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Odio admitirlo, pero que Lucy haya sido tan organizada con todo lo relacionado con este fin de semana me ha animado a esforzarme un poco más de lo que lo habría hecho si no me hubiera estado presionando cada segundo de las dos últimas semanas y media.
La verdad es que hemos conseguido trabajar juntos como equipo.
Y, a decir verdad, ella me ha dejado las tareas más fáciles y se ha encargado sola de gran parte del trabajo pesado.
Yo hice la reserva para esta noche, pero fue ella quien encontró el restaurante.
Yo he organizado la salida de pesca del sábado, pero el resto del fin de semana ha sido obra de Lucy.
Como me ha recordado en sus mensajes, que me envía casi cada hora.
He salido temprano del trabajo para coger un vuelo desde Nueva York. Mientras llevo la maleta hacia la puerta de embarque del aeropuerto Logan de Boston, la primera persona que veo es a Lucy, que me mira directamente, un poco apartada del grupo.
—Llegas tarde —me espeta, como si estuviera en mi mano hacer que el vuelo desde LaGuardia aterrizara un poco antes. Creía que habíamos hecho las paces—. ¿Has traído las pelucas?
Hago una mueca de dolor y siento un nudo en el estómago porque sé que la he fastidiado.
He dejado para muy tarde el pedido de las pelucas para la sorpresa de Lucy, que se va a disfrazar de Uma Thurman en Pulp Fiction.
No las habría recibido a tiempo para llevármelas, pero he pedido que las envíen a la casa y he pagado un suplemento por el envío urgente.
No estoy del todo segura de si las recibiremos, así que no quiero decírselo a Lucy y darle falsas esperanzas.
—Lo siento.
—¿Estás de broma? Tenías como mucho dos tareas. Una de ellas era traer las pelucas.
—Lo siento muchísimo.
—Ahora vamos a ir todos vestidos con pantalones cortos y camisas blancas para la hoguera de la segunda noche, y no va a quedar bien, joder.
Sin las pelucas no nos vamos a parecer a Uma.
—Aprieta los puños y se queda mirando al techo, como si le costara toda su fuerza de voluntad no darme un puñetazo en la cara—. Sabía que no podía confiar en ti.
—Por Dios, Lucy, lo siento, ¿vale? He tenido muchos problemas en el trabajo. Las cosas no siempre pueden salir perfectas. No puedes poner el listón tan alto y esperar que todo el mundo lo salte con pértiga. La gente va a meter la pata en algún momento.
—No, eres tú el que la vas a cagar. Siempre la cagas.
Siento que sus palabras me atraviesan como flechas que me perforan el pecho. Ya no puedo mantener la calma.
—Igual que tú, que siempre eres una bruja demoníaca. No sé cómo tú y Katherine podéis compartir el mismo ADN . Eres una…
—Oye —interviene Katherine, interrumpiéndonos.
Lucy se queda paralizada, mirándome fijamente.
Su expresión es de pánico absoluto. Es como si la hubieran pillado en territorio enemigo y estuvieran a punto de dispararle.
Es difícil no sentir lástima por ella. Su pecho empieza a agitarse y doy un paso hacia ella, preocupado por si está hiperventilando.
Katherine llega junto a nosotros—. ¿Va todo bien?
Está claro que no va todo bien. Estamos en medio de una discusión tremenda. Estoy a punto de dar media vuelta y regresar pitando a Manhattan. Lucy está teniendo un ataque o algo así. Este no es precisamente el comienzo perfecto para el fin de semana.
—Todo va de maravilla —dice Lucy; se vuelve y le sonríe a su hermana como si no pasara nada. Le echo un vistazo, preguntándome si se ha vuelto loca o si solo está esperando el momento oportuno para arrancarme el corazón antes de embarcar.
—¿Estás segura? —pregunta Katherine—. Porque parecía que os ibais a arrancar la cabeza el uno al otro. Quiero que seáis amigos.
No quiero cabrear a Katherine. Puede que a veces me saque de quicio, pero mi mejor amigo la quiere, y esto no va de mí. Estoy a punto de hablar, de poner una excusa, pero justo cuando abro la boca, Lucy, sin venir a cuento, me pasa el brazo por la cintura.
Me quedo paralizado, preguntándome si va a apuñalarme por la espalda. Literalmente.
—No tienes por qué preocuparte. No hemos dicho nada porque aún no ha pasado mucho tiempo, pero las cosas han dado un giro, un…
giro romántico entre nosotros, y solo me ha decepcionado que Hunter no haya podido venir en el vuelo anterior para que pudiéramos pasar un rato juntos antes de que empezara la fiesta.
La mirada de Katherine va de mí a Lucy y viceversa. No sé qué expresión tengo en la cara, pero estoy demasiado atónito como para moverme. ¿Pero qué leches está pasando? ¿Y por qué Lucy sigue tocándome?
Katherine esboza una amplia sonrisa y junta las manos.
—Dios mío. Espera a que se lo cuente a Ed. Sabía que vosotros dos erais perfectos el uno para el otro. —Se dispone a marcharse, pero Lucy la coge del brazo y la detiene.
—No se lo digas, Katherine. Por favor. Queremos que esto se quede entre nosotros por ahora. No queremos sentirnos presionados, ¿sabes?
A Katherine se le ensombrece un poco el rostro.
—Vale, pero ya sabes que os apoyo al cien por cien. Los dos sois… luchadores y, sinceramente, también dos de las personas más bondadosas que he conocido nunca. Sé que todo esto va a salir bien. Vamos a ser una familia de verdad, no solo una familia elegida.
Me retracto de todo lo que he dicho sobre lo molesta que es Katherine. No es más que una chica dulce y sensata que quiere lo mejor para su hermana y para el mejor amigo de su futuro marido. Pero también se le ha ido la cabeza si de verdad cree que Lucy y yo estamos juntos.
Se encoge de hombros y se lleva un dedo a la boca.
—Haré todo lo posible por guardarte el secreto. —Se da media vuelta y regresa con el grupo de amigos que esperan a que se abra la puerta cinco.
Yo sigo sin moverme, y Lucy tampoco lo hace. Su mano sigue rodeándome la cintura.
—¡Ay! —dice Lucy con una sonrisa forzada—. Lo siento. Me ha entrado el pánico cuando nos ha visto discutiendo.
—¿Así que le has dicho que estamos… saliendo? ¿Te ha parecido que esa era la respuesta más obvia? ¿No podías decirle la verdad sin más y explicarle que se me habían olvidado las pelucas?
—No quiero que piense que no nos llevamos bien. Quiere que seamos amigos. Ya lo sabes.
—Pues haberle dicho que me estabas contando un chiste. O que me estabas entreteniendo con una anécdota de tu viaje al aeropuerto o algo así…
Suspira y echa la cabeza hacia atrás.
—No se me da bien improvisar. Katherine está tan obsesionada con que nos llevemos bien que no para de decirme lo increíble que eres: que eres esto y lo otro, y que eres guapísimo.
—¿Te dice que soy guapo? Qué raro. Está a punto de casarse con mi mejor amigo.
Lucy retira la mano de mi cintura y gruñe.
—No te creas tan importante. No quiere decir que le parezcas atractivo…
—Pero acabas de…
—Solo lo comenta porque quiere que me parezcas atractivo a mí.
—Estoy algo más que confundido.
—Si por Katherine fuera, los cuatro celebraríamos una boda doble.
Doy medio paso atrás para apartarme de Lucy, como si fuera a quemarme si me acerco demasiado.
—Pero eso no va a pasar, ¿verdad?
—No —sisea—. Por supuesto que no. Nos odiamos. Pero ahora, este fin de semana, vamos a fingir que salimos juntos.
—¿Qué? —balbuceo.
Katherine levanta la vista y nos hace señas para que nos acerquemos. Lucy esboza la sonrisa más falsa que he visto en mi vida y levanta el pulgar.
—¿Acabas de hacerle un gesto de con el pulgar hacia arriba a tu hermana? ¿Eres un hombre de sesenta años?
Lucy suelta una risita como si le acabara de contar el chiste más divertido del mundo. Está claro que está fingiendo para que la gente piense que somos adorables.
—No pienso decirle a Katherine que le he mentido sobre nosotros —responde entre dientes—.
Se le rompería el corazón. Quiero que pase el mejor fin de semana de su vida, así que solo tendremos que fingir que nos gustamos durante dos días.
No va a ser tan difícil. Tampoco es como si tuviéramos que compartir habitación o hacer grandes demostraciones públicas de afecto.
Le he dicho que queremos mantenerlo en secreto.
Si se supone que es un secreto, no podemos actuar como si estuviéramos saliendo de verdad.
—Así que vamos a fingir que no estamos saliendo, cuando en realidad no es así, pero fingiendo que estamos saliendo para que tu hermana esté contenta?
—Sí —dice Lucy alegremente, como si no fuera para tanto—
. Vamos. —Señala con la barbilla hacia el grupo. A medida que nos acercamos, veo a Katherine hablando animadamente con todo el mundo.
Ed se separa de ellos para darme un abrazo.
—He oído que el padrino y la dama de honor ya están liados. Buena elección —dice.
Me da un vuelco el corazón. ¿Es demasiado tarde para fingir un grave caso de intoxicación alimentaria? Quizás podría romperme una pierna. Estoy seguro de que Lucy me ayudaría con eso si se lo pidiera.
—Ed lee en mí como si fuera un libro abierto —explica Katherine—. Lo siento mucho, pero cuando me lo ha preguntado, se me ha escapado todo. Es que estoy muy emocionada…
¿Cómo he pasado de que me gritaran a fingir que salgo con la mujer que tengo al lado, a la que, en el fondo, odio? Tenemos que decirles la verdad.
El compromiso de Ed y Katherine ha sido una pesadilla para mí desde que se anunció.
Antes de que pueda apartar a Lucy, se abre la puerta y todo el mundo forma una fila para embarcar.
Esto no se ha acabado. Tenemos que decirles la verdad antes de que aterricemos en Martha’s Vineyard .
No voy a poder fingir que estoy interesado en Lucy, de ninguna manera.
Todo el mundo se daría cuenta al instante.
Menos mal que no permiten armas en los controles de seguridad del aeropuerto, porque si ahora mismo tuviera acceso a algo con lo que pudiera hacerle mucho daño a Lucy, no estoy seguro de que pudiera contenerme.
Solo quiero morirme. O matarla. Ahora mismo. Cualquiera de las dos opciones sería mejor que fingir que salgo con Lucy Jones.