Capítulo 22 #2
—Consideré que era parte de su trabajo —se excusa con tono neutro, sin darle importancia.
El móvil de Logan suena y anuncia:
—Ya está aquí.
Se dirige hacia la entrada y abre la puerta a una mujer rubia, alta, de buen cuerpo vestida entera de negro. Es muy guapa.
—Donna abrirá las cajas fuertes. Es experta en ello —es su modo de presentármela. Ambas nos dirigimos una mirada y Logan le indica que empiece por la caja fuerte del despacho.
La mujer la abre en cuestión de dos minutos, pero no mira lo que hay dentro. Le dedica una sonrisa coqueta a Logan y le dice:
—Conseguido, la siguiente.
La acompañamos a la caja fuerte del vestidor y hace lo mismo.
—Como siempre, un placer, Kessler. —Ambos se estrechan la mano mientras admiro la complicidad entre ellos y siento una oleada de celos que me obligo a aplacar.
Donna se marcha y cuando nos quedamos a solas me doy media vuelta y me dirijo al despacho de mi padre, dispuesta a descubrir todo lo que tenga allí, y con la esperanza de encontrar las pruebas que implicaban a mi madre.
—Donna es la mejor en su trabajo —comenta Logan a mi espalda mientras saco toda la documentación que hay en la caja fuerte.
—Sí, lo he comprobado. No es una empleada, es mucho más, ¿cierto? —pregunto sin poder evitarlo.
—Cierto, no trabaja para mí. De hecho, sus servicios son muy caros —revela con una enorme sonrisa, luego añade—: Pero si te planteas que me acuesto con ella la respuesta es negativa. Es lesbiana —revela mostrándome una enorme sonrisa que me molesta.
Me centro en los documentos que tengo delante, empiezo a leerlos y cuando llego a uno de ellos me quedo paralizada. Logan me pregunta con interés:
—¿Has encontrado algo? —Tengo las palabras atascadas en mi garganta y comienzo a temblar.
Logan me quita los documentos de mis manos y lo lee. Se trata del acuerdo de divorcio que firmé, el que mi padre me obligó a hacerlo. Compruebo que solo está firmado por mí y las hojas tienen salpicaduras de sangre.
—Te dije que nunca lo firmé, aquí tienes la prueba —susurra Logan en un tono neutro. Sin emoción alguna.
—¿Qué te hizo mi padre? —me atrevo a preguntar con la voz cortada, recordando lo que Owen me contó.
—No quiero hablar de eso, Maggie. Estamos aquí por otro asunto —responde al mismo tiempo que aprecio la tensión en su mandíbula—. Revisa lo que hay aquí. Yo iré a ver qué tenía en la otra caja fuerte.
Mi marido se da media vuelta y sale del despacho.
Siento que está huyendo de mí. Miro el acuerdo de divorcio, me llevo una mano al pecho y dejo que broten las lágrimas que retenía.
Lo doblo y lo guardo en mi bolso. Es algo que quiero conservar, y no me doy por vencida.
Algún día lograré que Logan me diga por qué no lo firmó.
Ha pasado una hora desde que Logan me dejó a solas, he revisado toda la documentación y no he encontrado nada relacionado con los negocios ilegales de mi padre.
Solo el acuerdo de divorcio, el testamento de mi abuela, sus propiedades y todas las escrituras de estas y sociedades de mi padre. Todo en orden y legal.
Me encamino hacia el vestidor en busca de Logan, lo encuentro sentado en el suelo, se ha deshecho de la corbata, de la chaqueta y tiene esparcido alrededor muchos documentos. Lo observo leer con atención. No ha sentido mi presencia.
Me siento a su lado, lo sobresalto y le pregunto:
—¿Has tenido más suerte que yo? Lo de la caja fuerte del despacho eran todos documentos legales y algo de dinero en efectivo.
—Aquí está todo —susurra con la voz cortada mientras me mira serio.
—¿Qué pasa? —pregunto con miedo.
—Tu madre —anuncia mirándome con los ojos muy abiertos.
—¿Qué pasa con ella? —inquiero, alerta y nerviosa.
—Tu padre la metió en sus negocios sucios. No sé si estás preparada para saber esto. Hubiese ido a la cárcel si no llega a morir en ese accidente —revela mientras que yo siento un nudo en la garganta que apenas me deja pasar el aire. Logan acaba de encontrar las pruebas de su inocencia.
Tengo que dominar esbozar una enorme sonrisa y abrazarlo de alegría.
—Dame esos documentos —le solicito extendiendo la mano.
Logan me los entrega y los leo con detenimiento sintiendo una gran emoción.
—¿Estás bien, Maggie? —pregunta con un tono que me hace levantar la mirada y verlo como el Logan del que me enamoré y se preocupaba por mí.
Observo que la frialdad en sus ojos ha desaparecido y me mira con ternura, algo que hace que el corazón me dé un vuelco por completo y al mismo tiempo me sienta muy mal por no contarle la verdad, pero aún no puedo hacerlo.
—Sí —le miento, y sé que él lo sabe. De repente, se acerca y me abraza.
Me refugio en su pecho, lo aprieto con más fuerza y me permito llorar, pero mis lágrimas no son por el descubrimiento que acabamos de hacer.
Mi llanto es producto de este abrazo y de lo cerca que siento al gran amor de mi vida. Su calidez me envuelve.
Me acaricia la espalda mientras que yo ruego porque el tiempo se detenga en este preciso momento. Hacía años que no me sentía tan bien.
De repente, Logan se aleja de mí, nos quedamos en silencio mirándonos a los ojos y creo que ambos sentimos que el tiempo no ha pasado. Se acerca, me roza los labios con los suyos, pero la voz de Owen nos interrumpe.
—¿Habéis encontrado algo?
De inmediato, Logan y yo nos separamos y nos colocamos en pie.
—Sí, creo que muchas cosas —comento un poco nerviosa.
—Será mejor que nos llevemos todo a mi casa y allí continuemos leyéndolo detenidamente —propone Logan.
—Sí.
Recogemos los documentos, nos vamos directamente a su ático y allí, en su despacho, empapándonos de todos los negocios ilegales de mi padre y cómo lo hacía pasamos el resto del día hasta terminar agotados.
Ha anochecido cuando Logan levanta la cabeza de los papeles y me indica:
—Creo que por hoy ha sido suficiente. ¿Cenamos y nos vamos a la cama?
Su pregunta hace que un escalofrío recorra todo mi cuerpo. Me iría a la cama con él. Dormir abrazada a su cuerpo es lo que más me apetece en estos momentos, pero sé que no lo ha dicho con esa intención.
—Sí.
Me levanto del sillón que ocupaba, descalza, hace horas me deshice de mis tacones, y nos encaminamos hacia la cocina.
Logan abre el frigorífico y comprueba la comida que hay. Decidimos hacer una ensalada con carne a la plancha.
—¿Tú haces la carne y yo la ensalada? —le propongo como si fuésemos un matrimonio de verdad metidos en su cocina en el día a día.
—¿Sabes hacer una ensalada? —se burla con una sonrisa—. Igual las niñas ricas no saben ni por dónde cortar la lechuga.
—Te sorprenderé —susurro guiñándole un ojo. ¿Estamos coqueteando?
—En este mundo ya nada me sorprende.
Logan se gira y comienza a poner la sartén con la carne mientras yo me hago con todo lo que le voy a echar a la ensalada, lo lavo mientras siento cómo me mira en silencio.
Cuando estoy cortando el último trozo de tomate se me va el cuchillo y me corto un poco el dedo.
—¡Ay! —exclamo de golpe. Me miro el dedo y tiene sangre.
—¡Joder! —maldice Logan a mi lado—. Desde luego que no sabes qué hacer para sorprenderme. Ven.
Tira de mi muñeca, coloca mi mano debajo del grifo y me echa abundante agua. El corte es profundo y no deja de sangrar.
—Habrá que poner un apósito —dice al mismo tiempo que lo observo salir de la cocina con paso ligero y volver con un botiquín.
Se dispone a curarme, aún tengo un poco de sangre y mi impulso es llevarme el dedo a la boca, pero Logan para mi mano, prevé mi intención, y, para mi completa sorpresa, se lleva el dedo a su boca y lo chupa sin dejar de mirarme a los ojos.
Mi corazón se acelera, trago con dificultad y todo mi cuerpo se estremece por completo ante su contacto. Siento la calidez de su boca, cómo chupa mi dedo y hace presión con su lengua. Cierro los ojos de forma inconsciente y tomo una bocanada de aire intentando tranquilizarme.
Luego mi marido coloca un apósito en mi dedo y susurra:
—Yo seguiré con la cena. Siéntate, por favor. —No se lo discuto, mis piernas tiemblan por todo lo que me ha hecho sentir con mi dedo metido en su boca.
—Gracias —susurro intentando deshacer el nudo que tengo en la garganta.
—Se supone que eso hacen los maridos, ¿no? No tengo experiencia en el cargo, como recordarás bien, no nos dio tiempo de experimentarlo —lo percibo como un reproche, pero no le sigo el juego. Estoy tan abrumada que prefiero guardar silencio.
Cenamos mientras no me deja de atormentar que mi labor en Nueva York ha concluido.
Tengo las pruebas de la inocencia de mi madre y de todos los negocios ilegales que mi padre llevó a cabo, junto con los nombres de esas personas.
Podría entregarlo a la policía y largarme, pero no puedo hacerlo.
Dejaría a Logan con la carga de todo y podrían matarlo.
Tengo que quedarme y solucionar esto juntos.
Se lo debo después de cómo dio la cara por mí ante Callaham.
Por otro lado, tengo que admitir que me importa muchísimo y no quiero que le pase nada.
—Estás muy pensativa y apenas has comido —aprecia mirándome con atención—. ¿Tengo que obligarte a comer? Estás muy delgada —dice llevándose el tenedor a la boca.
—No ha sido un día fácil. Tengo el estómago cerrado.
—No termino de comprender por qué volviste, Maggie —susurra, intrigado, mirándome con suma atención.
—En busca de respuestas.
—A veces, conocer la verdad duele —comenta.
Lo miro a los ojos y recuerdo cuánto me dolió encontrarlo viviendo con otra mujer tras ocho años de intensa búsqueda.
—Sí, y mucho. Pero es mejor que vivir engañada.
—Sabes, Maggie, me pregunto en qué momento vas a desaparecer y dejarme colgado con todo —dice mirándome de una forma fría y dura.
—¿Por qué piensas eso? —inquiero, nerviosa.
—Algo me dice que hoy encontraste todas las respuestas que buscabas. Tu padre era aún peor de lo que pensabas.
—No voy a dejarte con la responsabilidad de todo. Esto es algo en lo que estamos juntos.
—¿Por qué debería creerte? —pregunta con dudas.