Un acuerdo inocente 3
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L ucy

Nunca se lo perdonaré a Hunter. Me he perdido el discurso de Ed sobre lo mucho que quería a mi hermana, y regresé a la fiesta justo cuando mi madre estaba llorando porque decía que la Academia debería haber cambiado las normas para que Colin Firth ganara un Óscar por su interpretación de Darcy.

Si hubiera estado allí, la situación nunca habría llegado al punto de las lágrimas.

Y por si fuera poco, aunque no he debido de estar fuera más de veinte minutos, mi madre se las ha arreglado, no sé cómo, para salir de la aflicción provocada por Colin y: a) se ha dado cuenta de que me he ido de la fiesta, y b) me ha reprendido por no preocuparme por la felicidad de mi hermana ni por la de nadie más que por la mía propia.

Lo único que he hecho ha sido intentar evitar que la fiesta se echara a perder y, sin embargo, de alguna manera, el problema soy yo.

Espero que Hunter no tenga el descaro de aparecer en el brunch .

Estaba llevando una bandeja de fruta a la mesa cuando un taxi se ha detenido delante de la casa de mis padres. Seguro que Hunter se pasará todo el día durmiendo y que en el Harbor Inn tendrán que derribar la puerta para sacarlo cuando se le pase de la hora de salida.

Pero ¡oh, sorpresa!, es Hunter quien sale del taxi, con gafas de sol y un conjunto pijo de pantalones cortos y polo que deja al descubierto sus piernas bronceadas y un poco de vello en el pecho. Es como el hermano más guapo y menos de fiar de Ed.

Pero no puedo odiar a Ed como odio a Hunter.

—Ahí está —dice Katherine, emocionada, cuando ve a Hunter subir por el sendero—. Me alegro mucho de que os llevéis bien.

Esbozo una amplia sonrisa. De ninguna manera voy a dejar que Katherine se entere de que creo que Hunter es un capullo.

Estaba en la fiesta de compromiso de su mejor amigo.

Si no podía controlar el alcohol, no debería haber bebido.

Pero quiero que Katherine piense que Hunter y yo nos llevamos de maravilla.

Así se convencerá de que la fiesta va a salir a la perfección…

A menos que consiga convencerla de que celebremos la despedida de soltero y la despedida de soltera por separado.

A ver, ¿a quién se le ocurre celebrar una fiesta conjunta?

—Estaba pensando en la despedida de soltera —le digo a Katherine—. Ya sabes que los mejores spas están en Nueva York. Puedo preguntarle a Amanda, porque seguro que nos consigue una oferta estupenda en algún sitio increíble. Y entonces podríamos ir a…

Katherine niega con la cabeza antes incluso de que pueda terminar la frase.

—Ed quiere ir a pescar. Ni de coña va a aceptar lo de Nueva York.

Veo mi oportunidad y me lanzo de cabeza.

—Bueno, él podría celebrar su despedida de soltero aquí, en Massachusetts, y nosotras podríamos ir a Nueva York. Así las celebraríamos el mismo fin de semana y todo eso, para que no paséis demasiado tiempo separados. De esa forma, tú tendrías tu fiesta perfecta y Ed tendría la suya.

—Mi despedida de soltera ideal es una fiesta conjunta con Ed en una casa grande a orillas del mar.

Ya nos imagino a todos envueltos en mantas, asando malvaviscos en la playa antes de acostarnos…

—Esboza una discreta sonrisa—. Me parece tan romántico estar allí con todos nuestros amigos…

Y muchos de ellos son parejas. Tiene sentido hacerlo juntos.

—Pero vais a pasar toda vuestra vida juntos.

Katherine se encoge de hombros.

—Claro. Porque nos gusta pasar el rato juntos. Casarme con Ed no es una elección entre la libertad y la monotonía. Me voy a casar con él porque la vida es mejor a su lado. Y eso incluye las fiestas.

Suspiro. Tengo muchísimas ganas de organizarle a Katherine una despedida de soltera perfecta, y si eso significa una fiesta conjunta, eso es lo que voy a tener que ofrecerle; y voy a tener que meterme de lleno en los preparativos con ese capullo de Hunter.

Bueno, me debe una por lo de anoche. Va a tener que aceptar lo que yo quiero para que sea todo perfecto.

A mi lista mental le añado una hoguera en la playa, mantas y malvaviscos. Y eso es solo el principio.

—Pues eso es lo que tendrás —afirmo.

—Sé que conseguir una casa tan grande para todos nosotros será todo un reto, sobre todo teniendo en cuenta lo avanzada que está la temporada —comenta Katherine—. La gente reserva las casas del Cabo con un año de antelación.

Se me revuelve el estómago. Ya he preguntado por ahí. La combinación del número de personas que somos, la necesidad de estar en la playa y el hecho de que sea una despedida de soltera hace que nadie quiera alquilarnos nada.

—Ya se me ocurrirá algo. —Tiene que ocurrírseme.

Katherine me mira y sus grandes ojos de cervatilla me hacen sentir como si tuviera su corazón en mis manos.

—Gracias, Lucy. Confío en ti. —Mi madre la llama y ella desaparece en la cocina.

No sé si la creo. La gente le dice a Katherine cosas como «Tengo fe en ti» todo el tiempo.

Ella es la de confianza. La guapa. La que se las arregla para que todo salga bien.

Yo no soy esa hermana. Y aunque Katherine siempre me defiende cuando mis padres hacen comentarios sobre que ella es …

más capaz, a veces me pregunto si de verdad lo piensa.

Tengo que corresponder a la confianza que ha depositado en mí y conseguirle la casa perfecta en la playa.

Quizá tenga que ir al Cabo a buscar un alquiler en persona, algo que no aparezca en ninguna de las páginas web.

Solo tengo que encontrar un sitio.

Le echo un vistazo a Hunter. Es el primero en sentarse a la mesa del brunch y mi padre no tarda en acomodarse junto a él.

Hunter lleva las gafas de sol puestas, a pesar de que hoy no hace mucho sol y de que estamos bajo un toldo.

Está siendo grosero. O quizá esté ocultando sus ojos enrojecidos e hinchados después de todo el alcohol que se tomó ayer.

Quizá debería hacer que buscar casa fuera su problema.

Solo quedan unas semanas. Tenemos que cerrar algo.

Pero ya he buscado y no he encontrado nada.

Llaman a mi padre para que entre y deja a Hunter solo.

—Hunter —le digo—. ¿Podemos hablar un momento?

— Mi voz suena muy cantarina, como si no pensara que es un capullo.

Es tan típico que me emparejen con un tipo como Hunter para organizar la fiesta conjunta…

¿Por qué no me ha tocado tener un poco de suerte por una vez?

¿Por qué Hunter no podía ser un macho alfa dispuesto a todo para que la despedida de soltero de su mejor amigo fuera todo un éxito?

Se levanta, se mete las manos en los bolsillos y da la vuelta a la mesa.

Lo llevo hasta el borde del césped, bien lejos de las puertas del porche y de cualquiera que pudiera escucharnos.

Cuando nos detenemos, me quedo un segundo en silencio, esperando a que Hunter diga algo.

Lo miro, dándole la oportunidad de disculparse por haberse emborrachado y haberse descuidado ayer, de darme las gracias por haberlo llevado a su hotel.

En cambio, se queda ahí plantado, en silencio, con los ojos ocultos tras sus malditas gafas de sol—. ¿En serio?

—¿En serio qué?

—No sé, ¿tanto te cuesta tanto darme las gracias por asegurarme de que llegaras sano y salvo al hotel? ¿O por llamarte un Uber?

Él gruñe.

—Dios mío. Muchísimas gracias por pulsar tres botones en tu app . Si me das tu teléfono, te hago un Bizum. —El sarcasmo rezuma de cada sílaba que pronuncia.

—Me perdí el discurso de Ed, capullo.

—De nada —responde él.

—No quería perdérmelo. Quería oírle decir lo mucho que quiere a mi hermana y…

—Por Dios, si hablas con Ed cualquier día, te dirá lo mucho que quiere a Katherine. Y, de todos modos, seguro que puedes entrar en el Instagram de cualquiera de las amigas de Katherine y verlo repetido desde todos los ángulos.

Lo miro con los ojos entrecerrados. No le falta razón. Esta mañana he echado un vistazo al Instagram de Suzy Wong y pude oír perfectamente el discurso de Ed entre sus sollozos ahogados.

—Me habría gustado estar ahí, disfrutar del momento. Quizá a ti te guste estar completamente borracho en todos los momentos importantes de la vida, pero yo prefiero estar presente. —No hace falta que sepa que mi madre me regañó por ser una egoísta.

—¿Así que me has hecho venir hasta aquí para regañarme? —pregunta—. Pues, genial, me considero regañado. ¿Puedo volver ya junto a mi taza de café? —Da un paso atrás, hacia la mesa y yo le agarro de la camisa.

—Aún no he terminado.

Baja la vista hacia donde le estoy tirando de la camiseta.

—¿Ahora vamos a tener una pelea de verdad? O sea, ¿hay un ring? ¿Hay gente haciendo apuestas?

—Lo siento —murmuro, dejando caer el trozo de tela arrugado.

¿Por qué me estoy disculpando?—. Mira, tú no me caes bien, yo no te caigo bien, y me parece estupendo, pero tenemos que organizar la fiesta y tenemos que hacer que sea perfecta.

Ed y Katherine no se merecen menos. —Joder, yo tampoco me merezco menos.

Si de verdad consigo sacarlo adelante, quizá mi madre me deje un poco en paz.

Y si no lo consigo solo será la prueba más de que soy la decepción sin remedio que ella siempre ha creído.

Hunter no responde. No se mueve. Es posible que se haya quedado dormido de pie.

—¿Y? —dice al fin.

—Ah, qué bien, todavía estás despierto —le espeto—. Y tenemos que trabajar juntos para asegurarnos de que el fin de semana sea perfecto y tal y como ellos quieren y que tengan lo que los dos se merecen.

—Le diré a mi asistente que se ponga en contacto contigo. —Se da media vuelta de nuevo para marcharse.

—No te molestes —respondo.

Se detiene y se vuelve hacia mí.

—¿Qué más quieres de mí?

—Bueno, ya que me lo preguntas, quiero que me busques una casa de diez dormitorios y diez baños en Cape Cod para dentro de tres semanas, en la que quepa un grupo de nuestro tamaño. Tiene que estar justo en la playa y ser superlujosa.

—Entendido —dice, y me da la espalda

—Hunter —le espeto—. Vuelve aquí. —Voy tras él—. Hunter.

—¿Qué? —dice mientras regresa a zancadas a la mesa—. Ya me has dicho lo quieres. Ya te diré lo que encuentro. Ahora necesito tomarme un café y que me dejes en paz.

Me freno en seco y lo dejo marchar. No tiene ningún sentido que siga persiguiéndolo. Es imposible que me vaya a ayudar. Estoy sola.