Último dragón: Ciclo Origen – Libro II (Crónicas hechiceras 2) Capítulo VIII
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Capítulo VIII

Ektor se pasó la lengua por los labios , cuidándose de no hacer ningún movimiento brusco. El dragón no se había movido desde que lo vio, era enorme y su magia refulgía con suavidad.

—Algunos humanos no somos cazadores —insistió.

—De todas formas, no encontrarás crías aquí —la voz del reptil sonaba triste y cansada—, no las hallarás en casi ningún lado.

—¿Qué?

—Si en verdad deseas ayudar, guía a estos jóvenes a la comunidad. Allí terminarán de madurar y, tal vez, se reproduzcan. —El dragón bajó el colosal hocico hasta el suelo—. Yo no tengo fuerzas.

—No entiendo… —Ektor se arrimó al reptil, que había cerrado los ojos. Y oyó pasos que corrían hacia ellos.

—No disponemos de mucho tiempo —informó Viviane con la respiración entrecortada—. Oh, ¿y este?

—No lo vas a creer —musitó Ektor.

—Cerca de las montañas —dijo el dragón.

De repente, una imagen surgió en la mente de Ektor. Él esperó.

El reptil no añadió nada más. Lucía dormido.

Ektor se animó a tocarlo, no obtuvo reacción.

—Ah… ¿me parece a mí… o este dragón habla? —preguntó Viviane.

—¿Lo escuchaste?

—Sí, en mi cabeza, donde también apareció la imagen de un sitio que no reconozco.

—Trataba de explicarme algo, creo que escasean los bebés… —Ektor suspiró—. Aunque podemos ayudar, tenemos que llevar a los dragones a ese lugar que nos mostró.

—¿Cómo? Ni siquiera sabemos dónde está.

Ektor se mordió el labio.

—Debemos localizarlo. Existen libros con mapas detallados de la cordillera, ¿recuerdas?

—Recuerdo que nunca conseguimos uno —respondió Viviane.

—Tendremos que hacerlo —decretó Ektor y se puso en marcha.

—¿Adónde vas?

—De regreso a la congregación, necesitamos información y recursos para la excursión.

—¿Estás seguro?

—¡Acabamos de conversar con un dragón!

—Lo sé, pero ya tenemos bastantes asuntos en nuestras manos.

—Esto quizás sea lo más importante. —Ektor se giró hacia el reptil inerte—. Él confió en nosotros, no podemos fallarle.

Tardaron unos días en prepararse para la expedición. Cuando retornaron a la zona donde se habían topado con el dragón parlante, el cuerpo de este había desaparecido y solo quedaba una tercera parte del asentamiento de reptiles.

—¿Dónde está el resto? —musitó Ektor mientras observaba desde cierta distancia.

Además de él y Viviane, otros seis magos los acompañaban. Uno de ellos, que se había separado para investigar, volvió en ese momento.

—La hermandad Ryons se encuentra aquí.

—Malditos —gruñó Viviane.

—¿Y si algunos de nosotros los distrae —propuso una hechicera— y los restantes guían a los dragones?

—De acuerdo —accedió Ektor y se puso de pie.

Viviane lo asió del brazo y murmuró por lo bajo:

—Es arriesgado dividir el equipo.

Ektor se encogió de hombros.

—No tenemos opción. Si esperamos, no habrá dragones para salvar.

Viviane vaciló un instante antes de acceder.

La mitad del grupo se apartó para generar un fuego controlado. Cuando se oyeron los gritos de alarma de los integrantes de la hermandad Ryons, Ektor, Viviane y dos magos más ahuyentaron a los reptiles en la dirección adecuada.

Tras una semana , si bien estaban agotados, por fin se acercaban a la ubicación que consideraban la mejor candidata. Sin embargo, debían atravesar un pequeño risco para alcanzarla.

Apenas retomaron la caminata, los dragones los sobrepasaron en vuelo y se alejaron por su cuenta.

—¡Tiene que ser acá! —exclamó Ektor y sonrió.

Viviane lo aferró de la muñeca.

—Tal vez, deberíamos dejarlos en paz.

Ektor se frotó la nuca y luego asintió.

—Tienes razón.

—No creo que ellos piensen igual —intervino uno de los hechiceros y señaló hacia atrás; no muy lejos, se distinguían dos largas filas de personas.

—¿De dónde salieron? —preguntó Viviane.

Nadie contestó.

Ektor y Viviane intercambiaron una mirada, suspiraron y continuaron la marcha.