Un acuerdo inocente 24 #2
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24 #2

—Quiero ver cómo te corres. —Muevo la mano para alcanzar su miembro, pero él se aparta, negando con la cabeza— .

Déjame a mí. Quiero descubrir todas las formas en las que puedo tocarte para que te sientas bien.

—Gimo ante sus palabras, sus dedos en mi interior y su pulgar—.

¿Te gusta? Me encanta explorar tu cuerpo, tu mente.

Quizá incluso tu alma de vez en cuando. —Sus dedos empiezan a moverse con rapidez y yo me aferro a las sábanas.

No sé si es porque está mirando mi cuerpo, expuesto ante él como si estuviera inspeccionando su última adquisición, o si son sus dedos o sus palabras, pero estoy tan excitada que ya noto cómo el clímax empieza a crecer de nuevo—.

Pero no quiero que me guste demasiado. Todavía no.

—Retira la mano y yo gimo al perder el contacto.

Entonces coge los dos dedos que han estado dentro de mí y se los lleva a la boca—.

Delicioso. Quiero más. —Se pone entre mis muslos y yo doblo las piernas.

Me las separa de golpe y quedo expuesta ante sus ojos—.

Dios, qué bonito. Y qué mojada estás. Qué preparada para mí.

Gimo cuando su lengua entra en contacto con mi clítoris. Su aliento cálido, su lengua ágil y sus dientes se combinan para hacerme palpitar y estremecerme. Arqueo la espalda; estoy abrumada por cómo parece saber exactamente cuánta presión aplicar, cuál es el ritmo perfecto…

—¡ Hunter! —grito .

Se aparta y noto el aire fresco en mi sexo.

—Joder. Tengo que estar dentro de ti. —Coge un condón de la mesilla y lo abre de un tirón—.

Estoy a punto de correrme solo con saborearte.

Solo con oír tus gemidos. —Se pone el condón y me penetra con rapidez—.

No me canso de ti. —Sus brazos me envuelven mientras me penetra, y la sensación de plenitud despierta una parte diferente de mi clímax.

Muevo mi cuerpo para que estemos sincronizados.

El sudor brilla en su cuerpo, haciéndolo parecer más un dios que un hombre mientras se yergue sobre mí.

Lo único en lo que puedo pensar es en que no quiero que esto se acabe—.

Dime qué estás pensando —jadea, apenas capaz de articular palabras.

—Me haces sentir tan bien. Quiero follar así todos los días. —Mis palabras salen entrecortadas, pero no tengo más remedio que decírselo.

—Como si encajáramos. Como si fuéramos perfectos juntos.

—Me estremezco ante esa idea; abrimos los ojos de par en par y nos sumergimos en el éxtasis exactamente al mismo tiempo.

Se derrumba encima de mí, con su torso cubierto de sudor pegado al mío, jadeando, agotado, saciado.

Su peso me hace sentir segura y arropada y, sí, como si fuera perfecto para mí.

Lo rodeo con mis brazos y mis piernas—. Joder, Lucy.

Si hubiera unas Olimpiadas del sexo, seguro que nos llevaríamos el oro.

—Mi estómago hace un ruido gorgoteante y me echo a reír—. ¿Has sido tú?

—Nos hemos saltado la cena, ¿te acuerdas?

—Déjame coger el móvil. Podemos pedir algo.

Apoyo la cabeza en la mano y él busca su móvil.

Tiene un culo precioso. Una espalda preciosa. Un pene estupendo.

Debe de notar que lo estoy mirando, porque me echa un vistazo de reojo.

—¿Qué?

Me encojo de hombros.

—Solo te estoy contemplando.

—¿Quieres que follemos otra vez antes de que llegue la comida?

Aunque debería estar agotada y sin fuerzas, de alguna manera se vuelve a despertar el deseo en mi interior.

—Quizá…

—Por Dios. Pidamos ya, o vamos a ponernos a ello otra vez y te vas a morir de hambre antes de que llegue la comida.

—Me parece bien —acepto.

—A menos que quieras salir —propone, con una expresión que no acabo de entender—. Quiero decir, no quiero que pienses que esto es solo… Ya sabes, se suponía que íbamos a cenar, y solo hemos podido tomar una copa y…

—Sé que esto no es solo sexo —suelto sin pensar. Tenía que decirlo. Tenía que poner las cartas sobre la mesa, casi como si fuera un desafío.

—Claro que es más que eso. —Me da un beso en la cabeza—

. Pero el sexo es fenomenal.

—Claro —respondo—. El sexo es genial.

Me incorporo en la cama, con las piernas cruzadas para que pueda ver lo que hay entre mis piernas.

—Déjame pedir algo que tarde al menos cuarenta minutos. —Me recuesto, observándolo mientras teclea frenéticamente en su móvil, una y otra vez; cuando acaba lo lanza por encima de su hombro—. La comida está en camino. Mientras tanto…

Me agarra por un tobillo y me lleva hacia el borde de la cama.

Su pene se yergue ante mí, y yo estoy justo a la altura perfecta. Le cojo las manos y se las pongo sobre mi cabeza. Quiero que tome de mí lo que necesite.

Doy vueltas con la lengua por la base de su miembro y subo hasta la punta. Él gime y noto una nueva humedad entre las piernas al escuchar el sonido de su placer, de mi poder sobre él. Quiero más.

Me echo hacia atrás en la cama y me doy la vuelta para quedar boca arriba, con la cabeza echada hacia atrás sobre el borde del colchón. Levanto la vista hacia él y sus ojos brillan intensamente. Levanto las rodillas y las dejo caer a un lado antes de deslizar la mano entre mis muslos.

—No —espeta con voz atronadora—. Eso es mío.

—Me agarra la muñeca y se mete mis dedos en la boca, chupando mi humedad.

Es desenfrenado, obsceno y sexy. El sexo nunca había sido así con nadie, sin barreras ni vergüenza.

Entre nosotros solo está aquello que nos hace sentir bien el uno al otro.

Me lo llevo hasta el fondo de la garganta.

Él se echa hacia delante sobre la cama y me toca.

Sus dedos se deslizan entre mis pliegues mientras se introduce en mi boca, con suavidad pero sin tregua—. Joder, Lucy. Joder. Joder. Joder.

Sé lo que está pensando. Es demasiado. Es demasiado bueno. Y quiero más.

Mueve los dedos una y otra vez, y su pene entra y sale de mi boca. Llega tan profundo que no sé si podré aguantar mucho más, pero cuando se retira, quiero que vuelva inmediatamente.

Estoy enloquecida de deseo por este hombre. Como si fuera capaz de hacer cualquier cosa que él me pidiera. Contoneo las caderas a medida que el placer va aumentando, y sé que estoy perdiendo el control. Son demasiadas sensaciones para poder soportarlas; todo mi cuerpo responde al suyo.

Y es como si lo supiera, porque se aparta, se pone otro condón y vuelve a meterse entre mis piernas.

—Otra vez —dice. Asiento. No estoy segura de cuánto tiempo podré aguantar follando así.

Se desliza dentro de mí, y todo el ruido, toda esa sensación abrumadora, todo el caos desaparecen. Solo estamos Hunter y yo, juntos. Y me parece perfecto.