27
L ucy
La cena de ensayo se celebra en el restaurante favorito de mi madre en Boston.
Esta noche, mi pelo y mi ropa han vuelto a la «normalidad».
Que mi madre haya entrado en mi habitación a primera hora de esta mañana para ver qué llevaba puesto y me haya preguntado, como dejándolo caer, cómo me iba a peinar no me ha hecho sentir mejor respecto a mi elección de vestuario de anoche.
Pero que Hunter no pudiera quitarme las manos de encima sí que lo consiguió, sin duda.
—Bueno, Lucy, ¿cuándo vas a regresar a Boston? —pregunta Yvonne, la amiga más antigua de mi madre. Nos hemos encontrado todos en el pequeño bar del restaurante antes de sentarnos a la mesa. Hunter está al otro lado del local con los padres de Ed, y apenas lo he visto.
—¿Te refieres a después de la boda? —pregunto, desconcertada.
Se ríe tan fuerte que juraría que todo el restaurante se ha vuelto para mirarnos.
—No, tonta. Me refiero para siempre. Tienes que encontrar a tu marido y traerlo contigo a Massachusetts. Como tu hermana.
—Katherine nunca se fue de Massachusetts.
—Exacto. Antes de que te des cuenta, ya habrás cumplido los treinta. Nueva York no es para gente que ha pasado de los treinta.
De repente me doy cuenta de que todo el mundo espera que regrese a casa, que no solo mi madre confía en ello. Todos dan por hecho que eso es lo que va a pasar. La idea me sienta como un puñetazo en el estómago. No se me ocurre nada peor que irme de Nueva York. Es mi refugio.
—Me gusta Nueva York.
—Ay, me encanta ir a ver los espectáculos. No hay nada mejor que Broadway para los musicales. ¿Pero para vivir? —Se estremece al oír sus propias palabras—. Y el tráfico. ¿Y dónde hay zonas verdes?
—Tenemos Central Park.
Se ríe como si yo fuera Jerry Seinfeld en su mejor momento.
—Lo digo en serio. No querrás criar a tus hijos sin espacio para que jueguen.
—Bueno, de momento no tengo planes de tener hijos.
—Sí, cariño, pero algún día los querrás, y te apetecerá que estén cerca de sus abuelos, ¿no? Podrás pasar los fines de semana en Cape Cod. Solo necesitas al hombre adecuado para que eso sea posible.
¿Es eso lo que todo el mundo ha estado esperando? ¿Que entre en razón y regrese a Boston?
Mi padre anuncia que nuestra mesa está lista y que debemos sentarnos.
Me dirijo al extremo opuesto al de mis padres, pero todos encuentran sitio antes que yo.
Somos unos veinte y, al final, hallo un sitio en el medio.
La silla de al lado está libre y miro a mi alrededor en busca de Hunter.
Lo veo venir hacia mí, pero justo cuando le hago un gesto con la cabeza hacia el asiento vacío de al lado, el tío Ralph se deja caer en él.
Es muy frustrante tener a Hunter tan cerca y, sin embargo, no poder estar solos los dos. Se sienta frente a mí e intercambiamos lo que parece una sonrisa cómplice.
Todos ocupan sus sitios: los padres de Ed se sientan en las dos sillas de un extremo de la mesa y mis padres, en el otro.
Quizá sea cosa mía, pero ¿no deberían estar Ed y Katherine en la cabecera de la mesa?
¿O tal vez sea porque son los padres quienes organizan esta cena?
Me parece que el protagonismo debería recaer en la feliz pareja.
Mi padre se levanta y hace tintinear el tenedor contra su vaso de agua.
—Solo unas palabras antes de que llegue la comida.
Ha sido un placer que Ed se haya convertido en parte de la familia durante estos últimos años.
Katherine es una hija tan dulce y especial que nunca pensé que hubiera un hombre digno de ella, pero lo ha encontrado en Ed.
Enhorabuena al señor y la señora Franklin por haber criado al hijo perfecto para nuestra hija perfecta.
Intento no poner los ojos en blanco ante la descripción que hace mi padre de su hija perfecta.
Katherine es la perfecta. Yo soy la imperfecta.
Así es como nos distingue a las dos. Alguien me da una patadita en el pie debajo de la mesa.
Levanto la cabeza de golpe y veo a Hunter sonriéndome—.
¿Hay algo que quieras decir, cariño? —le propone mi padre a mi madre, que niega con la cabeza, pero se pone de pie de todos modos.
—Solo quería decirte, Katherine, que estamos muy felices por ti. Has encontrado a tu señor Bingley, cariño. Y con toda la razón. Eres una hija amable, cariñosa y entregada, y sé que serás una esposa maravillosa.
Todo el mundo aplaude. Me pregunto si soy la única que piensa que ese brindis ha sido…
que algo no encajaba. Todo ha girado en torno a Katherine y a su papel como hija y esposa.
No a quién es en el fondo. Katherine es amable y cariñosa.
Pero no es solo una hija. Quizá estoy siendo demasiado sensible.
Llevar estos últimos días bajo el mismo techo que mi madre me está volviendo loca poco a poco.
Por suerte, los padres de Ed se saltan los discursos y se sirven los aperitivos. Hunter está sentado junto a la mujer del tío Ralph, mi tía Maude. Es, literalmente, mi idea del infierno. Ralph está casi completamente sordo, y su mujer compensa con creces su silencio.
—He oído que eres amiga de Ed —comenta Maude.
Persigo una gamba por mi plato e intento mantener la cabeza gacha por si alguien me lleva de nuevo a una conversación sobre volver a Boston. Pero, obviamente, estoy escuchando la conversación de Hunter con Maude.
—Así es. Nos conocemos desde hace mucho tiempo. ¿Eres la hermana de la señora Jones?
—Sí. Somos como dos gotas de agua. No como Katherine y la pobre Lucy.
—Inspiro hondo y pincho una gamba con el tenedor.
—Hunter se limita a asentir y le da un sorbo a su vino—.
Mi hermana y yo lo hacíamos todo juntas.
Incluso salimos con dos hermanos a la vez una vez.
Y teníamos los mismos intereses. La misma visión de la vida.
Nunca ha habido dos hermanas más unidas.
—Pero Katherine y Lucy están unidas —replica Hunter.
Maude lo piensa un momento.
—Sí, supongo que sí. Pero son más como primas que como hermanas.
Son muy distintas. Katherine es muy hogareña, una persona muy cariñosa.
—La mirada de Hunter se desliza hacia mí, y finjo no haber oído nada.
Pero lo he oído, y mis mejillas se sonrojan intensamente.
Mastico mi gamba como si estuviera hecha de melaza.
—¿Está bueno? —le pregunto al tío Ralph, que parece haber elegido la opción vegetariana. Intento distraerme del veredicto demoledor de la tía Maude sobre mi carácter.
—Comida, sí, claro que es comida. ¿Acaso crees que iban a servir ladrillos? —espeta.
Suspiro y me vuelvo hacia mi izquierda. Es un miembro de la familia de Ed que parece absorto en una conversación con quienquiera que esté a su izquierda. Me quedo en medio, escuchando cómo la tía Maude le dice al chico con el que me acuesto que no soy cariñosa.
—Lucy nunca ha sido… Bueno, está claro que no es tan inteligente como Katherine —dice Maude mientras yo sigo encogiéndome en mi silla.
—Pero es asistente jurídica, ¿no? —pregunta Hunter con toda la delicadeza del mundo.
—Sí, pero, sinceramente, no tengo ni idea de qué hace. Creo que esa gente solo se dedica a triturar papel. ¿Te acuerdas de esas enormes papeleras trituradoras? Apuesto a que tritura un montón de papel. Nunca se le dio bien estudiar.
—Tía Maude, sabes que puedo oírte, ¿verdad? —pregunto.
—¿Qué pasa? —replica, indiferente—. Solo digo que nunca se te dio bien el colegio.
—Saqué un doce con nueve en Selectividad.
—¿En serio? —se sorprende—. Pero ¿qué nota sacó Katherine?
Suspiro.
—Trece con uno.
—Ahí lo tienes. Katherine era más estudiosa. Pero era de esperar. Es más organizada que tú. ¿Te acuerdas de aquella vez que te olvidaste de sacar al gato y destrozó las cortinas de tu madre?
—Tenía trece años.
—El gato hizo trizas esas cortinas. —Mi tía se echa hacia delante e intenta llamar la atención de mi madre, que está sentada a la cabecera de la mesa—. ¿Te acuerdas de cuando Lucy se olvidó de dejar salir al gato?
Mi madre da un gritito.
—Ay, Dios mío. Esas cortinas eran carísimas y ahora están destrozadas. —Niega con la cabeza—. Pero yo no debería haber confiado en Lucy. Fue culpa mía.
—Estoy haciendo una lista —interviene mi padre—. Tu marido recibirá una factura cuando por fin te cases con todas las cosas que has estropeado y todos los desastres que hemos tenido que arreglar. —Se ríe entre dientes, y mi madre se une a él.
Soy el hazmerreír de la familia.
—Siempre he dicho que ibas a dar un montón de problemas, Lucy. Lo supe desde que te di a luz.
Suspiro. No quiero que me cuenten que lloré nada más salir del útero. Ya basta. ¿Puedo levantarme de la mesa sin que la gente piense que estoy montando un escándalo? A veces me canso de ser el chiste de la familia, la más débil de la camada, la chica que nunca consigue salir adelante.
—Yo no veo a Lucy así en absoluto —interrumpe Hunter—
. Quizá sea porque no la conocí de pequeña.
Pero como mujer, no es la persona que describes.
En absoluto. —Se me alegra el corazón al ver cómo sale en mi defensa.
Katherine me apoya, pero Hunter no tiene nada que ver en todo esto.
No tiene por qué ponerse de mi lado de esta manera—.
Es una persona muy respetada en su trabajo.
Es amable y abnegada. Guapa. Positiva. Quiere que todos los que la rodean sean felices. Creo que es… maravillosa.
Hunter se vuelve hacia mí y me sonríe. Su sonrisa rebosa calidez y alegría, y me siento muy agradecida de que esté aquí, defendiéndome, de mi lado.
—Bueno, claro que ahora está mucho mejor —comenta mi madre—. Pero ella y Katherine siguen siendo como el día y la noche. ¿Has visto lo que se puso para salir el miércoles por la noche?
A Hunter se le iluminan los ojos y asiente. Le está respondiendo a mi madre, pero me está mirando fijamente igual que lo hizo el miércoles, con los ojos llenos de fuego y deseo.
—Katherine está preciosa —digo, rompiendo la mirada de Hunter—. Y estoy deseando verla de novia.