Un acuerdo con el diablo Capítulo 36
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Capítulo 36

Valentía

No duermo en toda la noche, salgo de la cama de mi hijo temprano y espero a que mi marido aparezca por el salón antes de marcharse al trabajo.

Lo escucho en la cocina haciéndose café y lo sorprendo sentándome en un taburete mientras lo observo coger la taza humeante y llevarla a sus labios.

Él se sobresalta de verme ahí, con mi aspecto desaliñado, pero no me importa.

Es mucho más importante lo que tengo que decirle.

—Lo he pensado muy bien y no. No voy a firmar el divorcio.

Tú no lo hiciste hace años y yo no lo haré ahora.

Puedes someterme a todas las torturas que quieras, tratarme con la más absoluta de las indiferencias, pero no firmaré.

Échame de esta casa, échame de tu lado, Logan Kessler.

Yo no me iré de forma voluntaria —le espeto mirándolo a los ojos, desafiándolo con sumo control, el que llevo ensayando toda la noche.

Mi marido me mira en silencio, descolocado—.

¿Quieres habitaciones separadas? Las tendremos, pero no dejaré de ser tu mujer.

—¿Por qué haces esto? —pregunta con paciencia.

—¿Por qué lo haces tú? —le devuelvo la pregunta.

—Porque es lo mejor.

—Yo no lo veo así. Una vez cometí el error de firmar y confiar en mi padre de que estarías bien. Esta vez no firmaré pase lo que pase —le advierto en tono desafiante.

Logan me mira con una calma exasperante que termina con mi control.

—Trato de entenderte, de verdad, algo que tú no intentas conmigo —le reprocho, alterada—.

Creo que solo tratas de protegerme de gente como Callaham y tú quieres cargar con todo.

En esto vamos juntos, déjame ayudarte —le suplico—.

No apareceré por la empresa, trabajaré desde casa, sin que nadie me vea —le propongo.

—No puedes estar sometida a esa presión en tu estado.

—Dame una sola razón por la que haces todo esto —le exijo, enfadada.

Me mira en silencio, se termina el café, se acerca a mí de forma peligrosa y susurra muy cerca de mis labios, sin llegar a rozarlos:

—Porque te amo más que a mi vida. Y deja de pensar que pueda haber otra mujer —aclara en tono serio—. Solo tengo ojos para ti pese a que, en estos momentos, debido a todo por lo que pasamos, no me tengas muy contento.

Mi corazón se acelera, mis ojos se empañan de lágrimas y en mi garganta se hace un gran nudo que me impide decir todo lo que deseo.

—No puedes romperme el corazón y llamarlo amor —le reclamo a sus espaldas, pero no se gira ante mis palabras.

Logan se marcha en silencio, con ese porte de hombre rico y despreocupado que tiene el mundo a sus pies y que odio en él mientras me pregunto qué sentido tiene todo esto, porque no entiendo nada. Admite que me ama y me ha pedido el divorcio.

Llamo a Malcolm, le ruego que venga a verme al ático y le cuento todo lo que ha sucedido con Logan.

Si alguien me puede ayudar a averiguar qué le está pasando a mi marido ese es Malcolm.

Porque me temo que el hecho de pedirme el divorcio no tiene nada que ver con que le haya ocultado la existencia de Cole y de mi actual embarazo.

Me arreglo y me ducho, desayuno con mi hijo y luego, cuando llega Malcolm con mi madre, ella se encargar de distraer a Cole mientras que yo me dirijo hacia el despacho de Logan con Malcolm.

Le cuento cómo me ha engañado para alejarme de Wexler y que me ha pedido el divorcio.

Me sorprende que no le impacte todo lo que le relato.

—¿Sabías algo de todo esto? —pregunto con desconcierto.

—No, pero Logan es un hombre muy listo. Yo en su lugar hubiese actuado igual. Es digno de admirar y está demostrando con sus acciones todo lo que te ama.

—Pues explícamelo, porque no entiendo nada —le indico con interés, colocando ambas manos sobre la mesa y esperando una respuesta razonable.

—Obvio, te ha engañado para hacerse con Wexler para alejarte de los problemas y que tengas un embarazo tranquilo y ajeno a todo.

También te está protegiendo porque si algo sale mal la realidad es que estáis colaborando con narcotraficantes —me recuerda—.

Ahora él es el responsable de todo. Ante la justicia, ante Callaham y los demás como él.

—¿Y por qué me pide el divorcio? Supuestamente si era su mujer estaba protegida.

—Ahora ser su mujer es un riesgo. Si Logan cae de alguna forma, ante la justicia o ante los narcotraficantes, tú serias investigada o un blanco fácil.

Si no estás ligada a él de una forma legal ni sentimental tu marido no tiene de qué preocuparse en el caso de que algo vaya mal. Tú estarías libre de todo.

—No es justo que él cargue con el peso de todo —susurro con miedo.

—Tú estás embarazada, Maggie —me recuerda.

—Puedo tolerar que no me deje volver a Wexler, pero no voy a firmar el divorcio —manifiesto, rotunda.

—Logan es un hombre de muchos recursos. Siempre consigue lo que se propone —lo siento como una advertencia.

—No firmaré nada más de lo que me ponga por delante sin leerlo.

—Igual no procede así —susurra.

—¿Y cómo crees que lo haría? —pregunto con interés—. Ayúdame, Malcolm —le suplico—. No podemos dejar a Logan solo en esto.

Se queda en silencio, creo que medita la situación y luego dice:

—Esta noche tiene una fiesta que ha organizado Callaham en el club de golf. Asistirá porque le ha insistido. E irá solo. Existen ciertos rumores acerca de un distanciamiento en vuestro matrimonio que puede que acabe en un posible divorcio tras Logan hacerse como único dueño de Wexler.

—¿Me estás sugiriendo que es mi oportunidad para presentarme allí sorprendiendo a mi marido y dejar patente que pese a que ya no soy su socia en Wexler nuestro matrimonio sigue adelante?

—Provocaría un gran enfado en Logan, pero reafirmaría que vuestro matrimonio está bien.

—Me encargaré de solucionar ese tema. No voy a permitir que me aparte de su lado. Estoy concienciada a soportar todos sus desplantes, pero voy a estar junto a él hasta que se deshaga de Wexler.

—Vamos a cuidar de Logan entre los dos sin que lo sepa.

—Gracias, Malcolm. Y, por favor, mantengamos al margen de esto a mi madre y a mi hijo.

—Por supuesto, Maggie. Pero tú vas a prometerme que vas a estar bien y vas a cuidar este embarazo.

—Lo haré.

Me abrazo a Malcolm y doy gracias por tenerlo en mi vida y que siga cuidando de mí.

Paso el resto de la mañana en mi habitación escogiendo un vestido para la fiesta de esta noche. Por suerte, tengo en mi correo electrónico la invitación de Callaham y sonrío ante ella. No necesitaré a mi marido para acceder.

Me pregunto si Logan pasará por casa o irá directamente a la fiesta.

Llamo a mi amiga Helena y le pido que averigüe la agenda del día de mi marido.

Para mi sorpresa, me comunica un poco apurada que Logan ha reservado una suite en un lujoso hotel para hoy.

Espero que solo sea para salir de ahí arreglado y que yo no le pregunte dónde va.

—¿Todo está bien? —pregunta Helena con inquietud.

—Creo que sí. —No le doy más explicaciones, no deseo que mi marido la acuse en algún momento de ser mi cómplice.

Espero para vestirme y arreglarme hasta última hora.

Cuando recibo un mensaje de Logan en el que me informa de que hoy no vendrá a dormir a casa, no me da más explicaciones, es todo lo que necesito para presentarme en la fiesta y encontrarme allí con mi marido.

Voy a dejarle muy claro que no puede atarme a su vida y desligarme de ella a su antojo.

Sé que hace esto para decepcionarme, para que piense que es mejor estar lejos que vivir juntos en estas circunstancias, durmiendo separados y que apenas me cuente nada de lo que sucede a su alrededor.

Pero está muy equivocado, o es que no me conoce lo bien que debería.

Me coloco un vestido blanco con motivos negros increíble, con un generoso escote en uve, una raja en la pierna derecha y otro generoso escote en la espalda.

Me miro al espejo y me veo increíble. Aún no se me nota el embarazo y el vestido me hace un tipazo.

Sonrío cuando me veo, me he maquillado con esmero y me he peinado acentuando unas hondas en mi pelo.

Cojo un abrigo negro, me lo coloco y, con la ayuda de Malcolm, que será quién me lleve a la fiesta, despistamos a los guardaespaldas de mi marido para que no lo avisen de mi salida y nos encaminamos hacia el lugar.

De camino a la fiesta Malcolm me pregunta:

—¿Estás bien?

—Sí. Muy bien —le indico muy segura de ello.

Me bajo en la puerta y entro sola en la fiesta.

Entrego mi invitación en la entrada y cuando me deshago del abrigo siento, a través de la lejanía, unos ojos penetrantes fijos en mí.

Alzo mi mirada, descubro a Logan entre un grupo de personas entre las que se encuentra Callaham y siento que se me eriza el vello del todo el cuerpo.

Mi marido me dirige una mirada tan seria, penetrante, peligrosa y reprobadora que tengo que tomar una bocanada de aire.

Comienzo a caminar en su dirección mostrando una sonrisa forzada mientras soy consciente de que todo el grupo que rodea a Logan me presta atención.

Un camarero con una bandeja cargada de copas de champán pasa por mi lado y me ofrece una.

La cojo, camino unos pasos y cuando voy a llevarla a mis labios mi marido aparece a mi lado, me arrebata la copa con rapidez y se le bebe de un tirón.

—¡Estás embarazada! —me recuerda con un gruñido a mi lado. Sus ojos me taladran.

—Solo iba a mojarme los labios. No soy tan insensata.

—¿Qué haces aquí, Maggie? —pregunta con los dientes apretados, incómodo. Aprecio un leve tic en su mandíbula.

—He sido invitada —le indico con naturalidad mientras paseo la mirada a nuestro alrededor.

—¿Qué pretendes presentándote aquí? —ladra en un susurro.

—Dejar claro a todos que Logan Kessler me pertenece. Saluda a tu esposa como se merece.

Me acerco a él y le planto un beso en los labios. Me recibe rígido.

—Maggie… —murmura en señal de advertencia.