Último dragón: Ciclo Origen – Libro II (Crónicas hechiceras 2) Capítulo VI
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Capítulo VI

—No puedes regresar allí , Lynna —estableció Ektor luego de que la joven les explicara lo ocurrido—, tampoco deberías permanecer en el pueblo. —Estudió la casa de la muchacha—. Demasiado desprotegida. —Se giró hacia ella—. Te daremos asilo.

Lynna negó con la cabeza.

—Mi familia…

—Son bienvenidos.

—No querrán ir. —Sonrió con timidez—. No importa, ni siquiera me vieron, estaban concentrados en los magos muertos y… los dragones.

Ektor apretó los labios.

—No permitiremos que continúen con esa barbarie —anunció con osadía.

La muchacha lo miró con admiración y él se sintió un poco incómodo; no obstante, mantuvo la determinación.

—Debo retornar a la comunidad —indicó a Gavin—. Quédate con ellos unos días.

—De acuerdo —contestó el joven.

Ektor viajó durante la noche. Resistió el impulso de encender una llama, lo consideraba innecesario, no era la primera vez que cabalgaba en la oscuridad.

Arribó pasadas las doce. Las luces del edificio estaban prendidas y casi todos los habitantes del lugar, despiertos. Distinguió a Jenifer, carcajeaba jubilosa rodeada de varios jóvenes.

—Viviane —susurró y la buscó entre la multitud, pero fue ella quien lo encontró a él.

—Ektor —dijo a la vez que le apoyaba una mano en el hombro.

Él la aferró del brazo y la llevó hasta su cuarto privado. Cerró la puerta y se mesó los cabellos.

—¿Qué sucede? —preguntó Viviane con el ceño fruncido.

—Ya sabemos qué experimentos realizan en esa congregación. —Apenas lograba articular las palabras—. Es horrible y muy peligroso.

—¿Qué hacen?

—Pretenden que los dragones bebé no crezcan para conservarlos manejables.

—¡No! —interrumpió Viviane.

—Sí, y no es lo peor. Desde el principio, me resultó extraño… Si no maduran, no pueden reproducirse. —Sacudió la cabeza—. Pensaron en eso… —Hizo una pausa—. Intentan duplicarlos.

—¿Duplicar?

—Es atroz. Las pruebas son despiadadas.

—No entiendo. ¿Cómo?

—Ignoro los detalles. Aún no tienen éxito —inspiró—, si lo consiguen…

—Sería terrible —musitó Viviane—. Debemos pararlos. —Vaciló—. Quizás sea mejor que nadie más se enterara de estas prácticas, no queremos que las copien.

—¿Cómo convenceremos a las demás cofradías para que nos ayuden? —inquirió Ektor.

—Solo les diremos que están matando dragones bebé con sus experimentos, no podemos arriesgarnos a que a alguno le parezca interesante la idea. —Viviane se mordió el labio—. Y nos fue tan bien en la corte…

—Oh, perdón… —Ektor cerró los ojos un instante—, olvidé preguntarte.

Ella hizo un gesto con la mano.

—No te preocupes, puede esperar; esto, no. Reunamos a nuestros aliados de inmediato.

Ektor asintió.

Por la mañana , se pusieron en marcha. Apenas dos congregaciones habían decidido asistirlos y solo contribuyeron con un par de magos.

No estaba claro qué harían al llegar a la aldea, nadie deseaba iniciar un enfrentamiento a gran escala.

Y tal vez no les quedara opción. Ektor y Viviane lo sabían y las posturas tensas del resto lo insinuaban.

Ektor no tenía un plan para afrontar esa posibilidad y trató de no pensar en ella.

Hallaron el inmueble vacío.

—Debieron de haberse ido durante la noche —especuló Ektor y apretó las mandíbulas—, tendría que haber permanecido aquí.

Viviane se acercó a él.

—¿Dónde está Gavin?

Ektor se giró hacia ella, con el rostro contorsionado.

—¡Revisen el edificio! —gritó antes de salir al galope en dirección a la granja de la amiga del muchacho.

La encontró en calma, como si sus moradores aún durmieran. Sin embargo, él sospechaba que no era así. Con un escalofrío, lo supo en el instante en que vio a los pocos animales de la familia merodeando alrededor de la casa.

Bajó del caballo y caminó hacia la puerta entreabierta, la empujó y contempló la habitación desde el umbral. No era necesario que entrara.