Un acuerdo inocente 25
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L ucy

Me he tomado toda la semana libre en el trabajo para volar a Boston y echar una mano con los preparativos de última hora, y para apoyar a Katherine en sus últimos días como mi hermana soltera. La gente está empezando a llegar a la ciudad para los cuatro días de celebraciones.

Si me caso, estoy segura de que mi madre no se tomará la molestia de organizar una fiesta de cuatro días. Y tampoco puedo decir que vaya a lamentarlo. Katherine parece más estresada de lo que debería, teniendo en cuenta que todo el mundo se va a reunir para celebrar su boda con Ed.

—¿Estás lista? —me pregunta Katherine al irrumpir en mi habitación—. Ya sabes que el coche estará aquí en cinco minutos.

—Sí, estoy lista. —Al menos eso creo. Normalmente me recojo el pelo para ir al trabajo y me lo dejo suelto y liso cuando salgo.

Katherine ha heredado el gen del pelo brillante y, por mucho que lo intente, el mío nunca queda tan sedoso como el suyo.

Pero esta noche he aceptado mis rizos. El otro día compré un producto para realzarlos y esta noche me lo he puesto y me he atrevido a ir así.

Mi pelo no es muy rizado. Es una especie de ondulado intermedio que no es ni una cosa ni otra.

Estoy acostumbrada a luchar contra su textura, pero hoy, por primera vez desde que descubrí las planchas para alisarlo, lo acepto tal y como es.

—Vaya, me encanta tu pelo —dice Katherine—.

Es muy… —Se me hace un nudo en la garganta mientras se esfuerza por encontrar las palabras adecuadas.

¿De verdad le cuesta tanto dar con un cumplido?

—. ¡Shakira! En eso estaba pensando. Eres una Shakira de pelo oscuro.

—Mejor Shakira que la cantante de una banda de rock de los ochenta.

Me levanto y Katherine se queda boquiabierta—.

Estás preciosa. Diferente de lo habitual, pero sexy.

Echo un vistazo al vestido nuevo que me he comprado por capricho esta misma semana.

Normalmente no es la clase de prenda que elegiría.

Y, sinceramente, si se tratara de la cena de ensayo multigeneracional, esta noche no me lo pondría.

Pero mis padres van a salir con los mayores mientras nosotros salimos con sus hijos.

Mi vestido es de color nude y más ceñido de lo que suelo llevar, con tirantes finos y un dobladillo que, sin duda, me tapa el trasero, pero que no me llega a medio muslo.

—¿Demasiado sexy? —Levanto la vista hacia Katherine, que lleva unos pantalones blancos de lino y una bonita camisola.

—Para nada —responde ella—. Esta noche solo vamos a estar los amigos pasando el rato. Los jóvenes. —Parece emocionada. Como si, por primera vez en mucho tiempo, se hubiera librado de la presión—. ¿Tienes ganas de ver a Hunter?

Esa pregunta me hace sonrojarme. Ver a Hunter es en lo único en lo que he podido pensar en todo el día. Será la primera vez que estemos juntos desde que quedamos para comer antes de que yo volara a Massachusetts. Es el período más largo que he pasado sin él desde que nos convertimos en… algo.

—Claro —respondo, intentando parecer indiferente.

—¿Os veis los dos en algún otro momento aparte de a la hora de comer?

—Claro —repito. Tengo que obligarme a irme a casa cada dos noches en lugar de quedarme en su piso.

Si estoy en su cama, no dormimos mucho y todavía tengo que rendir en el trabajo.

Pero incluso cuando estamos en pisos diferentes, es como si nunca estuviéramos separados.

Cuando no estamos juntos, mi cabeza está centrada en él.

Mi cuerpo todavía puede sentirlo. Es como si siempre estuviera conmigo.

—¿Ya os habéis acostado?

—Claro —repito una vez más, y cojo el bolso de mano que he dejado encima de la cama de mi infancia. Referirme a ello como «sexo» no parece suficiente. He practicado sexo antes, pero no como el que Hunter y yo compartimos.

—Estás siendo muy reservada con todo —dice ella—. Normalmente me hablas de tus novios.

—O de la falta de ellos —replico cuando salimos de mi habitación.

—Y ahora que por fin tienes algo que contar, te quedas callada. —Katherine sube las escaleras antes que yo.

—No es que me lo calle, es solo que… los dos estamos muy ocupados y tampoco es que vivamos pegados el uno al otro.

— Eso no es del todo cierto. Nos vemos para comer siempre que podemos.

El jueves, Hunter estaba hasta arriba de trabajo, pero le compré un bocadillo y se lo llevé a su despacho.

Le di un beso en la frente y él pegó a su lado mientras continuaba con su conferencia telefónica.

Solo fue un minuto, o quizá dos, pero fue suficiente.

Suficiente para aguantar hasta volver a verlo—.

Y, de todos modos, esta semana se trata de ti, no de mí y de Hunter.

—Quizá pronto se trate de vosotros dos. Nunca se sabe. Ed jura que Hunter solo necesita encontrar a la mujer adecuada para equilibrarlo.

—¿Equilibrarlo?

—Sí, bueno, ya sabes que a veces puede ser un poco gruñón. —Katherine ladea la cabeza para mirar por la ventana—. Ya ha llegado el coche. ¡Adiós, mamá!

Mi madre aparece de la nada.

—No lleguéis demasiado tarde. Mañana tenemos que madrugar y… ¡Dios mío, Lucy! ¿Qué llevas puesto? —Me mira de arriba abajo—. ¡Y tu pelo! —Arruga la nariz como si fuera basura de una semana. Quizá debería cambiarme. Tengo más conjuntos…

—Está estupenda, mamá. Hasta luego. —Katherine abre la puerta de un tirón, me coge de la mano y me lleva a rastras hacia el coche.

—¿Estoy muy mal? —le pregunto cuando nos acomodamos en el asiento trasero.

—Estás muy sexy —me corrige Katherine.

—¿Quizá debería cambiarme? Tengo unos pantalones de lino azul marino como los tuyos que podría ponerme.

—No te lo voy a permitir. Estás increíble. No le hagas caso a mamá. —Me aprieta la mano—. Fisherman’s Quay , por favor —le pide Katherine al conductor de Uber, que sabe perfectamente adónde vamos.

Hemos quedado en llegar un poco antes que los demás para poder comprobar la disposición de las mesas y colocar las tarjetas con los nombres en los sitios correctos.

El restaurante que hemos elegido está a orillas del mar y tiene un club justo al lado, así que no tenemos que preocuparnos por los tacones para llegar a donde vamos a ir a bailar.

Cuando llegamos, Ed y Hunter nos están esperando fuera del restaurante.

—¿Sabías que iban a venir? —le pregunto.

—No, pensaba que Ed iba a llegar tarde —responde ella, radiante.

Hunter abre mi puerta, me coge de la mano y me ayuda a salir. Sus ojos azules brillan cuando su mirada se posa primero en mi rostro y luego desciende hacia lo que llevo puesto.

Se limita a asentir, desliza la mano por mi cintura y mis caderas, y me pega a él para darme un beso .

—¿Estás intentando matarme con ese vestido? —me susurra al oído.

Quizá lo he elegido para asegurarme de tener toda la atención de Hunter. Hasta ahora, solo nos hemos visto para comer, tomar algo o cenar antes de irnos a su casa. Esta noche es la primera vez que tendré que compartir su atención, y no puedo decir que me haga mucha ilusión esa parte de la velada.

—¡Vaya! —exclama Katherine a nuestra espalda, al volverme, me encuentro con ella y con Ed, que nos están mirando—. Vosotros dos parecéis muy… —Frunce el ceño—. Muy pareja.

Hunter me coge de la mano y entramos todos en el restaurante.

—¿Ya os habéis registrado en el hotel? —le pregunto a Hunter cuando ocupamos los asientos que nos han asignado, uno al lado del otro.

—Lucy, ¿quieres sentarte a mi lado? —pregunta Katherine—

. Aquí no hay nadie. Puedo cambiarte de sitio sin problema.

—Me da igual. —Le estrecho la mano a Hunter. Siempre que esté junto a Hunter. Lo pienso, pero no lo digo.

—Hunter, ¿quieres sentarte al lado de Ed? O, como eres el padrino, quizá podrías sentarte a mi lado, y Lucy podría sentarse al lado de Ed. Así estaríais uno frente al otro.

Quiero mucho a mi hermana y estoy muy agradecida de que haya conocido a alguien como Ed, que sé que siempre la cuidará y hará todo lo posible para asegurarse de que sea feliz.

Pero, justo en este momento, la odio. Solo quiero sentarme codo con codo con Hunter.

Disfrutar de ese aroma masculino y amaderado que desprende y saber que está haciendo todo lo posible por evitar deslizar su mano por debajo de mi vestido.

—No pasa nada —digo, esbozando mi mejor sonrisa falsa. Hunter se ríe entre dientes a mi lado, y sé que él sabe que estar sentada frente a él es cualquier cosa menos «No pasa nada» .

—¿Me reservas un baile más tarde? —me pregunta al levantarnos.

—Más te vale que no bailes con nadie más —le espeto. Nos separamos y nos sentamos de nuevo uno frente al otro.

—Creo que también voy a cambiar de sitio a Gary y a Melinda —dice Katherine—. Pueden ir al fondo. ¿No?

—No me importa dónde se sienten Gary y Melinda — respondo, mirando de reojo a Hunter, que no me ha quitado los ojos de encima desde que nos sentamos.

—¿No te importa? —pregunta Katherine, con la voz ligeramente más aguda de lo habitual.

—La verdad es que no. Todos se conocen de la fiesta de compromiso. Esta noche no vendrá nadie que se sienta desplazado. Todos lo pasarán genial siempre y cuando tú lo pases genial. —La sonrisa pícara de Hunter llena mi visión periférica—. Tomemos un cóctel.

—Vale, gracias, Buda —replica Katherine—. ¿Quién te ha nombrado Reina de la Tranquilidad?

Echo un vistazo a Hunter y los dos intentamos no echarnos a reír. ¿Estará pensando lo mismo que yo? Que un sexo tan bueno como el que disfrutamos los dos relajaría a cualquiera.

—Ya sabes que, si estoy relajada, no hay nada de qué preocuparse.

—Tienes razón. No hay nada de qué preocuparse.