titubear—. Esto no va sobre nosotros, sino sobre Carl y el hecho de que tú confías demasiado en la gente. No sabemos si nos la quiere jugar. Lo que hizo...

—Estuvo mal —lo interrumpí—. Eso ya lo sabemos.

Tendría que haber roto antes el silencio.

No debería haber caído en las redes de Agatha ni haberte faltado al respeto.

No lo justifico ni lo defiendo. Pero ha renunciado a su novia y a sus mejores amigos por hacer lo correcto y ahora lo está pagando con creces.

Entiendo que le guardes rencor, pero se ha quedado solo, Nash.

No necesito que lo incluyamos en el grupo.

No te pido eso. Solo quiero que hables con él.

Deja que te explique su versión de los hechos.

¿No lo has visto antes? ¿No has visto lo incómodo que parecía?

Tú mismo lo has dicho. Sabes mejor que nadie lo que se siente al ir por el instituto queriendo ser invisible.

Nash tragó saliva.

Aun así, no conseguí hacerlo ceder.

—Él mismo se lo ha buscado —dijo.

—No. Jayden se lo ha buscado. Agatha se lo merece. Carl no. Él ha hecho lo correcto. —Me moví para que me soltara—. No sé cómo no lo entiendes.

—Y yo no sé por qué tú pareces no poder ponerte en mi lugar.

—¿Que no me pongo en tu lugar?

—Estás priorizando los sentimientos de Carl sobre los míos.

Te dejas llevar por la pena y las ganas que tienes de ayudar y no te paras a pensar en lo difícil que es esto para mí, joder.

¿Qué pasa conmigo? —protestó—. ¿Por qué tengo que ser generoso con Carl cuando él no se molestó en ser generoso conmigo ni una sola vez?

¿Cuando jamás tuvo una palabra amable que decirme?

Nash me observaba como si acabara de hacerle daño de verdad. El pulso me latía molesto contra el pecho. Era la primera vez que discutíamos así y no sabía cómo hacerle ver que lo entendía, que sí que me ponía en su lugar, pero que él también debería intentar comprenderme a mí.

Hice el ademán de acercarme para poner fin a esto, pero retrocedió.

—No. Para. —Se apartó negando, queriendo poner distancia entre nosotros—. Vamos a dejar el tema. Yo... necesito pensar.

—¿Qué significa eso?

—Que necesito pensar.

Estaba cerrándose en banda, como hacía cuando nos conocimos. Quise pedirle que no se fuera, que habláramos hasta solucionarlo, pero se dio la vuelta y, para cuando fui capaz de sacarme las palabras de la garganta, ya se alejaba por el pasillo.