Última línea de defensa 23 #3
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23 #3

Los ojos de Alicia centellan en un segundo. Es una tormenta perfecta: rabia, dolor, orgullo herido y un amor tan puro que asusta. Todo mezclado en su mirada.

—Es que yo no necesito que me salves la vida… —susurra con la voz temblándole, perdiendo toda la fuerza de golpe.

—Lo sé de sobra. Siempre has sido una guerrera —le contesto con una ternura infinita—. Pero me apetece hacerlo porque te quiero.

Inspiró profundamente por la nariz, llenándome los pulmones de aire antes de rematar los flecos profesionales con los jefes:

—Dejaré todas las anotaciones médicas y los historiales clínicos perfectamente al día para que el nuevo fisio pueda continuar con tu tratamiento de rehabilitación sin contratiempos.

También las pautas de carga del resto de las jugadoras y los informes que tenía pendientes con la directiva.

No voy a dejar tirado al equipo en eso, soy una profesional.

Yo voy a seguir siendo tu fisioterapeuta personal, Alicia, aunque sea fuera de los muros de esta ciudad deportiva.

Y te juro por lo que más quieras que esa rodilla va a dejar de darte la lata de una santa vez.

Vamos a conseguir juntas que vuelvas a ser la pichichi y la estrella indiscutible que eres. Tú y yo. Juntas.

Ella suelta una pequeña risa incrédula, entrecortada y cargada de una emoción brutal, mientras una lágrima rebelde se le escapa finalmente por la mejilla.

—De verdad, Clara… es que eres imposible cuando te pones cabezota —murmura limpiándose la cara con el dorso de la mano.

Toda la tristeza del momento me atraviesa el cuerpo, pero me obligo a mantener el tipo.

—Bueno, es lo que tiene pasar tanto tiempo contigo, que todo se pega —le respondo con una sonrisa de lo más dulce.

Durante unos segundos que parecen eternos, nadie en la sala de juntas se atreve a abrir la boca.

Ni Hugo, ni Julián. Siguen estáticos. Porque hasta esos dos hombres de fútbol, parecen haber comprendido que lo que acaban de presenciar ya no va sobre el cumplimiento de las normas internas del club, los rumores de vestuario o la reputación mediática.

Esto va de algo muchísimo más grande: de dos personas enamoradas que están intentando por todos los medios no destruirse mutuamente en el proceso.

Hugo se aclara la garganta finalmente, rompiendo el hechizo, visiblemente afectado por la escena. Se recoloca en la silla y me mira con cara de circunstancias.

—Clara, por favor, creo que esto que estás planteando es del todo precipitado. Eres una pieza clave en el staff. Quizá si lo pensamos con calma podamos encontrar una solución intermedia que nos encaje a todos sin necesidad de que te marches del club.

—No existe ninguna solución intermedia, míster —le contesto con una serenidad pasmosa—. No la hay si queremos evitar que salpiquen a Alicia con cotilleos. Y yo no estoy dispuesta a consentir que la dañen bajo ningún concepto. Mi dimisión es firme.

Julián permanece en silencio absoluto unos instantes más, observándonos a las dos por encima de sus gafas de lectura, sopesando la situación. Finalmente, adopta un tono muchísimo más conciliador, protocolario y humano:

—Entiendo perfectamente la pasión y la honestidad que hay detrás de cada una de vuestras palabras, de verdad. Pero como directivo debo pediros que consideremos las consecuencias reales que todo esto puede acarrear para el rendimiento de la plantilla.

—Las consecuencias de vivir con miedo y escondidas ya las hemos sufrido nosotras dos de sobra estas semanas —interviene Alicia de golpe, muchísimo más calmada pero con una firmeza que me llena de orgullo—.

Lo que siento por Clara no es un capricho de verano que pueda apagarse dándole a un interruptor, y no tengo la más mínima intención de seguir fingiendo ante mis compañeras que esta mujer no existe para mí. Así de claro te lo digo.

Hugo suspira, apoyando los codos en la mesa.

—Esto va a generar un ruido mediático tremendo en cuanto la prensa se entere de tu dimisión, Clara.

—Pues que generen todo el ruido que les dé la gana —responde Alicia, encogiéndose de hombros con una chulería descarada que me arranca una sonrisa—.

Total, ya estoy más que acostumbrada a que inventen portadas sobre mi vida.

La gran diferencia es que esta vez no voy a estar sola para parar los golpes.

Sus palabras me inundan el cuerpo de un calor reconfortante.

Extiendo la mano por debajo de la mesa de caoba y le rozó los dedos con disimulo.

Alicia, en un acto reflejo, entrelaza sus dedos con los míos al instante, apretándome la mano con una fuerza brutal, transmitiéndome toda la energía del mundo.

Después de tantos meses de esfuerzos inútiles por contener la atracción, de escondernos por los rincones y de intentar alejarnos la una de la otra, el amor ha terminado explotando delante de todos.

Y yo no voy a permitir, bajo ningún concepto, que esta maravillosa locura se hunda en el fango como me pasó en el pasado con Charlotte.

Esta vez no. Esta vez vamos a por todas, juegue quien juegue en contra.