Un amigo gratis 6
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—¿Has oído los rumores?

—Buenos días a ti también. —Abrí la mochila para sacar el libro de francés mientras Scott se adueñaba del pupitre de al lado—. ¿Qué rumores?

—Sobre Jayden y Grace.

Siempre había rumores sobre Jayden y Grace.

Eran muy populares. Él, con su físico de deportista —Jayden practicaba atletismo desde niño— y su personalidad arrolladora, se había ganado el corazón de todo el centro, incluido el de los profesores.

Grace también era perfecta: guapa, dulce, simpática e inteligentísima.

Incluso con los problemas que tenía en casa, sobre los que solo unos pocos estábamos al tanto, seguía manteniendo con diferencia la mejor nota media de nuestra clase.

A pesar de todo, estaban lejos de ser la pareja perfecta.

Tenían crisis a menudo y la gente estaba todo el día comentándolas.

En la mayoría de los casos, yo intentaba mantenerme al margen de los rumores, pero había una parte de mí —una, para mi desgracia, bastante poderosa— que seguía notando un cosquilleo nervioso en el estómago cada vez que oía hablar de Jayden. No podía resistirme a tener noticias suyas.

—¿Qué dicen esta vez?

—Que lo han dejado. Definitivamente. Jayden se lo ha contado a Bryan en las pistas de atletismo. Luego Bryan lo ha soltado en el entrenamiento de fútbol y, para cuando Anna, del club de ajedrez, me lo ha dicho a mí, ya se había enterado todo el instituto.

Menos yo. Y Olivia, al parecer. Si la noticia hubiera llegado a sus oídos, no habría tardado nada en escribirme para contármelo.

Metí la mano en la mochila para revisar el móvil, por si acaso. Como si la hubiera invocado, me llegó un mensaje suyo.

OLIVIA

NO TE LO VAS A CREER.

Scott me observaba esperando una reacción por mi parte.

Bloqueé el teléfono prometiéndome que buscaría a Olivia más tarde.

No sabía cómo sentirme. Odiaba que se me hubiera acelerado el corazón.

Odiaba que, de repente, esa parte enamorada y tonta de mí hubiera empezado a tener esperanza. Porque estaba Grace.

Mierda, Grace. Seguro que se había quedado destrozada.

—Tengo que llamarla para ver cómo está —dije en voz alta.

Para mi sorpresa, Scott resopló con indignación.

—Grace está bien —me aseguró—. Le puso los cuernos a Jayden. Por eso él la ha dejado.

¿Qué?

La profesora entró en la clase y no hubo tiempo para más. Los últimos alumnos dispersos acudieron rápido a sus asientos y oí una voz grave y familiar a mi espalda:

—Perdona, ¿está libre esta mesa?

Me giré y ahí estaba.

Jayden.

Jayden, que llevaba desde principios de curso yendo con nosotros a clase de francés y aun así nunca se había acercado a hablarnos, ni mucho menos había querido sentarse a nuestro lado, ahora señalaba el pupitre que estaba a mi izquierda. El de la derecha lo había ocupado Scott.

—Claro —farfullé aturdida. Jayden soltó su mochila sobre la mesa y se sentó. Si hubiera llegado un segundo antes, nos habría pillado hablando sobre él.

Intercambié una mirada con Scott, que parecía tan sorprendido como yo.

Jayden y Grace siempre se sentaban juntos en la última fila.

El grupo de Jayden no estaba en esa clase; todos habían escogido otras optativas.

Grace sí tenía amigas que daban francés y, al mirar hacia atrás con disimulo, la vi rodeada de ellas, en su mesa de siempre.

Era Jayden quien se había cambiado de sitio.

¿Sería verdad que Grace lo había engañado? Se había pasado casi una hora hablándome de lo enamorada que estaba de él y del miedo que tenía de que Jayden la dejara hacía unos días, en nuestra última reunión.

¿Estaría entonces carcomida por la culpa? ¿De ahí que hubiera insistido tanto en los sentimientos que tenía por él?

¿De verdad Grace podía haber sido capaz de hacer algo tan horrible?

—¿Tienes un bolígrafo? —La voz de Jayden me trajo de vuelta a la realidad.

Tardé un segundo en procesar que me estaba hablando a mí.

—Eh... sí, claro. —Abrí el estuche y saqué el primero que encontré; mi única misión era que no me temblaran las manos, o que al menos él no lo notara—. Aquí tienes.

Él lo cogió entre los dedos y comenzó a moverlo nerviosamente, dando golpecitos en la mesa.

—Eleonor —repitió mi nombre, como había hecho el domingo. Sus ojos verdes me estudiaron con atención—. Estabas el otro día en la cafetería.

—Sí —respondí. Con Grace. Ninguno la mencionó—. También estoy en tu clase de francés.

Soltó una risotada.

Yo no estaba intentando ser graciosa.

Era todo nervios.

—Cierto —dijo—. Gracias por el boli.

Se volvió hacia el frente e hice lo mismo.

La señora Jameson abrió las diapositivas y comenzó con la clase.

Entretanto, yo solo sentía el retumbar de mi corazón en los oídos.

Sabía que Scott me estaba mirando —seguramente deseoso de celebrar conmigo esta pequeña interacción, o alucinando, como yo—, pero me obligué a abrir el libro e intentar actuar con normalidad.

Era imposible. Percibía cada movimiento de Jayden con el rabillo del ojo. No podía pensar en otra cosa.

Pensaba en él y en Grace y en que, pese a la reciente ruptura, Jayden tenía buen aspecto.

Llevaba el pelo castaño y corto revuelto, como quien sabe que no necesita esforzarse mucho en cuidar su aspecto porque goza de atractivo natural, una sudadera verde oscuro, unos vaqueros y sus botas negras.

Y olía muy bien. A su colonia de vainilla.

El aroma me impregnó la nariz cuando, a la mitad de la clase, se inclinó hacia mí para preguntarme:

—¿Qué opción has marcado en la segunda? —Estábamos haciendo una hoja de ejercicios.

Procuré no mirarlo. Estaba rígida como un palo.

—La última. —Esperaba que él no notase lo fuerte que estaba agarrando el boli.

—¿Por qué?

—Es una pregunta trampa. Léela otra vez.

Jayden me hizo caso. Ahora sí que lo miré. Atisbé en su rostro el momento exacto en el que entendió cuál era el truco.

—Chica inteligente —me halagó mientras marcaba la casilla. Las mariposas de mi estómago se agitaron con ganas.

Siguió haciéndome preguntas del estilo hasta que sonó la campana.

Era un alivio que fuera sobre un tema que controlaba: me encantaba el francés, por eso lo había escogido como optativa.

Cuando todos nuestros compañeros empezaron a levantarse, guardé mis cosas en la mochila y me preparé para irme con Scott, que seguro que estaba deseando interrogarme acerca de lo que Jayden y yo habíamos hablado.

No había sido nada fuera de lo normal, claro, pero él no había podido oírlo desde su mesa. Sentía sus ansias de cotilleo desde donde me encontraba.

También estaba segura de que se moría de ganas de contárselo todo a Olivia.

Vi a Grace al ponerme de pie. Se dirigía a la salida con sus amigas, que hacían un escudo a su alrededor. Le dediqué una sonrisa forzada. No tenía buen aspecto.

Ella no me devolvió la mirada.

No tenía claro si me apetecía llamarla luego.

Quería escuchar su versión de los hechos.

Sin embargo, si lo de que había engañado a Jayden resultaba ser verdad, iba a sentirme muy decepcionada.

Había visto de primera mano —cuando Nash se había sincerado conmigo en el pasillo— el dolor que provocaba una infidelidad.

—¿Nos vamos? —le propuse a Scott, que aún estaba recogiendo sus cosas.

Pero su mirada, entre confundida y asombrada, estaba fija en un punto a mi espalda.

—¿Eleonor?

Jayden me tocó el brazo.

—¿Sí? —Me giré casi por inercia.

—¿Por casualidad tendrás un rato libre alguno de estos días?

El viernes tenemos el examen de francés y la verdad es que me vendría bien ayuda para preparármelo.

—Jayden sujetaba la correa de su mochila con una mano.

Se pasó la otra por el pelo—. A este paso, creo que voy a suspender.

Y está claro que la asignatura se te da genial.

Hoy me has chivado un montón de respuestas.

—¿Quieres que te ayude a estudiar? —Me costaba creer lo que oía.

—Solo si no te importa. Imagino que estás muy ocupada, entre las clases y tu asociación. —Me miraba atentamente a los ojos—. Podemos vernos en la biblioteca. ¿El lunes en la hora libre? ¿Te viene bien?

—Claro —contesté enseguida.

—Genial. —En la boca de Jayden se dibujó una sonrisa—. Nos vemos, chicos.

Salió de la clase y lo perdimos de vista. Scott esperó unos segundos antes de tirar de mí para sacarme al pasillo mientras, todavía aturdida, yo preguntaba:

—¿Qué acaba de...?

—Jayden estaba ligando contigo.

Lo miré como si lo hubieran abducido los extraterrestres.

—Eso no es verdad.

Solo que en el fondo sabía que sí lo era.

Y Scott también.

—Jayden estaba ligando contigo —repitió—.

Por eso se ha sentado a tu lado, por eso se ha pasado toda la clase tratando de llamar tu atención y por eso te ha dicho lo del lunes.

He visto a ese tío hablar francés, Eleonor.

Controla perfectamente la asignatura. Solo quería una excusa para invitarte a estudiar y pasar tiempo a solas contigo —me explicó—. Y tú le has dicho que sí.