Capítulo IV
—No, ellos no atienden esa clase de solicitudes ; en realidad, de ninguna. Ni siquiera salen del edificio en el cual viven todos sus miembros —explicó el muchacho.
Tras un par de meses, debieron establecer un registro de las diferentes congregaciones, sus habilidades y creencias, así como un listado de sus miembros.
Estaban seguros de que otros grupos hacían lo mismo, aunque nadie lo comentaba.
Cada semana, se reunían para repasar esa información y revisar los eventos recientes concernientes a la magia y a los dragones.
Se habían dividido las responsabilidades entre ellos y Viviane, junto a otros jóvenes, realizaba las tareas por las cuales recibían paga mientras Ektor permanecía la mayor parte del tiempo en la residencia, concentrado en la administración del lugar y en la organización del conocimiento mágico.
—¿A qué se dedican entonces, Gavin? —preguntó Ektor y arrugó la frente.
—Experimentos.
—¿De qué tipo?
El joven se encogió de hombros.
—Lo mantienen en secreto.
Ektor apretó las mandíbulas.
—Tenemos que averiguarlo —indicó y Gavin tomó nota—. Hablemos del siguiente.
—La hermandad Ryons, lo último que supimos fue que visitaron la corte imperial.
—¿Cuándo? —preguntó Viviane y se irguió en su asiento.
El muchacho navegó por sus papeles.
—La semana pasada.
—¿Los recibieron? —inquirió Ektor.
—Según nuestros informes, su majestad, no, sino algunos de sus funcionarios cercanos.
Ektor intercambió una mirada con Viviane. El joven garabateaba en sus papiros.
—¿Qué tal un descanso? —propuso Ektor y tanto él como Viviane abandonaron la habitación y se dirigieron a un cuarto más pequeño que habían acondicionado para amortiguar sus conversaciones.
—Tendremos que hacerle caso a Jenifer, ella proviene de una familia aristocrática y nos había advertido de esta posibilidad.
—Ignoramos qué significa —expresó Ektor—. Nos dijo que todos los círculos de profesiones tienen contacto con la nobleza y están al servicio del Imperio.
—Son oficios con siglos de historia y múltiples reglas internas, nosotros somos los primeros magos.
—No sé qué hacer.
—Estás de acuerdo en que no podemos cruzarnos de brazos, ¿no?
Ektor asintió.
—No debemos permitir que determinadas congregaciones aumenten su dominio y menos aún que se conviertan en las cofradías mágicas de referencia.
—Una forma de evitarlo es ocupar nosotros esa posición —señaló Viviane.
—O alentar a uno de nuestros aliados.
Viviane frunció la nariz.
—¿Por qué le rehúyes al poder?
—No sé utilizarlo.
—¡Nadie sabe!
—Algunas personas nacieron…
—No puedo creer que digas eso. ¿Acaso no renegabas de tu destino de granjero? —Se arrimó a él—. Me contaste tus sueños.
Ektor bufó.
—Tengo miedo —musitó—. Esto es inmenso, jamás imaginé…
—Lo entiendo. —Ella lo tomó de las manos—. Yo también tengo miedo, pero no estamos solos, nos tenemos el uno al otro e hicimos amigos aquí.
Ektor suspiró.
—Tienes razón. —Inspiró—. Organicemos una reunión con las cofradías de confianza, debemos establecer las reglas que posponemos desde hace rato.
Viviane sonrió, todavía asidos de la mano. Se demoraron unos minutos más antes de regresar a la habitación donde Gavin seguía escribiendo en sus pergaminos, este no levantó la vista hasta que Ektor le preguntó por la siguiente comunidad.
Luego de terminar el repaso de las congregaciones y sus actividades, se juntaron con Jenifer para que les explicara lo básico del funcionamiento de la corte.
Ektor no dejaba de removerse en la silla y apretar los labios mientras la escuchaba.
Nunca había querido meterse en semejante lío.
Si bien no deseaba ser granjero, tampoco aspiraba a tratar con nobles o soberanos.
Al final, decidieron que Jenifer coordinaría una excursión a la capital acompañada por magos de grupos aliados para presentarse ante el emperador e investigar qué había hecho la hermandad Ryons.