7 #2
—Claro —respondo. Nos miramos a los ojos durante un segundo. No sé cómo expresarle lo agradecida que estoy. Lo aliviada que me siento.
—No me había dado cuenta de lo importante que es esto para ti —dice, como si ahora todo encajara en su mente.
—Es muy importante —digo.
Asiente con determinación.
—Va a salir genial. —Se me hace un nudo en la garganta. Empiezo a creer de verdad que lo será. Él le echa un vistazo al archivador—. ¿Quieres decirme qué hay dentro de la caja? — pregunta—. Me preocupa un poco que lleves ahí todo el equipo necesario para asesinarme y deshacerte de las pruebas.
No puedo evitar sonreír ante su comentario. Me parece que hace mucho tiempo que no sonrío de verdad al pensar en esta boda, aunque estemos hablando de que yo soy una asesina.
—No estoy segura de que nada de eso sea relevante ahora.
—¿Porque has cambiado de opinión sobre mi inminente asesinato? —Entrecierro los ojos como si estuviera sopesando si seguir adelante con mi intención de matarlo.
—Son sobre todo cosas relacionadas con Cape Cod. Creo que deberíamos centrarnos en las actividades en Martha’s Vineyard .
—Pero ¿qué hay exactamente aquí dentro?
Abro la tapa para mostrarle los papeles, las copias impresas y los folletos que he ido acumulando desde que Ed y Katherine se comprometieron.
—Ideas para la despedida de soltera. Y he creado una hoja de cálculo para llevar un control de los gastos.
—Le tiendo una copia—. Te lo he impreso todo, pero puedo enviarte el archivo por si quieres hacer uno aparte para los chicos.
Tal y como yo lo veo, algunos de nuestros gastos serán por separado: los chicos os vais a pescar, por ejemplo, mientras nosotras hacemos otras cosas.
El resto de los gastos serán compartidos y se repartirán a partes iguales.
Como el alquiler de la casa y esas cosas.
—Yo me encargo de la casa —dice Hunter.
Me quedo completamente inmóvil y me olvido por completo de la caja que tengo en el regazo.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que yo pagaré la casa. No hace falta incluirlo en la hoja de cálculo.
—¿Lo dice en serio? —Katherine no me ha comentado nada de que Hunter fuera rico. Estoy segura de que lo habría mencionado si lo fuera—. No puedes hacerlo. Repartiremos el gasto entre todos.
Hunter niega con la cabeza.
—Ed es mi mejor amigo. Quiero hacerlo.
—¿Estás seguro?
—Sí. Estoy seguro. —Me mira fijamente, como si quisiera hacerme una pregunta. Antes de que pueda decir nada más, suena su móvil e interrumpe el momento. Silencia la llamada y vuelve a mirarme.
—¿Qué ibas a decir? —le pregunto con tono desafiante.
Su móvil vuelve a sonar y esta vez rechaza la llamada sin siquiera mirar la pantalla. Probablemente sea una de las muchas chicas que buscan su atención. Lo ignora y parpadea, y sus largas pestañas le rozan la mejilla.
—Sé que es tu hermana y todo eso. —Mira la caja de archivo—. Pero esto es muy importante para ti. No lo entiendo.
Desvío la mirada, un poco molesta ante la idea de que una mujer lo llame a estas horas de la noche. Y es absurdo: no tengo ningún derecho sobre este chico.
—Es mi hermana. La quiero. Siempre hemos estado muy unidas. Solo quiero hacerlo tan bien como lo haría ella si fuera mi despedida de soltera.
—¿Eso es todo? Me da la sensación de que hay más. —Pasa la vista de mis ojos a mis labios, y de repente me siento acalorada, cohibida. Necesito un poco de aire. Hunter está socavando mis defensas. Pero ¿por qué? ¿Y por qué demonios tiene que estar tan guapo mientras lo hace?
—Eso es todo —contesto—. Solo quiero que todo sea perfecto. Igual que Katherine.
—¿Crees que tu hermana es perfecta? —pregunta.
—Claro que es perfecta. Ya la conoces.
Hunter se encoge de hombros.
—Supongo que no es mi tipo.
A todo el mundo le encanta Katherine. No había ni un solo chico en nuestro instituto que no estuviera completamente enamorado de ella.
Todos querían ser sus amigos. Katherine podría haber abusado de la popularidad de la que gozaba, podría haberse vuelto cruel y desagradable con los chicos que no tenían tanta suerte en cuanto a aspecto físico y popularidad, pero, por supuesto, no lo hizo.
Katherine siguió siendo dulce y amable durante toda la turbulenta adolescencia y a lo largo de toda la universidad.
No pasó por una etapa de «patito feo» ni tampoco por una de rebeldía.
Siempre ha sido ella misma, y ella misma es perfecta.
Suelto una risa burlona.
—Claro. Por supuesto que Katherine no es tu tipo —digo con sarcasmo—. También rechazarías a una modelo de Victoria’s Secret, ¿eh?
—Depende —responde—. Puede ser.
Pongo los ojos en blanco, todavía con curiosidad por saber quién ha llamado a Hunter. Dos veces.
—No hace falta que me mientas para que me sienta mejor.
—No estoy mintiendo. Entiendo que quieras a tu hermana, pero ella no es perfecta. Nadie lo es.
—Nadie excepto Katherine —lo corrijo. Hunter ladea la cabeza con una expresión en el rostro que parece decir «¿En serio?».
—¿Qué? —pregunto.
—¿De verdad crees que tu hermana es perfecta? ¿Que es la única persona en este planeta que no tiene ni un solo defecto?
—No sé si es la única. Pero, vamos, ya la conoces…
—Sí, y cada vez que la veo me quita una pelusa de la chaqueta, y eso me saca de quicio.
Me tapo la boca con la mano como si acabara de confesar el asesinato de Kennedy, pero Hunter se limita a rebuscar en mi caja como si me acabara de dar la previsión meteorológica.
—No puedes encontrar irritante a Katherine —digo cuando recupero la capacidad de hablar.
—Te equivocas. Puedo encontrar irritante a cualquiera. Las dos me habéis parecido irritantes a la hora de comer, cuando no os decidíais, aunque apuesto a que sabíais nada más abrir la carta que ibais a tomar la ensalada César con pollo.
—¿Te molesta que alguien no pida rápido? ¿Cuántas citas has dejado plantadas por eso?
Suspira.
—No tengo tiempo para salir con nadie. —Su móvil vuelve a sonar, justo en el momento perfecto para tacharlo de mentiroso.
Arqueo las cejas, retándolo a que me repita que no está saliendo con nadie.
Hunter tiene poco más de treinta años, es alto, tiene un buen trabajo y está rodeado de millones de mujeres guapas y solteras.
Y…, bueno, no se puede negar que está buenísimo.
¿Que no sale con nadie? Lo dudo mucho. Me acerca el móvil para que pueda ver la pantalla—.
Es mi madre. —No digo nada. No tiene por qué fingir que no sale con nadie por mi culpa.
Y me da igual que lo llame su madre o Verónica, la del culo de infarto—.
¿Qué es esto? —Saca una imagen que imprimí de la página web de la revista New England Home.
Es una selección de mantas tejidas en colores de temporada.
—Katherine quiere hacer una hoguera en la playa, envolverse en una manta y asar malvaviscos.
—Sí, ¿y qué es esto? —pregunta, sacudiendo la imagen como si fuera una prueba irrefutable.
—Mantas que pensaba comprar para la playa.
—¿Vas a comprar mantas específicas? ¿No puedes usar las que hay en casa? ¿O quizá pedirle a la gente que lleve las suyas propias?
—Pero entonces puede que los colores no combinen. —No responde, pero me mira como si estuviera examinando una pieza de un museo.
—¿Crees que Katherin quiere que los colores de las mantas hagan juego?
—No que hagan juego, sino que combinen bien. Si no, las fotos que hagamos no… No serán…
—No digas «perfectas» —protesta Hunter—. Porque, si lo haces, te voy a coger en brazos y te voy a llevar al hospital más cercano para que te hagan una evaluación psiquiátrica.
Pongo los ojos en blanco.
—Qué dramático eres.
—¿Yo? —dice; saca más papeles de la caja y los deja caer sobre la mesa de centro—. ¿Yo soy el dramático? ¿Cuánto tiempo llevas organizando esta fiesta?
—¿Qué? —respondo a la defensiva—. Tampoco tanto… — Me mira fijamente, retándome a que confiese—. Solo unas semanas —digo en voz baja. Si nadie puede oírme, técnicamente no es mentir.
—Mentirosa —dice él.
—¿Qué? Solo son unas semanas.
—¿Qué marca de malvaviscos has elegido? —pregunta. Pero no espera a que le responda—. No niegues que lo has investigado.
—Negación plausible —replico—. ¿Por qué iba a elegir la marca si no sé qué habrá disponible en la tienda?
—No vas a comprarlos aquí —dice. Me da la sensación de que se ha metido en mi cabeza y me ha leído el pensamiento.
Tiene razón. Nunca dejaría al azar un detalle tan importante.
No digo nada, porque ¿para qué? Solo me dirá que soy una mentirosa.
Y tendría razón. Pero es raro. Nunca me habían llamado la atención por mi atención al detalle.
Y desde luego, nunca se habían burlado de mí por ello.
Más bien al contrario. Al crecer a la sombra de Katherine, siempre me veían como la desordenada, la que nunca estaba preparada, la que nunca acertaba, frente a Katherine, siempre preparada y siempre perfecta—.
¿Te comportas así solo porque es la despedida de soltera de Katherine, o eres así siempre?
—Se ríe entre dientes— . No contestes a eso.
Ya sé cuál es la respuesta. Apuesto a que fuiste la razón por la que la cola en Stranger than Fiction se atascó el otro día.
Primero tuviste que decidir qué pedir, y luego apuesto a que tuvieron que preparártelo especialmente.
Suspiro. No he venido aquí para que me pongan en evidencia. Eso ya lo hago yo sola con bastante facilidad. Tenemos la casa. El resto lo puedo hacer yo sola. Katherine no dijo nada de que tuviéramos que hacerlo juntos.