Un acuerdo con el diablo Capítulo 36 #2
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Capítulo 36 #2

—¡Qué poco entusiasmo! Cualquiera diría que no te has alegrado de verme.

—Les he dicho a todos que estabas indispuesta.

—Ya me encuentro mucho mejor. —Lo tomo del brazo y tiro de él—. Vamos a saludar.

Logan camina a mi lado en tensión mientras yo disfruto del momento.

—Kessler, eres un tío con suerte —le indica Callaham mirándome—. Señora Kessler, la veo muy recuperada —aprecia—. Guapísima, como siempre.

—Sí. He tenido un virus estomacal, pero ya me encuentro en perfecto estado y no quería dejar solo a mi marido en esta importante fiesta.

—Me alegra que haya venido. Le presentaré a mi esposa.

Desconocía que Callaham estuviese casado. Le estrecho la mano a una mujer más joven que yo, rubia, de ojos azules y muy guapa. Desde luego que es evidente que está con un hombre como Callaham por su dinero, podría ser su padre y dudo que le atraiga lo más mínimo.

Cuando nos ofrecen a todo el grupo una copa de champán y vuelvo a coger otra en mis manos siento cómo mi marido me mira. Me llevo la copa a los labios, finjo que bebo hasta que Logan me la vuelve a arrebatar y se la termina él.

Luego me toma de la mano con fuerza y nos alejamos un poco del grupo.

—¡¿Por qué has venido?! —pregunta de nuevo.

—Porque no voy a dejarte solo. Puedes echarme de la empresa comprando mi parte de una forma muy tramposa —le recrimino—, pero no me vas a echar de tu vida de la misma forma.

Sé que haces esto para protegerme a mí y a nuestros hijos.

No te voy a dar el divorcio. ¿Qué pretendías con el mensaje que me has enviado diciéndome que no vendrías a dormir esta noche?

¿Ponerme celosa? ¿Quieres que piense que estás con otra mujer mientras me dices que me amas?

—Maggie… todo esto es muy complicado.

—No. No te confundas. Muy complicados han sido los años que hemos estado separados.

Los dos podremos con esto. Ambos nos metimos aquí por una venganza hacia mi padre y estamos pagando las consecuencias.

El hecho de que esté esperando un hijo tuyo no me exime de mi culpa.

Y ahora, bésame. La gente de alrededor nos mira —le ordeno tomando una bocanada de aire, calmándome—. Hagamos que nos envidien.

Logan me mira sin hacer nada. Pongo los ojos en blanco y susurro:

—Yo te pedí matrimonio, lanzarme a los brazos de mi marido en público no es nada.

Llevo las manos hacia sus mejillas y le rozo los labios, pidiéndole permiso, pero se resiste y yo no desisto. Profundizo el beso, siento que me lo devuelve, nuestras lenguas se enredan y cuando lo tengo rendido a mí sé que me ama más que nunca.

—Joder, Maggie —se queja en un susurro sobre mis labios.

—Sí, lo admito. Me estoy aprovechando de la situación. Hace casi dos semanas que mi marido no me besa. Ahí tienes la verdadera razón por la que me he presentado aquí —le indico en tono de broma mientras aprecio, mostrándole una enorme sonrisa, lo afectado que lo ha dejado nuestro beso.

—Kessler —dice un hombre a su espalda para saludarlo.

En un movimiento rápido Logan me coloca delante de él, le extiende la mano al señor mayor que tenemos delante, me presenta y siento porqué soy el escudo de mi marido.

De forma intencionada, mientras hablamos con este señor, me pego más a él, sintiendo lo abultado que tiene su miembro.

Percibo cómo Logan lleva la mano a mi cintura y clava sus dedos ahí.

Logan se disculpa, tira de mi mano y hace que camine delante de él.

—No sé qué pretendes —se queja andando a mi lado, con la mirada al frente.

—Recuperar a mi marido, al amor de mi vida. No soporto tenerte lejos —confieso—. Ni que no me mires con deseo y pasión.

—No he dejado de desearte ni un solo instante de mi vida, solo que en los últimos días asoma por mis ojos la decepción —me reprocha.

—Puedo entenderla, solo te pido que me dejes estar a tu lado para superarlo juntos. Sé que podremos.

De camino a la salida nos cruzamos con un camarero al que Logan le quita una copa de champán de la bandeja por detrás y se la toma entera.

—Si sigues bebiendo así vas a terminar sin poder mantenerte en pie —le indico en tono de reproche mientras me coloca el abrigo por los hombros. Al parecer nos marchamos. Un coche nos espera en la puerta y nos montamos en este en silencio.

Logan cierra los ojos cuando nos ponemos en marcha y suspira. Miro hacia lo abultado de su pantalón y me muerdo el labio, sintiéndome poderosa de haberlo provocado solo con un beso.

Le coloco la mano con disimulo en el muslo y comienzo a subirla, pero de un gesto rápido la para y me atrapa, sin apartarla.

—Mira cómo me tienes —susurra con los dientes apretados, mirándome con los ojos entornados—.

Cuando te vi entrar por la puerta de esa fiesta sentí un tirón tan fuerte en mi polla del que aún no me recupero.

Joder, Maggie… Estás impresionante con ese vestido.

Mi corazón se aceleró hasta tal punto que pensé que iba a sufrir un infarto.

Sentía ganas de matarte al mismo tiempo que te adoraba con mis ojos.

Cuando aprecié cómo te devoran el resto de los hombres de la fiesta quise sacarte de ahí a rastras, pero ya era demasiado tarde.

Has aparecido ahí, te han conocido y te han deseado, hasta el propio Callaham te miró con deseo y tuve ganas de estamparle el puño en esa cara de perro que tiene.

Me la has jugado —susurra con pesar—. Lo has hecho a posta.

Ahora todos te conocen. Si me divorcio de mi esposa te caerán encima. Y no podría soportarlo —reconoce.

—Me alegra que la estúpida idea del divorcio haya desaparecido de tu mente —susurro con alivio.

—Esta noche te has puesto en peligro. Has sido una inconsciente.

—No. Esta noche he recuperado al hombre que amo —murmuro con una sonrisa de orgullo.

—No te equivoques, solo has provocado en mí unas ganas enormes de follarte.

—No te contengas, soy tu mujer. Y la doctora dijo que estaba todo bien con el bebé. Podíamos tener relaciones sexuales —le recuerdo—. Logan, yo también te deseo.

Le acaricio el pecho a través de la tela de la camisa blanca. Ante mi contacto, mi marido cierra los ojos de nuevo y suspira.

—Al hotel —le indica al conductor del coche aclarándose la voz y elevando el tono, en una orden seca, antes hablábamos bajito.

Reprimo esbozar una amplia sonrisa y lo miro con el ceño fruncido, sin revelarle que sé que tiene reservada una suite para esta noche en uno de los mejores hoteles de Nueva York.

Cuando nos bajamos del coche Logan me agarra fuerte de la mano y comenzamos a caminar hacia los ascensores. Él da amplias zancadas y a mí me cuesta seguirlo.

—¿Dónde me llevas? —pregunto con fingida inocencia.

—A un lugar donde pueda hacer gritar con todas sus fuerzas a mi mujer sin que mi hijo nos escuche desde la habitación de al lado y crea que la estoy matando.

Lo miro con una enorme sonrisa de satisfacción mientras mi piel arde por estar desnuda junto a la suya.

Entramos en el ascensor, se cierran las puertas, miro a mi esposo a los ojos, me acerco a él y susurro antes de besarlo:

—Me encanta la idea.

Nos besamos de forma pasional, urgente y desesperada.

Salimos del ascensor sin dejar de devorarnos los labios, tropiezo antes de llegar a la habitación, pero mi marido está ágil y me toma con fuerza por la cintura, me alza en sus brazos y camina con mis pies suspendidos en el aire mientras gemimos sobre nuestras bocas.

Doy gracias de que no nos encontremos a nadie.

Logan abre la habitación y una vez que pasamos comenzamos a deshacernos de la ropa con rapidez como si nos quemase puesta.

Ni siquiera podemos llegar a la cama, me tumba sobre el sofá, me deja desnuda en cuestión de segundos, se sienta, se abre la cremallera del pantalón, saca su impresionante miembro, duro, con todas las venas pronunciadas y unas leves gotas en la punta, me sienta a horcajadas sobre él y entra en mi interior de una sola embestida.

Grito de placer al sentirlo duro y caliente, y de inmediato me pregunta con el ceño fruncido:

—¿Estás bien?

—Muy bien. No pares —le ordeno moviendo las caderas.

—Joder, Maggie. Esto va a ser rápido. Estoy a punto de explotar —siento que se disculpa.

—Lo sé, amor. Yo estoy igual. Han sido demasiados días sin sentirte tan cerca.

—Eres una completa bruja. Ni el día que lo hicimos por primera vez me tenías así —revela sin dejar de moverse con fuerza.

Me tiene agarrada por las caderas y siento que ninguno de los dos podemos parar esto.

Estamos demasiado excitados. Logan se deja ir, lo siento correrse en mi interior con una fuerza brutal y yo lo hago seguidamente dejando escapar un sonoro grito.

Me derrumbo contra su pecho, me abraza, me besa el hombro y lo siento tan mío que el corazón se me llena de una alegría inmensa.

Sin salir de mi interior se levanta y me lleva hasta la cama. Se apoya sobre sus brazos y me mira en silencio.

—Ahora hazme el amor de una forma lenta —le ordeno con una sonrisa ardiente.

—No pararía de hacerte el amor en toda la noche —susurra besándome el cuello.

—Me parece un plan perfecto. Te aseguro que no me quejaré.

Me apodero de sus labios y cuando me besa de esa forma tan caliente que es como si me hiciese el amor en la boca con su lengua casi me corro de puro placer.