6 #2
—Te he enviado diecinueve mensajes pidiéndote novedades y me has ignorado. He hecho todo lo posible para que quedáramos, pero no he recibido respuesta. La celebración es dentro de dos semanas. Tenemos que vernos y organizarlo todo.
Lucy se queda en silencio cuando Katherine y Ed se acercan a la mesa.
—¿Sabéis cuál es una de las mejores cosas de la fiesta conjunta? —pregunta Katherine. Extiende las manos para coger la mía y la de Lucy—. Es ver cómo los dos vais forjando una relación y os hacéis amigos. Me hace muy feliz.
—En serio —dice Ed—. De camino aquí comentábamos que fue un detalle por parte de Lucy acompañarte al hotel después de la fiesta de compromiso.
Es genial que os llevéis tan bien. Sabes que para mí siempre has sido como de la familia, Hunter.
Y Lucy va a ser parte de la familia de verdad.
Es estupendo que podamos pasar el rato todos juntos.
—¡Es perfecto! —exclama Katherine—. No quiero tener que preocuparme nunca más por a quién invitar a qué eventos. Sobre todo cuando estamos aquí, en Nueva York.
Lucy me da un golpecito juguetón en el brazo.
—Somos una gran familia feliz.
—Y, en serio, no dudéis en hablar de negocios —añade—.
Al menos de vez en cuando. De hecho, incluso ahora mismo.
Lucy y yo podemos charlar entre nosotras si vosotros tenéis algo que comentar.
—Ed me mira expectante, pero esto no es una comida de negocios.
Ya no. Así que tampoco es que podamos hablar de verdad—.
Entiendo lo importante que es el trabajo para los dos —dice Katherine.
¿De verdad lo entiende? Porque si así fuera, ¿estaría aquí?
Además yo iba a hablarle a Ed sobre su concentración, o más bien sobre su falta de ella, así que tampoco es como si pudiera sacar el tema ahora.
O quizá, si le digo algo, Katherine entenderá la situación y animará a Ed a concentrarse en el negocio…
—Vale —digo, con tono cauteloso—. Tenemos mucho entre manos, como ya sabes. Todos estamos trabajando muchas horas, pero seguimos adelante como podemos. Tenemos que empezar a automatizar algunos de nuestros procesos administrativos, y eso requiere muchos recursos.
—¿Qué? —pregunta Lucy. Me cuesta un gran esfuerzo no poner los ojos en blanco ante la interrupción—. ¿Procesos administrativos como el análisis de riesgos y cosas así?
Me lo pienso un momento. ¿Debería hablar de esto delante de Lucy? ¿Por qué le interesa tanto?
—Sí, eso y algunas de las cuestiones financieras. Estaría bien que estuviera automatizado, pero hacerlo lleva tiempo…
—Puedes contratar a empresas de consultoría para que se encarguen de ello.
Eso es lo que hicimos en nuestra empresa.
Se especializan en cada sector. Tuve que investigarlo porque automaticé todos los acuerdos de confidencialidad.
Nadie lo había hecho antes porque todos se centraban en los documentos importantes, pero, en realidad, nos ha ahorrado muchísimo tiempo, ya que los usamos con mucha frecuencia.
Te aseguro que la inversión merece la pena.
—Asiente con entusiasmo y, por un momento, me pregunto si se ha apoderado de ella un ser humano en pleno uso de sus facultades, en lugar de la psicópata desquiciada en la que los dos coincidimos que suele convertirse.
—Exacto —digo hacia Ed—. Eso es lo que no paro de decirte. Aunque sean documentos breves, ahorran tiempo…
—Y hoy en día resulta más profesional —me interrumpe Lucy—. Si no automatizas procesos como el análisis de riesgos mientras tus competidores sí lo hacen, estás malgastando dinero.
—Exacto —digo, balbuceando en señal de acuerdo—. Es una inversión que merece la pena hacer.
—Suena bien —dice Katherine.
Ed suspira como si no pudiera pensar en eso en ese preciso momento.
—Quizá podamos estudiar la posibilidad de contratar a una consultora para que se encargue de ello. Ahora mismo estamos muy desbordados.
Ya lo sé.
—Y si seguimos creciendo, la cosa solo va a ir a peor — replico.
Lucy asiente como si estuviera totalmente de mi lado, y eso me aterra y me llena de gratitud a partes iguales.
—Puedo daros el nombre de la empresa con la que trabajamos —ofrece—. Íbamos a quedar para repasar algunos detalles de la organización de la despedida de soltero y soltera, ¿verdad, Hunter? Entonces podré darte más información.
—Me parece bien —digo, intentando que no se note que lo último que quiero hacer es quedar con Lucy.
—¿Me puedes recordar cuándo dijiste que iba a ser eso? ¿Era esta noche? Sé que estás deseando organizarlo todo.
—Bueno, ya he hecho lo más difícil y he encontrado la casa de playa perfecta —le digo—. No creo que tengamos que prepararnos en exceso.
—¡Perfecto! —exclama Lucy—. Eso es lo mejor de Hunter. Tiene tanta seguridad en sí mismo… Esta noche me paso por tu casa para planificarlo todo y ver fotos detalladas de esa casa de playa perfecta. Va a ser fantástico. —Coge el móvil—. ¿Me das tu dirección?
Joder. Estoy en un brete. No puedo negarme a darle mi dirección; parecería sospechoso, porque los dos estamos siguiendo el juego de que nos llevamos como si fuéramos grandes amigos.
Pero si le doy mi dirección, se plantará en mi puerta exigiendo esto, lo otro y lo de más allá.
Si Ed no estuviera aquí, le daría una dirección falsa, quizá en algún lugar perdido del Bronx, para que tuviera un buen trayecto muy largo en metro en el que reflexionar sobre sus actos.
Pero, dado que Ed ya se ha quedado en mi casa alguna vez, no hay forma de que pueda salirme con la mía.
Debería haberle enviado un mensaje y haberle dicho que ya había encontrado el sitio.
Si lo hubiera hecho, probablemente no habría insistido en que teníamos que vernos.
Es culpa mía, por estúpido que parezca. De hecho, si lo hubiera hecho, probablemente no habría irrumpido en el bar y no nos habría dejado en ridículo a los dos.
O a ella misma, sobre todo. Puedo admitir que me he portado como un capullo, aunque nunca lo confesaré en voz alta.
Pero ella ha sido… una arpía desventurada.
—Vivo en el doscientos veintidós de Lexington. Puedes pasarte hoy a las ocho y lo resolveremos todo.
Me merezco mi destino, sea cual sea.