Capítulo 22
Verdades
Entro en la que será mi habitación de ahora en adelante y cuando inspecciono el vestidor lo encuentro repleto de ropa.
Me asombro, lo primero que pienso, indignada, es que todas esas prendas son de la exnovia de Logan, pero cuando me acerco y compruebo que todo lleva etiqueta y es nuevo me sorprendo por completo.
¿Pero cuándo ha hecho todo esto? Apenas esta mañana me impuso que teníamos que vivir juntos.
Observo la ropa al detalle, toda cara, lujosa, de muy buen gusto.
Tengo de todo, desde ropa interior hasta complementos y zapatos.
No sé ni qué decir ni cómo reaccionar ante todo esto.
Me dirijo al enorme baño, con una gran ducha y una bañera redonda.
Aprecio que existen todo tipo de cremas y maquillajes que pueda llegar a utilizar, pero, lo que más llama mi atención es mi perfume.
Es el que llevo usando desde hace muchísimos años.
Lo cojo entre mis manos, lo huelo y algo me dice que no es casualidad que esté aquí.
Recuerdo que Logan siempre me decía que le encantaba mi perfume, pero no puede haberlo recordado durante todos estos años.
Me siento en la cama y encima de la mesita de noche descubro una nota en la que dice:
Todo esto es para ti, esposa.
Disfrútalo, señora Kessler.
Me deshago de la ropa que llevo y me enfundo en un pijama de seda verde agua. Me meto en la cama impresionada ante tantísimo lujo. ¿Qué pretende Logan con todo esto? ¿Demostrarme que es mucho más rico de lo que un día lo fue mi padre?
Doy vueltas en la enorme cama, apenas duermo en toda la noche.
Durante muchos años me desvelaba y pensaba qué estaría haciendo Logan, dónde se encontraría.
En estos momentos lo tengo en la habitación de al lado y me muero por correr a sus brazos y decirle toda la verdad, pero sé que de nada serviría.
Él ya no me quiere como años atrás y eso lo cambia todo.
Me levanto temprano, me doy una ducha y me atrevo a hacer uso de toda la ropa que tengo a mi disposición en el vestidor, incluidos zapatos y bolso.
Me convenzo de que esta será mi casa por un tiempo y me animo a ir hasta la cocina a hacerme un café.
Echo de menos a Owen ahí, él aparecía cada mañana y charlábamos un ratito.
Anoche lo avisé a él y a Malcolm de que me trasladaba a casa de Logan definitivamente.
Hoy pediré que traigan mis cosas a mi nueva casa.
Mientras intento hacerme un café Logan me sorprende en la cocina.
—¿Necesitas algo? —pregunta a mi espalda cuando abro un mueble en busca de una taza.
Me giro y se me corta la respiración cuando me encuentro con mi marido sudado, está claro que viene de hacer ejercicio, y solo lleva unos pantalones cortos.
Su impresionante torso me deja sin aliento.
Joder, está mucho más bueno que cuando tenía veintitantos años.
Mis pensamientos me traicionan y se me reseca la boca.
—Eh… iba a hacerme un café.
—En el segundo mueble de arriba a la derecha encontrarás todo —me indica repasándome con la mirada—. Me alegra que hayas usado la ropa. Te queda bien. Creo que la estilista acertó con la talla.
—Sí… No sé qué decir ante ese gran vestidor cargado de tanta ropa cara.
—Es lo que se merece mi esposa. Ir vestida acorde a su apellido.
—Ya, ahora eres un hombre con muchísimo dinero —susurro tratando de asimilarlo. No le pegan todas estas extravagancias. Era alguien tan sencillo…
—¿No tienes azúcar? —pregunto mirando en el mueble que me ha indicado.
—Hace tiempo que no hay nada dulce en mi vida.
—Ya veo todo lo que has cambiado —murmuro removiendo mi café antes de tomármelo como si así lo pudiese endulzar.
—Voy a darme una ducha y estaré listo en quince minutos, bajo y nos marchamos a la empresa.
—Bien. —Intento apartar la mirada de su cuerpo, apoyo ambas manos en la encimera de la cocina y tomo una bocanada de aire profundo al mismo tiempo que Logan se encamina hacia las escaleras.
—Me alegra que hayas hecho uso del perfume que ordené que dejasen en tu baño —dice mientras sube los escalones de espalda, sin mirarme.
Me quedo de piedra ante su comentario. Ha reconocido que lo llevo puesto y fue él quien indicó que lo pusiesen ahí. Mi corazón se desboca por completo y no sé qué pensar de esto.
Me tomo el café con el torso desnudo y sudado de Logan muy presente en mi mente, sin conseguir aplacar el ritmo de mi corazón y preguntándome cómo ha podido recordar la marca de mi perfume durante todos estos años.
Cuando aparece de nuevo en la cocina vuelve a sorprenderme, estaba tan inmersa en mis pensamientos que no lo sentí llegar.
¿Cómo ha podido ducharse y vestirse tan rápido?
Va perfectamente vestido con un traje de chaqueta azul marino, camisa blanca y una corbata gris como sus ojos.
Está arrebatador. La barba recortada que lleva le da un toque interesante. Lo hace más atractivo.
—Vaya, pensé que mi mujer me tendría un café preparado —comenta a modo de broma, dirigiéndome una sonrisa—. ¿Has olvidado que me gustaba solo y sin azúcar?
—Eh… No. Solo que no sé si tus gustos han cambiado con los años —me excuso—. Igual ahora tomas infusiones.
—Mis gustos siguen siendo los mismos —pronuncia mirándome a los ojos de forma intensa—. No he podido cambiarlos en estos años. Hay cosas que el dinero no transforma.
Logan se hace un café bajo mi atenta mirada, se lo toma de tirón y dice:
—Nos vamos. Tenemos un duro día de trabajo por delante. Contentar a un mafioso, o varios, porque vendrán más como Callaham, y hacer que la policía no nos coja.
Bajamos en el ascensor en un tenso silencio, y cuando llegamos al garaje encontramos a tres hombres que nos esperan.
Logan me presenta a uno de ellos como su chófer y los otros dos son los guardaespaldas que llevaré de ahora en adelante siempre que salga, ya sea sola o acompañada como en este caso con Logan.
Cuando entramos en el edificio de Wexler y siento que Logan coge mi mano me estremezco y lo miro con sorpresa. Él me dirige una sonrisa y susurra:
—Marido y mujer ante los demás, recuérdalo. Hay que fomentar las muestras de cariño en público.
Miro nuestras manos entrelazadas mientras caminamos hacia el ascensor y siento que estamos dieciocho años atrás, cuando nos amábamos y soñábamos con un futuro juntos y sin escondernos.
Hunter y John nos esperan en la sala de juntas con varias carpetas sobre la mesa cuando Logan y yo entramos, dejo que sea mi marido quién comience a hablar. Nos sentamos cada uno a la cabecera de la mesa, frente a frente. Logan mira a Hunter y le indica con una frialdad implacable:
—Dime todo lo que sabes sobre los negocios sucios que llevaba a cabo Harrison Wexler y cuántos hombres más hay como Callaham.
Maggie y yo debemos estar preparados para afrontar todo.
No pienso tolerar más amenazas sobre nosotros por no seguir los pasos de Harrison.
Y también quiero toda la documentación de estos años para revisarla.
Maggie no ha encontrado nada en los ordenadores de su padre y en algún lado deben de estar.
Llevas al lado de Wexler años, debes de conocer todo muy bien.
Hunter nos mira nervioso, carraspea y dice:
—Cuando Harrison le vendió el cincuenta por ciento de la empresa se llevó todo de aquí. Me dijo que lo guardaría en su ático.
Logan me mira perforándome con sus ojos y yo le indico con un gesto en silencio que no sé nada de eso.
—Necesito una lista detallada con las personas que trataba, todo sobre ellos y las ganancias que recibía. Esta misma tarde lo quiero sobre mi mesa —exige—. Ponte a trabajar en ello, Hunter —le ordena Logan.
Hunter sale de la sala de juntas. Logan mira a John y le indica:
—Necesito los estados financieros hasta el día de hoy. Y la disponibilidad de las naves del puerto para lo que nos pidió Callaham ayer. Averigua a quién hay que sobornar para que la policía no aparezca. Trátalo todo con Hunter.
John asiente y también se marcha de la sala de juntas. Logan y yo nos miramos en silencio hasta que él se levanta de su asiento con la elegancia que lo caracteriza y ordena:
—Vamos a tu ático en busca de esa documentación.
—No sé dónde la pueda tener —excuso.
—Probablemente en una caja fuerte.
—Existen dos en el ático, pero no sé la combinación ni tengo idea de cómo abrirlas. Malcolm está tratando de hacerlo desde hace varios días, de dar con alguien de confianza.
—No te preocupes, tengo los contactos para que nos la abran en cuestión de segundos. Soy el dueño de una empresa de seguridad.
Logan y yo salimos juntos de la compañía y nos dirigimos a mi ático. Cuando llegamos Owen nos recibe y se queda mirando a Logan.
—Owen, qué sorpresa —lo saluda con una sonrisa y le da un gran abrazo que me sorprende y emociona. Después de todo lo que ha cambiado se comporta con un sirviente con la naturalidad y cariño de años atrás.
—Logan, perdón, señor Kessler —le indica Owen, nervioso.
—Nada de señor. Logan, como siempre. No sabía que aún trabajabas para los Wexler.
—Owen, vamos a intentar abrir las cajas fuertes. Es algo que puede que nos lleve horas —le informo, ya que creo que no sabe muy bien qué hago aquí con Logan.
Mi marido me sigue y entramos en el despacho de mi padre. Le enseño la caja fuerte y Logan hace una llamada a alguien para que venga de inmediato a abrirla. Luego nos dirigimos a la que era la habitación de mi padre y lo llevo hasta la que está escondida en su vestidor.
—¿Habrá más? —me pregunta Logan.
—No lo sé. No las he encontrado.
Salimos de la habitación y observo que Logan pasea la mirada por el resto de las estancias de la planta superior. No dice nada, bajamos al salón y esperamos que llegue la persona que ha llamado.
—¿Habías estado en este lugar antes? —le pregunto. Siento que no es desconocido para él.
—Hace años estuve aquí cuando era el chófer de tu padre. Hacía algunas reuniones y fiestas en este lugar —revela.
—Nunca me lo dijiste —susurro.