18
L ucy
El chef ha preparado un festín con tanta comida del que, distraída como estaba, no me acuerdo de todo.
Sí recuerdo que Hunter me miraba, tenía la mano en mi espalda y en mi pierna…
Ya estamos todos en la playa, luciendo nuestros trajes al estilo Uma Thurman.
Y me he comido un malvavisco de más. Ahora estoy aturdida por el alcohol, la brisa marina y el azúcar.
Necesito tumbarme. Hunter cubre el fuego con arena y todos regresamos a la casa.
El corazón empieza a latirme con fuerza en el pecho.
¿Y ahora qué? Una parte de mí quiere llevar a Hunter arriba a rastras lo antes posible, desnudarlo y montarme encima de él.
Pero otra parte de mí no quiere romper lo que se ha ido gestando entre nosotros estos últimos días.
Es algo nuevo, frágil y precioso, y no quiero que todo se reduzca a sentirnos atraídos el uno por el otro.
Aunque, sin duda, me siento muy atraída por él.
¿Cómo no iba a estarlo? Es perspicaz, amable y paciente.
Además de tener unos abdominales duros como una roca y unos hombros que no puedo dejar de tocar, tan anchos y protectores…
Pero me gusta este chico. Es más que lujuria.
Aunque hay mucha lujuria. Si nos acostamos, ¿no va a cambiarlo todo?
Katherine y yo nos estamos dándonos un abrazo de buenas noches al pie de las escaleras y por el rabillo del ojo, veo a Hunter llenando dos vasos de agua.
¿Es una locura esperar que uno de esos vasos sea para mí?
Me gusta la idea de que esté pensando en mí, cuidando de mí, asegurándose de que esté bien hidratada.
Katherine sube las escaleras y Hunter se acerca a mí con pasos sigilosos.
—He pensado que querrías agua.
Es como si me hubiera regalado una docena de rosas. Le sonrío.
—Gracias. Es muy amable por tu parte.
Se le mueve la comisura de los labios y me tiende un vaso.
—¿Quieres que te lo lleve arriba?
Normalmente, esta sería mi oportunidad para hacer una broma sobre que creo que puedo llevar un vaso de agua yo sola, o que mis pobres músculos femeninos apenas pueden con ello. Pero no lo hago.
—Claro. Gracias —respondo.
Me dedica una sonrisa amable y me hace un gesto para que vaya delante de él.
Cuando entramos en el dormitorio, deja los dos vasos de agua en nuestras respectivas mesillas de noche y luego se vuelve hacia mí.
—¿Quieres ir primero al baño?
Tenía la esperanza de que me volviera a besar.
—Claro —acepto, y entro en el baño para quitarme la peluca y ponerme el pijama.
Si hubiera sabido que las cosas iban a tomar el giro que han tomado este fin de semana, quizá habría metido en la maleta algo más bonito.
Algo un poco más sexy. Aunque tampoco es que tenga lencería sexy guardada por ahí en casa.
Me desmaquillo y me lavo los dientes lo más rápido posible, sin dejar de preguntarme qué estará haciendo Hunter. Quizá se haya quedado dormido.
Sonríe cuando regreso al dormitorio y, cuando paso junto a él, me da un tirón en los pantalones cortos.
—Qué monos.
Me acomodo en mi lado de la cama. La pared de almohadas sigue donde la dejamos.
Pienso en desmontarla, pero decido no hacerlo.
Todo lo que hay entre nosotros parece aún demasiado ambiguo.
Nos hemos besado, nos hemos dicho que no nos odiamos, pero Hunter no ha dado el paso en cuanto nos hemos quedado a solas.
Ni siquiera ha intentado volver a besarme.
Entra en el dormitorio, sin dejar de sonreírme. Se desliza entre las sábanas, parcialmente oculto por el muro de plumas que nos separa.
—¿Te lo has pasado bien hoy? —pregunta, acomodándose para que los dos quedemos tumbados de lado, uno frente al otro.
Asiento, sin saber muy bien qué va a pasar ahora. ¿Vamos a charlar un rato?
—Sí, me lo he pasado genial.
—¿Qué es lo que más te ha gustado?
Si fuera capaz de arquear una sola ceja, eso sería lo que estaría haciendo ahora mismo.
—¿Lo que más me ha gustado?
—Sí. ¿Qué parte del día has disfrutado más?
¿Está buscando que lo halague? ¿Quiere que le diga lo mucho que he disfrutado de su beso? ¿Que lo que más me ha gustado ha sido sentarme en su regazo, con sus manos sobre mi cuerpo, y que nos hayamos confesado que, en realidad, no nos odiamos?
—No creo poder ordenar cuáles han sido mis momentos favoritos de hoy.
—Ah, ¿no? —sonríe. Su tono es burlón, y no entiendo por qué se está conteniendo—. Pues para mí ha sido besarte, sin duda. Y escuchar que no me odias también ha estado entre las mejores cosas de hoy.
Suelto una risita.
—No. No te odio. Bueno, al menos hoy no. ¿Quién sabe lo que nos deparará el mañana?
Me mira fijamente durante un segundo, como si quisiera decir algo más, pero parece que cambia de opinión.
—Sí, siempre hay tiempo para que me odies mañana.
—Coge la almohada que está en lo alto de nuestra pared de almohadas y la lanza al suelo, detrás de él—.
No creo que necesitemos esto. —Me da un vuelco el estómago mientras derriba el muro que nos separa—.
Así está mejor —dice, deslizando la pierna hacia mi lado de la cama; sus dedos de los pies rozan los míos.
En el momento del contacto, mil pensamientos inundan mi mente.
No quiero precipitarme. No quiero que este chico me haga daño.
No quiero tener que lidiar con las consecuencias de no saber cómo gestionar las reuniones familiares cuando Hunter y yo, inevitablemente, rompamos.
Retiro la pierna, y él se da cuenta de lo que estoy pensando—.
Es mucho, lo sé. Sus expectativas. Todos los vínculos que nos unen. Todo podría salir muy mal.
—Sí —asiento—. Es mucho.
—Tampoco es que no quiera que las cosas… vayan más allá. Sí que quiero. Eres preciosa y… me gustas. Creo que me muestras una faceta tuya que poca gente tiene la suerte de ver…
—O quizá tú ves una faceta mía que poca gente puede ver.
—¿Te refieres a que llevo puestas mis gafas de Lucy Jones?
Me río.
—Quizá.
—Me siento como si estuviéramos conectados en un plano que ni siquiera sabía que existía.
—Me doy la vuelta y me tumbo de espaldas porque lo que está diciendo es demasiado.
Y no se trata de que piense que no esté diciendo la verdad, sino de que entiendo perfectamente lo que quiere decir.
Él me entiende. Y yo lo entiendo a él. Mentalmente.
Físicamente. Emocionalmente. No hay mucha gente que me conozca mejor que yo misma, que vea lo bueno que hay en mí después de haber pasado por tantas muestras de lo malo.
—Al menos mañana te librarás de mí. Este fin de semana habrá terminado. Habremos cumplido con nuestro papel y podremos marcharnos hacia el atardecer sabiendo que tu mejor amigo y mi hermana han disfrutado de la despedida de soltero y de soltera que querían.
—Y tú te librarás de mí, que soy tan poco fiable. Que me olvido de las pelucas y las pastillas para el mareo. Que no ayudo a organizar la compra o las bebidas. No puedes confiar en mí, y ahora ya no tendrás por qué hacerlo.
Su tono es jovial, como si estuviera siguiéndome el juego, pero hay algo subyacente que hace pensar que me está haciendo una pregunta.
—No creo que seas poco fiable —le digo. No responde.
—¿Así es como te ves a ti mismo? —le pregunto.
—Quizá. A veces. Pero es que he estado muy ocupado estas últimas semanas, con Ed tan centrado en la boda.
—Sí —respondo—. No me había dado cuenta de que estabas asumiendo más carga de la habitual. Es solo que… Yo no quería estropearle la fiesta a Katherine, y tú estabas intentando no estropear las cosas en el negocio. Las motivaciones de los dos eran puras. ¿Sabes?
Asiente.
—Voy a echar de menos que me riñas.
—Podría grabarte algo. Para que puedas escuchar cómo te echo la bronca cuando quieras.
Arquea las cejas.
—Suena un poco pervertido.
Pongo los ojos en blanco.
—Si lo que te gusta es lo pervertido, mejor que tú y yo nos quedáramos solo en los besos.
Él sonríe.
—Hay demasiado en juego, ¿verdad?
Suspiro. Era fácil dejarse llevar por el coqueteo y ese cuerpo escultural, pero si dejo que mi cabeza se imponga a mis hormonas, tiene toda la razón. Hay demasiado que perder. Demasiado caos en potencia.
—Sí. Probablemente tengas razón.
—Probablemente significa que pasarás a la historia como la que se me escapó.
Se me revuelve el estómago ante la posibilidad de que los dos nos estemos perdiendo algo que podría ser un final de cuento de hadas.
—Sin duda voy a ser la que se ha escapado. No se trata tan solo de una posibilidad. Buenas noches, Hunter Bain. —Me vuelvo hacia la ventana.
Me alegro muchísimo de que Katherine haya pasado un gran fin de semana. Se merece su «felices para siempre».
Pero si yo alguna vez consigo el mío, no será con Hunter.