Un acuerdo inocente 6
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Me acomodo en la mesa de Gardinier, mi restaurante favorito del Midtown, y me permito relajarme por primera vez en una semana.

La comida con Ed va a r bien. Voy a poner las cartas sobre la mesa.

Le voy a decir que estoy cabreado porque canceló la reunión con FMCH solo unos días antes de que se celebrara.

Le voy a decir que no me importa hacer su trabajo mientras él está ocupado con los preparativos de la boda, pero que no voy a poder hacerlo siempre porque es insostenible.

Siento que estoy a un paso de perder la cabeza en cualquier momento del día.

Si cree que casarse significa que las cosas van a seguir así, más le vale hablar ahora o callarse para siempre.

Porque si las cosas no cambian, me voy. Tendremos que cerrar Portis Investments, y yo me buscaré un trabajo.

La alternativa es volverme loco y que Portis vaya a la quiebra.

Pero no voy a permitir que ocurra ninguna de esas dos cosas.

Pero al menos no he perdido del todo la cabeza. Todavía no. Ese «honor» se lo lleva la hermana de la novia, que está completamente desquiciada.

No estoy seguro, pero creo que Lucy me llamó «Caballero» delante de los socios de FMCH anoche.

No sé si intentaba ser educada, pero parecía estar muy tensa.

Casi como en la época victoriana. Como si estuviera teniendo alguna clase de…

episodio o algo así. ¿Me había localizado en el bar?

No, no he respondido a sus mensajes, pero he estado ocupado intentando hacer el trabajo de Ed además del mío.

¿Me está acosando? Me la encontré frente a Stranger than Fiction y luego en el bar.

Nunca me la había encontrado antes, y ahora ya van dos veces en una semana.

No tiene sentido. Sé que trabajamos en oficinas contiguas, pero son demasiadas coincidencias para mi gusto.

¿Sabe Ed en qué familia se va a meter? Quizá Katherine sea igual que Lucy, pero lo disimula mejor.

Tal vez se lo comente a Ed. Lo añadiré a mi larga lista de «cosas que tratar con mi mejor amigo».

Miro hacia la puerta, con el móvil en la mano, casi esperando que Ed cancele la comida y ponga como excusa una emergencia relacionada con la boda. Cuando lo veo atravesar las puertas dobles suspiro, aliviado.

No ha cancelado la cita.

Le estoy dando demasiadas vueltas; Ed sigue siendo mi mejor amigo y mi socio.

Y entonces veo a Katherine entrar por la puerta detrás de él, seguida de mi némesis de esta semana: Lucy.

Genial. Se suponía que iba a ser una comida tranquila entre dos amigos para hablar de negocios, en lugar de otra ocasión para comentar, celebrar y conmemorar la boda de Ed y Katherine.

Ed me saluda, todo sonrisas.

—Katherine venía conmigo y había quedado con Lucy para comer. Lo más lógico es que quedáramos los cuatro.

¿Lo más lógico para quién? ¿Para alguien que no conoce a Lucy?

—Quería hablar contigo de un par de cosas sobre Portis — le digo.

—Claro. Podemos hablar de negocios, ¿verdad, cariño?

—le pregunta a Katherine. Ella pone los ojos en blanco, como si lo único que hiciéramos fuera hablar de negocios.

Ojalá fuera así— . Venga, cariño. Tenemos que repasar algunos temas.

Creo. ¿No es así? —La mirada de Ed pasa de mí a su futura esposa.

Lucy apenas me echa un vistazo cuando nos saludamos con un gruñido. Ed y Katherine se sientan frente a la mesa, y a Lucy la meten a la fuerza a mi lado.

Perfecto. Perfecto de cojones.

Pedimos las bebidas, y Katherine y Lucy hablan de la comida y de los cócteles, mencionando de vez en cuando nombres que nunca he oído, mientras yo me limito a mirar fijamente la carta.

He perdido el apetito. Preferiría estar en la oficina antes que aquí sentado, escuchando a Lucy y a su hermana hablar de tonterías.

—¿Va todo bien? —me pregunta Ed.

Alzo la vista hacia Ed y luego me vuelvo hacia Katherine. Así, delante de todo el mundo, no puedo tener con él la charla que quería.

—Claro —respondo, con la cabeza hundida de nuevo en la carta.

Me pregunto si podría inventarme una urgencia en el trabajo y regresar a la oficina.

Esto es lo último que me apetecía hacer a la hora de comer.

Literalmente, si me pidieras que hiciera una lista de todas las cosas que quería hacer hoy, comer con Lucy estaría justo al final, después de «consumirme en llamas en el infierno».

—¿Estás seguro? —insiste Ed.

—Sí. ¿Por qué no iba a estarlo? —contesto.

—Pareces estresado.

—Estoy muy liado —digo. Aunque no es mi intención que se note, percibo el resentimiento en mi voz.

—Mira, siento lo de la reunión con FMCH . —Asiento, pero ni siquiera soy capaz de mirarlo a la cara.

—Katherine estaba enferma y no podía ir a la cata. No quería estar a un vuelo de distancia mientras ella no se encontraba bien.

Siento las extremidades pesadas, como si me estuviera hundiendo en el suelo.

Ahora mismo lo único que le preocupa es Katherine.

¿Y qué pasará cuando empiecen a tener hijos?

Los niños son, básicamente, máquinas de gérmenes.

No pasará ni una semana sin que alguien de esa casa esté enfermo.

Probablemente no volveré a ver a Ed después de la boda.

—Lo siento. —No era mi intención que sonara tan robótico al salir de mi boca.

—Aunque tiene buena pinta. La reunión con FMCH , quiero decir.

Asiento una vez más; la camarera se acerca para tomarnos nota y Katherine y Lucy son las primeras.

Le preguntan por todos y cada uno de los platos de la carta, y yo estoy a punto de coger el tenedor de ensaladas y apuñalar a Lucy en el corazón cuando por fin se decide por la ensalada César de pollo, la misma que Katherine. ¿Cómo lo han hecho tan difícil?

Ed y yo pedimos la hamburguesa de wagyu . Como era de esperar. Era como si lo supiéramos desde el momento en que abrimos la carta. Igual que Lucy sabía que iba a pedir la ensalada César con pollo en cuanto la abrió, pero tuvo que fingir durante un rato que barajaba otras opciones.

—Ah, también quería un cóctel sin alcohol de flor de saúco —dice Katherine.

—Voy a decírselo a la camarera —se ofrece Ed. Se levanta y le da un beso en la cabeza a Katherine, como si le fuera a costar mucho estar lejos de ella durante un minuto y medio. Se dirige hacia la zona de servicio.

—¿O quizá debería pedir el cóctel sin alcohol de Bellini? — pregunta Katherine, como si Lucy o yo supiéramos qué es lo que quiere. Katherine se levanta y se va tras Ed, y nos deja a Lucy y a mí uno al lado del otro, solos.

—No me has contestado los mensajes —suelta con sarcasmo, con una mueca en la comisura de los labios.

—¿A cuál de los trescientos cincuenta mensajes quieres que te responda primero? —le respondo con la misma ironía, y murmuro entre dientes—: ¿Crees que Katherine de verdad quería el cóctel sin alcohol Bellini, o es que no le apetecía separarse de Ed ni un solo segundo?

—Cualquiera de los dos me vale —responde ella—. Están enamorados. Me parece muy bonito que quieran estar juntos todo el tiempo. —Suspira.

Los dos tenemos la vista clavada en Ed y Katherine, que están junto a la barra echándole un vistazo a la carta de bebidas.

Ed tiene el brazo alrededor de la cintura de Katherine, y ella, la cabeza apoyada en el brazo de Ed.

Es como si sintieran la necesidad de estar físicamente unidos el uno al otro en todo momento.

—¿Qué quieres de mí? —digo con un suspiro de agotamiento—. Me has acosado y hostigado delante de posibles clientes, y ahora te comportas como si fueras tú la parte agraviada.

—Te salvé de hacer el ridículo en la fiesta de compromiso llevándote al hotel. Me aseguré de que no vomitaras en el taxi. Y cuando me di cuenta de que estabas celebrando una reunión de negocios importante en el bar la otra noche, me fui. Tampoco veo que me des las gracias por nada de eso.

—¿Darte las gracias? —digo; le dedico una sonrisa a Ed cuando se vuelve hacia mí—. ¿Por qué? ¿Por comportarte como una psicópata desquiciada cada vez que te veo?

Lucy gruñe y se deja caer hacia atrás en la silla.

—Qué dramático eres. Por el amor de Dios.

Lo único que quiero es organizarle a mi hermana la despedida de soltera perfecta, y tú te comportas como si el problema fuera yo.

Puede que a ti no te importe un comino tu amigo, pero no me culpes por preocuparme por mi hermana.

Y todas tus quejas no nos han llevado a ninguna parte.

Seguimos sin tener dónde quedarnos y sin perspectivas de encontrar nada.

Faltan poco más de dos semanas para la despedida.

—¡Te equivocas! —exclamo con aire de suficiencia.

—Vale, dos semanas y un día, capullo pedante.

—Te equivocas, sí que tenemos un sitio donde pasar el fin de semana, arpía desventurada.

Lucy me mira con los ojos entrecerrados.

—¿Arpía desventurada? ¿Arpía desventurada? ¿Eso es lo mejor que se te ocurre? Llámame cabrona. Llámame psicópata desquiciada, pero ¿arpía desventurada? —Suelta otro gemido y, por alguna razón, me recorre los muslos y me llega hasta la entrepierna—. Patético.

—Tienes razón. Psicópata desquiciada era más acertado. La cuestión es que tenemos un sitio donde quedarnos. He conseguido un alquiler de viernes a lunes en Cape Cod. Bueno, más o menos.

Lucy me mira con recelo.

—¿Qué quieres decir con «más o menos»?

—¿Te fijas en eso en lugar de en que he conseguido una casa para todo el grupo para el fin de semana, a pie de playa? Claro, tú solo te fijas en que he dicho que estaba «más o menos» en Cape Cod.

—Sí, bueno, para Katherine es muy importante que sea en Cape Cod . Así que, si no está ahí, no va a valer. ¿Dónde se supone que está esa casa?

Ed y Katherine regresan a la mesa cogidos de la mano, sonriéndose el uno al otro. Son ridículos.

—Te lo diré la próxima vez que nos veamos —digo apretando los dientes.

Lucy parece a punto de levantarse de la silla, de tanta frustración que siente. Una parte de mí disfruta un poco jugando con ella.