Última línea de defensa 7 #2
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Cuando vuelvo a mirarla de frente, ella ya no está sonriendo lo más mínimo.

Ni siquiera lo intenta para disimular ante el grupo.

Hay algo muchísimo más serio, cortante y frío en su expresión: una alerta limpia, impecable, puramente profesional.

Antes de que yo pueda abrir la boca para arreglarlo, simplemente asiente con la cabeza con rigidez.

—No llegues tarde —me suelta con voz de hielo. Y acto seguido, da la vuelta sobre sus talones y sale del vestuario a paso rápido sin mirar atrás ni una sola vez.

La puerta se cierra con un golpe seco detrás de ella y las risas del vestuario mueren un poco de golpe. Me quedo mirando fija ese espacio vacío durante más tiempo de la cuenta, con una sensación extraña en el pecho. «La has cagado pero bien, Alicia. Eres imbécil.»

Sonia es la primera en romper el incómodo silencio reinante.

—Madre mía... Creo que acabamos de invocar al demonio en todo su esplendor. Ha salido de aquí como si la persiguiera el mismísimo diablo con el tridente.

—Yo creo firmemente que Alba merece ser expulsada del Ravenhill FC de por vida por incitar un motín y acosar al personal médico —añado yo intentando recuperar mi tono burlón habitual.

—Y yo creo —dice Alba de repente, viniéndose a sentar justo a mi lado en el banco de madera y pasándome un brazo por encima de los hombros con confianza— que cierta delantera estrella está muchísimo más colgada de la doctora Valle de lo que quiere admitir en público.

Venga, Alicia, cuéntanos la verdad. ¿Qué demonios pasa realmente entre tú y Clara?

Porque esa tensión que tenéis corta el aire...

La fulmino con la mirada fingiendo indignación, aunque no puedo evitar que se me escape una media sonrisa involuntaria al recordar las duchas.

—No dramatices tanto, Alba. Solo es... una mujer complicada de llevar, ya está.

—Ay, Alicia, cariño, que me conoces: yo vivo del drama y para el drama.

Y aquí hay un dramón de los grandes con mayúsculas —insiste ella, dándome un apretón cariñoso en el hombro—.

Te pones nerviosa como una quinceañera en cuanto ella asoma por la puerta.

Y ella se pone rígida como un palo en cuanto tú abres la boca para soltar una de tus burradas.

Es adorable y preocupante al mismo tiempo.

Suspiro con resignación y me paso una mano por el pelo castaño que todavía tengo húmedo por el esfuerzo.

—No pasa nada entre nosotras. Son imaginaciones vuestras.

—Mira, Alicia, esa frase exacta siempre significa todo lo contrario en el idioma de las mujeres —me responde Sonia desde su taquilla, mirándome con una intensidad seria—. Si necesitas desahogarte o hablar de lo que sea, aquí nos tienes. Sin juicios de valor. Bueno, con pocos, que nos conocemos.

Odio con todas mis fuerzas cuando la gente de mi entorno tiene toda la razón del mundo. Me pongo de pie de un salto para cambiar drásticamente de tema antes de que a estas dos les dé por hacerme una intervención emocional psicológica no solicitada en mitad del vestuario.

—¿Entonces qué? ¿Creéis de verdad que el Northbridge se va a pegar el batacazo este año en la liga o seguimos permitiendo que Alba fracase estrepitosamente como analista deportiva del grupo?

Y, afortunadamente, el truco funciona. En menos de un minuto volvemos a hablar de lo de siempre: de fútbol, de tácticas, de los últimos rumores del mercado de fichajes de verano, de la delantera estrella del Easton que probablemente va a cambiar de club en las próximas semanas y de la presión tan absurda que la directiva del Ravenhill CF está poniendo sobre nuestras espaldas para esta temporada.

Expectativas de ganar, títulos y resultados.

El viejo, aburrido y seguro idioma del deporte profesional.

Yo respondo a todo, opino con soltura y sonrío en los momentos adecuados de la conversación para que nadie sospeche nada.

Pero una parte muy grande de mi mente sigue completamente fuera de aquella charla de vestuario, atrapada junto a la puerta de salida, pensando en Clara alejándose a toda prisa por el pasillo y en la forma exacta en que se le ha endurecido la expresión del rostro por mi culpa.

Porque lo que pasó entre nosotras en esas duchas ha cambiado las reglas del juego de manera irreversible, y ese cambio ya no es un secreto privado y delicioso entre ella y yo.

Ahora existe la posibilidad real de que alguien más meta las narices y lo note. Y esa idea no me hace ninguna gracia.

· · ·

Cuando salgo del edificio de los vestuarios cambiada de ropa, el pasillo principal del club está muchísimo más tranquilo y solitario.

Aún quedan un par de horas largas para el entrenamiento obligatorio de la tarde y las instalaciones viven ese breve e idílico intervalo de silencio sepulcral entre sesiones de trabajo.

Camino despacio, arrastrando los pies con la bolsa deportiva colgada al hombro, dándole mil vueltas idénticas en la cabeza a cómo demonios me siento respecto a Clara.

Hasta que la veo de golpe al girar la esquina.

Clara está parada justo al final del pasillo, muy cerca de la gran salida lateral acristalada que da acceso directo al campo de entrenamiento secundario.

Pero no está sola. Habla animadamente con Lara Montes.

La gran Lara Montes: exjugadora mítica del club, una centrocampista brillante que tuvo que retirarse prematuramente de los terrenos de juego por culpa de una maldita lesión de rodilla y que ahora trabaja como comentarista deportiva ocasional en la televisión.

Además de ser una presencia demasiado habitual y cotizada en todos los eventos oficiales del Ravenhill FC.

Es una mujer hermosa, elegante, insultantemente segura de sí misma y con esa clase de carisma arrollador que llama la atención de todo el mundo sin pretenderlo.

Y las veo reír. Reírse juntas de verdad, a carcajadas.

No es esa sonrisa mínima, forzada y contenida que Clara me concede a mí en los boxes después de mucho insistir.

No, señor. Lo que veo entre ellas es familiaridad pura.

Confianza ciega. Historia compartida de muchos años atrás.

Lara le toca el brazo con total naturalidad mientras le cuenta algo al oído, y Clara no se aparta ni un milímetro.

Sigue ahí quieta, cómoda, relajada y natural, como si supiera perfectamente qué lugar ocupa en el mundo cuando está al lado de esa mujer.