Un acuerdo inocente 20 #2
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20 #2

—Viene un grupo de Oregón al que, de todas formas, tendríamos que atender.

Así que hemos pensado que, si otras personas se van a desplazar, no podemos dejar de invitarlas también.

¡Y entonces decidimos que, ya que estábamos, mejor invitar a todo el mundo a todas las actividades!

—Katherine sonríe de oreja a oreja. Parece que esto es justo lo que quiere. Pero es mucho.

—Es mi idea del infierno —murmura Lucy, y yo reprimo una sonrisa.

—¿Qué harías tú? —pregunta Katherine—. ¿Fugarte? A mamá le iba a dar algo.

—Por eso nunca me voy a casar —responde Lucy.

—¿Tu madre quería una boda por todo lo alto? —le pregunto a Katherine.

—Claro. Ella cree que es su boda. —Katherine se ríe, pero a mí no me hace gracia. Si todo este absurdo alboroto era lo que ellos querían, vale. Pero ¿y si todo esto es solo para complacer a la señora Jones? Entonces, no me parece bien.

—Siempre y cuando no tenga que casarme con tu madre… —bromea Ed.

—¿Quién eligió el lugar? —digo antes de darme cuenta de que no es asunto mío y de que no tengo por qué meterme.

—Mamá tiene muy buen gusto… —contesta Lucy.

—Y no hay tantos sitios en Boston… —apunta Katherine. Creo que ya tengo la respuesta. No entiendo por qué su madre tiene tanta influencia en sus vidas—. Pero a nosotros nos encanta, ¿verdad? —dice Katherine, mirando a Ed.

—Sí, a mí me parece bien.

Katherine le da un golpecito en broma en la pierna.

—Te parece estupendo. Dijiste que te gustaba.

—Sí —murmura Ed, rascándose la barbilla—. Está bien. Cualquiera de los sitios que vimos habría estado bien. Personalmente, habría preferido el hotel frente al mar.

—Pero no habríamos podido invitar a tanta gente como queríamos. Aun así, es genial estar en el Common.

—Y, como dije en su momento, me habría parecido bien una lista de invitados más reducida. El hotel que hemos elegido está bien, de verdad.

—¿Está bien? —dice Katherine, alzando la voz—. No quiero que te conformes con «bien».

—No quería decir que se conforma, ¿verdad, Ed? — pregunta Lucy, con aire un poco alarmado—. He visto las fotos. El salón de baile que habéis elegido es absolutamente precioso.

—Así es —dice Ed—. Pero no voy a fingir que mi primera opción no era el hotel de la costa. No voy a mentirte para que te sientas mejor por haber aceptado la opción de tu madre.

Hasta ahora, la relación entre Ed y Katherine siempre me había parecido perfecta, y todo esto me pilla de nuevas, aunque quizá no me sienta tan incómodo como Lucy. Aun así me resulta extraño ver a Ed y Katherine discutir. Son perfectos el uno para el otro, como diría Lucy.

—Voy al baño —anuncia Katherine.

Lucy le dedica a Ed una mirada que dice «soluciónalo», pero él la ignora y se vuelve a colocar la servilleta en el regazo.

—Ed… —protesta Lucy, exasperada, antes de ir tras Katherine.

—Lo siento. Ha sido culpa mía —digo—. No debería haber preguntado quién había elegido el lugar.

—No pasa nada —responde Ed—. Tampoco es como si ella no supiera que su madre es un problema.

Ya me había dado cuenta de la extraña dinámica que hay entre Lucy y su madre, pero no se me había ocurrido que Katherine pudiera tener la misma clase de relación con ella.

—Parece que tiene mucha influencia sobre las dos.

—Espero de verdad que no sea cierto lo que dicen de que las mujeres acaban pareciéndose a sus madres…

Suelto una risita.

—Estoy convencido de que no es cierto. No conozco bien a la madre, pero Katherine es encantadora. Es amable y te quiere de verdad. Es solo que su madre se mete en todo.

—Por fin he conseguido que Katherine acepte mudarse de Duxbury. Todavía no se lo ha dicho a su madre, pero espero que un poco de distancia entre ella y su familia nos ayude. Sobre todo cuando tengamos hijos. Si nos quedáramos en Duxbury, creo que me relegarían a ser el tercer padre, la verdad.

Hago una mueca.

—Lo siento, tío.

—Es que es demasiado. Y los dos estamos estresados con la boda.

Intento mantenerme al día con el trabajo, pero Katherine quiere que le preste muchísima atención: quiere que vaya a esta reunión, a aquella cata y a otra reunión con la florista.

Si no saco tiempo para eso, su madre se encargará de todo y la boda no se parecerá en nada a lo que yo había imaginado.

Quiero que esta sea nuestra boda, y no la boda que ella haya organizado con su madre.

Parece muy estresado. Quizá que yo me haya centrado tanto en mi propio estrés en Portis ha hecho que no me haya parado a darme cuenta de que mi amigo y compañero también está sintiendo la presión.

Me da pena. Es evidente que están pasando muchas cosas de las que no me he percatado.

Tal vez solo haya estado intentando hacerlo lo mejor que ha podido.

Tira la servilleta sobre la mesa.

—Disculpa. Tengo que ir a arreglar esto.

—Por supuesto. —Mientras se dirige al baño, Lucy viene en dirección contraria. Intercambian unas breves palabras y, a continuación, Lucy regresa a mi lado—. ¿Cómo está? — pregunto.

—Estresada. Mi madre lleva soñando con el día de la boda de Katherine desde que nació. Tiene elegidos los cubiertos desde que cumplió dieciséis años.

—He metido la pata. No hablemos más de la boda esta noche. Disfrutemos de la cena sin más. Es culpa mía. No debería haber mencionado a tu madre.

Me pasa la mano por la pierna. Bajo la vista y vuelvo a levantarla hacia Lucy.

—Lo siento —dice. Intenta apartar la mano, pero yo le pongo la mía encima para que la deje ahí.

—No te disculpes. —Lucy suspira y está a punto de añadir algo cuando nos interrumpen Katherine y Ed—. Creo que todos necesitamos más cócteles —propongo—. ¿Qué os parece una ronda de margaritas?

—Me parece genial —aprueba Ed.

Katherine ha recuperado su sonrisa habitual y me siento aliviado. Pedimos la comida y más bebidas, y todo vuelve a la normalidad. Menos mal.

—¿Os habéis visto mucho últimamente? —pregunta Katherine.

Las dos nos reímos, y no estoy muy seguro de por qué. ¿Porque nuestra mentira nos parece un terreno más seguro que la verdad de Ed y Katherine? Quizá.

—Hemos comido juntos unas cuantas veces —responde Lucy.

—No paramos de quedar para cenar, pero siempre acabamos cancelándolo —añado—. Uno de los dos siempre se queda atrapado en la oficina.

—Tenéis que sacar tiempo el uno para el otro —nos advierte Katherine.

—Es difícil —se lamenta Lucy—. He estado muy ocupada, y Hunter tiene… Bueno, ya sabes cómo es, Ed. Cuando tienes tu propio negocio, siempre va a ser una prioridad. —No sé si se lo está diciendo expresamente a Ed, pero eso es lo que yo entiendo. Le está contando lo comprometido que estoy con Portis.

—¿Te plantearías alguna vez trabajar a tiempo parcial? —le pregunta Katherine a Lucy .

Lucy frunce el ceño.

—No podría mantenerme si trabajara a tiempo parcial.

—No, pero imagina que tu relación con Hunter se volviera más seria. Sin presión, ¿eh? O que conocieras a otra persona. ¿Reducirías tu jornada?

Lucy me mira.

—Te encanta tu trabajo —respondo—. Y te va muy bien, ¿verdad?

Lucy asiente.

—Me encanta. —Levanta la vista hacia Katherine, vacilante—. Últimamente me han valorado mucho.

—Eso es estupendo —aprueba Katherine—. Pero…

—No voy a reducir mi jornada —interrumpe Lucy.

Este sería el momento perfecto para que Lucy le contara a Katherine lo que le ha pasado en el trabajo, pero no aprovecha la oportunidad.

—Lo único que te pido es que no te cierres a esa idea — insiste Katherine—. Nosotros nos sentimos mucho menos presionados desde Navidad. Eso nos quita parte del estrés.

Me pregunto si que Lucy y yo finjamos ser pareja es una mentira tan grande como lo que Katherine nos está contando ahora.

Ella nos está mostrando una imagen perfecta, pero hace diez minutos estaban teniendo una discusión.

Y las dos han reconocido sentirse presionadas, trabajando a tiempo parcial o a jornada completa.

—Me estoy centrando en el trabajo —dice Lucy, desviando la mirada hacia mí.

No le ha contado a su hermana lo de su conversación con la socia del bufete y me pregunto por qué no se lo cuenta ahora.

Debería estar orgullosa de sí misma, pero, en cambio, se lo está ocultando a Katherine.

No es solo en lo que respecta a nuestra relación donde Lucy no está siendo sincera, y no puedo evitar preguntarme hasta dónde llegan esas mentiras.