Un acuerdo con el diablo Capítulo 22 #3
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Capítulo 22 #3

—No lo hagas. Te lo demostraré. —Arrastro la silla y me marcho dejándolo solo.

Me refugio en la soledad de mi habitación, me meto en la cama y lloro por mentirle a Logan, pero no tiene sentido contarle la verdad cuando no significo nada para él.

Hace años que me dejó de querer, si alguna vez lo hizo.

El día siguiente lo pasamos en el despacho de mi padre y ver a Logan en acción, cómo arma todo con Hunter y John para atender a las exigencias de Callaham me dejan impresionada.

Cuando Malcolm aparece lo mira serio y distante y en todo momento siento que nos observa. Malcolm aprueba todo lo que ha trazado Logan y lo felicita, pero mi marido ni se molesta en contestarle.

Para finalizar el día Logan propone reunirnos con Callaham en la sala de juntas nuevamente con Hunter y John, excluye a Malcolm, para detallarle al mafioso cómo se procederá y coordinar que todo vaya bien esta misma noche.

Sé que Malcolm agradece no estar en esa reunión. Yo misma también agradecería no ir, pero sé que debo acompañar a Logan como la socia de Wexler y su esposa.

La reunión es más breve de lo que creo en un principio. De camino a casa mi marido me indica:

—Cenaremos fuera y luego iremos a tomar una copa a un pub de un amigo.

—Logan, no estoy para salir. ¿Tú no te mueres de los nervios con todo lo de esta noche? —inquiero, alterada.

—Saldrá bien. A tu padre nunca lo cogieron y estamos procediendo igual. Irnos a casa solo nos alterará más. Además, es bueno que esta noche todos tengan los ojos en nosotros saliendo como un matrimonio normal y no colaborando con mafiosos.

—La policía siempre estuvo detrás de mi padre —susurro con miedo, porque ahora somos nosotros los que estamos en su lugar.

—¡¿Cómo sabes eso!? —inquiere con el ceño fruncido.

—Eh… Un día se lo escuché —miento. Por el momento no puedo decirle que tengo esa y mucha más información por Malcolm, ello implicaría contarle quién es.

Logan me mira en silencio.

Vamos a cenar a un lujoso restaurante donde conocen bien a mi marido. Saluda con familiaridad a los camareros y, por supuesto, tenemos la mejor mesa.

—¿Te gusta el lugar? —pregunta Logan.

—Sí, está bien —comento de forma ligera. Mi mente está en otro sitio. No sé cómo él puede estar tan tranquilo y relajado cuando esta noche estamos cumpliendo con las exigencias de Callaham y si nos pillan estaríamos muy jodidos.

—Nada te impresiona, ¿verdad?

—¿Me has traído aquí para impresionarme?

—Siempre soñé con poder llevarte a lugares caros. ¿Recuerdas el día que me invitaste a comer en ese restaurante, estrella Michelín, en el que yo no sabía ni qué pedir?

—Creo que disfruté mucho más la comida que compramos en la calle y comimos en Central Park. Los lujos no te hacen más feliz.

—Mi esposa es difícil de impresionar —se queja.

—Puede que sea una mujer mucho más simple de lo que crees. Criarme entre tanto lujo y dinero me hizo apreciar la simpleza de las cosas. El dinero no es necesario para ser feliz.

—Difiero contigo. Si yo hubiese tenido tanto dinero como tú hace años estoy seguro de que ahora seríamos felices —susurra con nostalgia.

Logan se encarga de pedir la cena, conoce bien el restaurante y me dejo aconsejar. Me sorprende y halaga al mismo tiempo que siga recordando mis gustos. Pese a no tener hambre me termino todo el plato, declino el postre porque estoy llena, pero él se pide un brownie de chocolate y le indico:

—¿No era que no comías azúcar?

—No la tengo en mi casa para evitar tentaciones.

—Ya.

Cuando nos marchamos y por fin creo que volveremos al ático Logan decide seguir la noche en el pub de un amigo como mencionó anteriormente.

Entramos hacia la zona de los reservados, hay música alta y el ambiente es bueno. Nuevamente mi marido conoce a todo el mundo. Nos traen champán y tras el camarero llega una mujer, morena, alta, muy guapa que abraza a Logan con familiaridad y esto hace despertar mis celos de inmediato.

—Cuánto tiempo, señor Kessler —le indica con una amplia sonrisa.

—He estado ocupado —se excusa mientras la morena me repasa de arriba abajo con descaro.

—Ya veo.

—Te presento a Maggie, mi mujer —dice con toda la naturalidad del mundo.

—¿Así que los rumores son ciertos? El soltero de oro de Nueva York ha sido cazado.

—Llevamos dieciocho años casados, pero es una larga historia, Anne.

—Pues felicidades, pareja, si habéis decidido retomarlo.

Le dedico una sonrisa a la mujer y cuando se marcha Logan me explica:

—Anne es la dueña del lugar, y la pareja de Donna.

Nuevamente me quedo con cara de tonta por haber tenido celos de ella y pensar que sería otra conquista de su pasado.

—¿Maggie Wexler? ¿Eres tú? —escucho la voz de un hombre cerca.

Lo miro bien y de inmediato reconozco a Martin. Estuvimos juntos en el colegio y en el instituto. Fuimos muy amigos desde pequeños.

—¡Martin!

Nos abrazamos de forma efusiva y luego él se queda mirando a Logan, como tratando de reconocerlo.

—Logan Kessler, su marido —le extiende la mano y se presenta por sí mismo.

Martin se queda en silencio, un poco descolocado.

—¿Tú eres el chófer? —inquiere un poco confuso.

—El mismo —le indica Logan con una sonrisa forzada.

—Maggie, qué alegría verte. ¿Nos tomamos algo? —propone.

—Claro —acepto mientras observo la poca gracia que le hace a Logan que Martin se siente en nuestro reservado.

Martin me cuenta que dirige la cadena hotelera de su familia al mismo tiempo que me invita a conocer la inauguración de su nuevo hotel en Miami en una semana.

—¿Necesitas que te recuerde que es una mujer casada? —suelta de golpe Logan, mirándolo serio y relajado, sentado a mi lado y echándome el brazo por los hombros.

—La invitación era para los dos —comenta a modo de disculpa, algo cortado ante el recordatorio posesivo de mi marido.

—No iremos, tenemos mucho trabajo aquí —contesta de forma seca.

—Estamos un poco liados con la empresa de mi padre —me excuso intentando suavizar la tensión entre ambos.

—En otra ocasión. Lo que necesites de mis hoteles, Maggie. Me ha encantado volver a verte. Dame tu teléfono y seguimos en contacto —me solicita y aprecio cómo Logan se revuelve incómodo a mi lado mientras se lo doy.

—Creo que aún no sabe que tengo mucho más dinero que él —susurra bebiendo de su copa de champán.

—¿Puedes superar ya tus complejos? —inquiero, molesta.

—¿Yo? Ha sido él quien se ha referido a mí como el chófer.

—Claro, y a ti te ha faltado poco para enseñarle todos los ceros de tu cuenta bancaria.

—Quiere lo que es mío —susurra con voz grave.

—¡¿Qué?! —pregunto sin entenderlo del todo.

—Joder, Maggie. Le dije que eras mi mujer y se ha comportado contigo como si yo no estuviese delante. Invitándote a su hotel y pidiéndote el teléfono —comenta ofendido.

—Solo ha sido amable. Hace años que no nos veíamos. Por otra parte, yo no soy tuya —le dejo claro.

—Sí lo eres. Mientras un documento diga que estamos casados eres tan mía como yo tuyo —manifiesta mirándome a los ojos—. Y ahora voy a besarte para dejarle muy claro a ese idiota que nos mira desde lejos que en este matrimonio nos queremos y no tiene nada que hacer contigo.

Logan no me da tiempo de reacción. Se abalanza sobre mis labios y me besa de una forma tan pasional que consigue despertar todo el deseo en mi cuerpo y haga que olvide que estamos en un lugar público.

—Para, por favor —le suplico colocando las manos sobre su duro pecho y alejándolo un poco de mí. Si sigue besándome de esa forma no respondo.

Logan toma una bocanada de aire, suspira, acompasa su respiración y propone que nos marchemos. Creo que el beso le ha afectado tanto como a mí.