Un acuerdo con el diablo Un marido complicado #2
52%

Un marido complicado #2

—Porque de alguna forma fue mi primer hogar. Crecí en un centro de acogida —me recuerda.

—No sabía que mi padre la había vendido.

—Lo vendió todo para sacar a su empresa de la ruina, solo se quedó con el ático, y, aun así, terminó vendiéndome el cincuenta por ciento de Wexler.

—¿Tuviste algo que ver con el hecho de que mi padre llegase a la ruina? —pregunto con miedo.

—Todo —revela de frente, sincero—. Lo planeé durante años. Era mi venganza.

—¿Por qué?

—Porque me separó de ti y casi me mata —me espeta.

—Owen me dijo hace poco que te torturaron, nunca lo supe hasta hace unos días —susurro con dolor.

—Aun así, no firmé los documentos del divorcio, pese a ver tu firma estampada ahí —revela con rabia y resentimiento.

—Tuve que hacerlo para que te mantuviese con vida —susurro con la voz rota, sintiendo un gran nudo en la garganta.

—¿Por qué no confiaste en mí? —me reprocha con rabia.

—No eras nadie, Logan. Mi padre tenía mucho poder, no quería que te matase —justifico.

—Era un hombre lo suficientemente enamorado como para salvarte y cuidarte. Pero eso no te bastó —me reprocha de forma hiriente, mirándome con sus ojos cargados de dolor.

—No fue cómo crees. —Lo miro con lágrimas en los ojos.

—Ya qué más da. Ahora tenemos otros problemas mucho más importantes que resolver que un pasado del que lo único que nos queda es este matrimonio indeseado, pero que debemos soportar por el bien de los dos si queremos seguir con vida.

Unos toques en la puerta nos distraen y Logan le indica a su asistente que pase. Este le entrega una caja pequeña y le dice:

—Su encargo, señor.

—Gracias, Kevin.

Nos volvemos a quedar a solas de nuevo mientras observo cómo Logan abre la caja que le han traído y saca un anillo espectacular con un diamante enorme. Me lo muestra.

—El anillo que debe llevar mi esposa. Tu mano está muy vacía, querida, y no queremos levantar sospechas sobre este matrimonio.

Me quedo paralizada ante una joya tan impresionante y cara. Logan se levanta de su asiento, se acerca, se inclina un poco, coge mi mano y desliza el anillo en mi dedo.

—Te queda perfecto —susurra.

Observo la joya en mi mano y le pregunto:

—¿Por qué te empeñas en rodearme de lujos innecesario? ¿Es para demostrarme todo lo que tienes? Ya soy consciente de ello. No tenías que haber gastado una pequeña fortuna en un anillo que solo representa una farsa.

—Tómalo como parte de este acuerdo —susurra con voz fría y distante.

—Espero que con este anillo en mi dedo no pienses que eres mi dueño —le advierto.

—Tranquila. Eres demasiada responsabilidad para mí.

—Te lo devolveré cuando todo esto termine.

—Creo que no es mi estilo —murmura. Se levanta, se dirige a su mesa, descuelga el teléfono y solo dice—: Te necesito en mi despacho.

—Al cabo de varios minutos llega una mujer y Logan le indica—: Carol, a mi mujer no le gusta la decoración de este lugar, encárgate de redecorarlo y pídele consejo a mi esposa.

Miro a Logan con los ojos muy abierto, ¿pero se ha vuelto loco?

—Eh… No, lo puedes dejar así —susurro, descolocada.

—No te gusta, mi amor —dice estas últimas palabras dirigiéndome una sonrisa depredadora que me acelera el corazón—, y yo solo quiero que te sientas cómoda cuando estás conmigo.

—Es tu despacho, tu espacio de trabajo.

—Carol, refórmalo todo. No quiero que mi mujer deje de venir a verme porque le resulte demasiado lujoso. ¿Algo más sencillo? —inquiere al mismo tiempo que no sé por qué hace todo esto.

—Logan, creo que te estás precipitando. Solo fue una opinión.

Carol nos mira a ambos en silencio.

—¿Puede dejarnos solos, por favor? —le indico a la mujer mostrándole una sonrisa tímida.

Cuando sale me coloco en pie, pongo las manos sobre la mesa de Logan y lo encaro.

—¡¿Por qué haces esto?!

—Me dijiste que no te gustaba mi despacho —dice con una calma medida que me saca de quicio.

—Creo que en estos momentos tenemos asuntos mucho más importantes que tratar de redecorar todo esto —le espeto, furiosa, haciendo un aspaviento con la mano.

—Tienes razón —admite mirándome a los ojos mientras siento una tensión no resuelta entre nosotros.

Se levanta, se acerca y se apodera de mis labios.

Me besa mientras siento su control y fuerza contenida, luego me estrecha contra su cuerpo sin dejar de besarme de una forma más pasional.

Le correspondo, le acaricio el rostro mientras nos besamos y me dejo llevar por completo hasta que mi respiración se acelera a un ritmo vertiginoso.

De repente, Logan se separa de mí, me mira a los ojos y dice:

—Solo quería que cuando salgamos por esa puerta mi asistente, Carol y Helena no reparen en una mujer que acaba de discutir con su esposo, sino en una mujer que tiene la respiración alterada y las mejillas sonrosadas por lo que ha hecho aquí con su marido.

—La frialdad impecable que siento en su tono me deja descolocada.

Me toma de la mano y salimos del despacho mientras maldigo a Logan Kessler en silencio.

Pasamos el resto del día en la empresa de mi padre. Respiramos con alivio cuando se nos comunica que todo el asunto de Callaham ha salido bien. Pero nos tienen más cargamentos preparados para las próximas semanas y debemos hacer frente a otras personas como él que trataban con mi padre.

Tras una semana de intenso trabajo donde pasamos en la oficina más de doce horas al día, el viernes Logan me comunica que asistiremos a un musical en Los Ángeles cuando vamos en el coche y pienso que en poco estaremos cómodos y relajados en el ático.

—Estoy muy cansada. Ve tú.

—Maggie, financio el musical. Son jóvenes de la misma casa de acogida donde me crie y tenían ese sueño.

Yo me puse en contacto con la gente adecuada para que lo llevasen a cabo.

No puedo dejar de asistir o los decepcionaría.

¿Crees que me apetece volar hasta Los Ángeles y volver?

Mi avión está listo y nuestra ropa también.

Nos cambiaremos en el vuelo e iremos directos a la función.

Kevin y Helena se han encargado de todo.

—¿Qué función tiene Helena exactamente en tu empresa? —me intereso.

—Digamos que Kevin delega en ella todo lo que no abarca él. Son un buen equipo. Incluso creo que están liados, pero no es de mi incumbencia.

—He quedado con ella la próxima semana para comer y terminar de preparar tu cumpleaños, le preguntaré.

—No me interesa la vida personal de mis empleados.

—No te diré lo que descubra.

Llegamos al aeropuerto y cuando el coche se para delante de un gran avión privado no puedo creer que Logan también sea el dueño. Desde luego, en estos dieciocho años ha trabajado sin descanso para conseguir todo lo que tiene.

Cuando subimos a bordo la tripulación nos saluda. Nos ofrecen algo de comer, pero me siento tan cansada que solo quiero cerrar los ojos por un par de horas. Logan lo aprecia y me dice:

—Hay una habitación con una cama al fondo. Puedes ir a descansar.

No le discuto, asiento y le tomo la palabra. Tenemos seis horas de vuelo por delante y no me apetece pasármelas frente a Logan.

Cuando me tumbo en la cama pienso cuántas mujeres habrán estado aquí con él, pero mi cansancio es tal que no tardo en dormirme. El colchón es tan bueno que me proporciona un descanso increíble.

Siento la voz de mi marido que me susurra cerca:

—Maggie, vamos a aterrizar en una hora y vamos directos al musical. Deberías ir arreglándote.

Entreabro los ojos y lo veo perfectamente vestido con un esmoquin negro que le sienta de maravilla. Tiene el pelo mojado y deduzco que se ha duchado.

—¿Tanto he dormido? —pregunto con sorpresa.

—Hemos tenido una semana infernal —murmura con voz cálida.

—Tu duermes muy poco —comento sentándome en la cama y mirándolo.

—Pienso demasiado —susurra y sale de la habitación.

El armario está abierto y reparo en un vestido de satén en rosa palo. Lo admiro y elogio la buena elección de mi amiga Helena.

Me doy una ducha, me visto y me arreglo. Cuando aparezco por el pasillo del avión siento la mirada de Logan recorrerme de arriba abajo con admiración.

—Creo que Helena ha acertado con el vestido.

—Es increíble. Le daré las gracias.

—Dáselas a tu marido. He sido quien lo ha pagado.

—Puedo hacerme cargo de mis gastos —le dejo claro, un poco molesta.

—Nunca he tenido a quién regalarle cosas.

—¿Y tus amantes? —pregunto con cierto tono molesto.

—Existen regalos que salen del corazón y otros que se hacen por cortesía. Hay una gran diferencia.

—¿Debo entender que los míos te salen del corazón? —me atrevo a preguntar.

—Intento estar a la altura de un buen marido.

Cuando voy a replicarle la azafata nos indica que vamos a aterrizar y que nos coloquemos los cinturones de seguridad.

A pie de pista nos espera una limusina que nos lleva directos a la puerta del musical. No esperaba un despliegue de medios como el que encuentro. Logan y yo caminamos juntos por una alfombra roja, nos piden que posemos y le hacen unas preguntas como productor del musical.

En el interior tenemos sitios privilegiados, el musical es espectacular, lo disfruto muchísimo y luego cenamos con todo el elenco.

Descubro que Logan los conoce a todos y termino la noche con la información de que mi marido compró hace años la casa de acogida donde se crio y la ha convertido en una de las mejores del país.

Lo admiro nuevamente y me siento muy orgullosa de él.

Cuando nos despedimos del director del musical, Trevis, me dice:

—Señora Kessler, esperamos verla en la próxima obra que estrenamos en Nueva York en unos meses.

—No me la perdería por nada del mundo. Ha sido fantástico esta noche. Nunca había vivido nada igual.

—Es usted muy amable —me indica Trevis con una enorme sonrisa. Es un hombre de mi edad muy apuesto que no ha dejado de mirarme en toda la noche.