Un acuerdo inocente 26
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L ucy

Katherine lleva de mal humor desde que entramos en el coche.

—Es que no sé por qué no puedo quedarme con mi prometido esta noche.

—Sí que puedes. ¿Quieres que le pida al conductor que dé la vuelta?

—Pero mamá se va a enfadar mucho. Dice que quiere ir a ver cómo están las flores a primera hora.

Suspiro; aún siento las manos de Hunter alrededor de mi cintura, su muslo entre mis piernas mientras bailábamos juntos.

Aún escucho en mi mente las cosas que me ha susurrado al oído.

Me ha dicho que quería subirme el vestido y empotrarme contra la pared.

Ha pegado su erección contra mi cuerpo y me ha dicho lo mucho que le gusta estar dentro de mí.

—¡Lucy! —exclama Katherine, sacándome de mis pensamientos.

—Lo siento, sí, ya sé que quiere que vayamos a ver cómo van las flores.

—Y seguro que nos estará esperando despierta. Cuando entremos estará en la cocina, preparándose un chocolate caliente o algo así.

—Probablemente.

—Pero yo quiero quedarme con Ed.

—Lo sé. —Agradezco que Hunter no me haya pedido que me fuera con él.

No creo que hubiera sido capaz de decir que no.

Lo último que quiero es dormir en mi habitación de adolescente, mirando fijamente el nuevo papel pintado que mi madre ha puesto allí, que es una explosión de faros y conchas marinas. Es horroroso.

—¿Por qué nos esforzamos tanto para que mamá esté contenta? —pregunta.

—Porque sabemos que, si mamá no está contenta, la vida es un infierno —contesto, cogiendo la mano de Katherine entre las mías.

—Así que todos le seguimos el juego para asegurarnos de que la vida sea tal y como ella quiere.

Nunca lo había pensado, pero Katherine tiene razón. Todos cedemos ante ella. Incluso mi padre.

—Sí. Supongo que así es más fácil.

—Cuando me case, tendré que anteponer lo que Ed y yo queramos. ¿Crees que lo entenderá?

Me encojo de hombros. Sinceramente, no creo que el que Katherine se case vaya a cambiar las expectativas de nuestra madre de salirse con la suya.

—Creo que será mejor cuando te mudes. ¿Ya lo sabe?

Katherine niega con la cabeza.

—No, quiero dejarlo para después de la boda.

No quiero arriesgarme a que haya una gran discusión antes.

Creo que le daré algunas pistas mientras estemos de luna de miel.

Quizá incluso le envíe algunos enlaces a sitios de la zona donde nos gustaría vivir.

—Echa la cabeza hacia atrás sobre el reposacabezas y la gira para mirarme—.

Hiciste bien en largarte a Nueva York. Te escapaste.

—No me siento como si me hubiera escapado. La verdad es que no. —Hay un momento de silencio entre nosotras.

—A la mierda —masculla Katherine—. Somos mujeres adultas. Si queremos llegar a las tres de la madrugada o incluso a las seis, eso es lo que haremos. Quiero irme a follar con mi prometido. Conductor, ¿puedes llevarnos al Harbor Inn ?