Última línea de defensa 6 #2
23%

6 #2

De repente, sus dedos bajan directos y sin pedir permiso entre mis piernas.

Con Alicia no hay preámbulos suaves que valgan; me abre de golpe con dos dedos y los hunde hasta el fondo en mi coño completamente empapado.

Grito con fuerza, arqueando la columna contra la pared fría.

Estoy tan sumamente mojada por su culpa que sus dedos entran sin la más mínima resistencia, curvándose con una precisión experta dentro de mí en busca de ese punto exacto que sabe que me vuelve loca.

Alicia está empapada, y no solo por el agua que cae del techo.

Su sexo arde como un demonio alrededor de mis dedos, apretándome con una fuerza increíble.

Muevo la mano por dentro con un ritmo firme, follándola con rabia mientras mi pulgar presiona con saña su clítoris hinchado.

Ella gime sin ninguna vergüenza ni decoro, con la cabeza completamente echada hacia atrás contra la pared, el agua deslizándose a borbotones por sus pechos perfectos y por su vientre plano.

Es una visión malditamente obscena, pornográfica y perfecta.

—Así te gusta, ¿verdad? —le susurro al oído con voz ronca, mordiéndole con fuerza el lóbulo—. La superestrella caótica del Ravenhill se derrite cuando alguien decide tomar el control de la situación.

Alicia responde moviendo las caderas con violencia contra mi mano, follando mis dedos con una desesperación que me enciende el alma.

Su mano libre sube directa a mis tetas, pellizcándome los pezones con la fuerza suficiente como para arrancarme un gemido de dolor y placer que me recorre todo el cuerpo hasta alcanzar mi propio clítoris palpitante.

—Más fuerte, Clara… joder… no te contengas nada —me suplica entre jadeos rotos, clavándome las uñas en los hombros.

Aumento el ritmo de forma salvaje, metiendo un tercer dedo sin miramientos.

Su coño se estira deliciosamente alrededor de mi mano.

Con la otra mano la agarro con fuerza del pelo mojado y le tiro de la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello para volver a morderlo con ganas.

Chupo, lamo y marco su piel con saña mientras mis tres dedos la follan sin piedad por dentro.

El sonido húmedo y obsceno de mi mano golpeando contra su sexo se mezcla con el estrépito del agua cayendo contra el suelo de la ducha.

De repente, en un movimiento rápido, Alicia me empuja con una fuerza descomunal, invirtiendo las posiciones en un parpadeo.

Mi espalda golpea con fuerza los azulejos húmedos y, antes de que tenga tiempo de reaccionar o protestar, ella se arrodilla sobre sus rodillas frente a mí con una sonrisa completamente salvaje en el rostro.

No me da tiempo ni de respirar. Hunde la cara directamente entre mis muslos abiertos y me saborea entera de un lenguetazo.

—Alicia… —gruño con fuerza, echando la cabeza hacia atrás. Mis manos se enredan por puro instinto en su pelo empapado y la obligo a pegarse más, aplastando su rostro contra mi sexo.

Chupa mi clítoris con una insistencia deliciosa, mete de nuevo sus dedos largos dentro de mí y empieza a moverse con un ritmo frenético que va a juego con los movimientos de su lengua.

Yo intento por todos los medios mantener la compostura y el control profesional, pero mis caderas se mueven completamente solas por el placer, follándole la cara sin control.

Noto perfectamente su tercer dedo dentro de mí y cómo los curva hacia arriba buscando ese punto sagrado en mi interior. En cuanto lo encuentra y presiona con fuerza, suelto un gemido largo, agudo y vergonzoso que me veo obligada a acallar tapándome la boca con una de mis manos.

—Joder…

El orgasmo me golpea el cuerpo como un auténtico rayo.

Mis piernas tiemblan sin control, flaquean, y aprieto la cara de Alicia con fuerza bruta contra mi sexo mientras me corro a chorros, contrayéndome de forma espasmódica alrededor de sus dedos.

Ella no para ni un segundo; sigue lamiendo cada gota de mi placer con devoción hasta que me quedo completamente sensible, jadeando y temblando como una hoja bajo el agua.

Pero la cosa no ha terminado aquí. La levanto del suelo de un tirón seco con mis manos flojas, la beso con furia saboreándome a mí misma en su boca y la giro por la fuerza contra la pared de azulejos. Ahora es su maldito turno.

—Manos contra los azulejos, Alicia. Ya —le ordeno con voz ronca.

Alicia me obedece al instante, arqueando la espalda de manera exagerada y ofreciéndome en bandeja ese culo perfecto y firme que tiene.

Me arrodillo rápidamente detrás de ella y le separo las nalgas con fuerza con ambas manos.

Mi lengua va directa a su ano primero sin pensarlo, lamiendo en círculos húmedos y concéntricos mientras mis dedos vuelven a entrar a saco para follarle el coño desde atrás.

Alicia suelta un grito tremendo que resuena en todo el baño, empujando sus caderas hacia atrás para buscar más.

—¡Clara… joder… sí… ahí!

La como con un hambre atrasada y voraz, alternando los lametones entre su coño y su culo, follándola sin piedad con la lengua y con los dedos al mismo tiempo.

Cuando noto que está completamente al borde del abismo, me levanto de golpe, presiono todo mi pecho desnudo contra su espalda mojada y le meto la mano entera entre las piernas desde atrás, abrazándola.

—Quiero sentir perfectamente cómo te corres en mis dedos —le susurro directamente al oído, mordiéndole el hombro con fuerza.

Mis dedos se abren paso con facilidad dentro de ella mientras la follo profundo y sin ritmo compasivo.

Alicia mueve las caderas como una auténtica desesperada hacia atrás, buscando desesperadamente más fricción contra mi mano.

Mi otra mano libre baja directa a su clítoris y lo frotó con círculos rápidos, enérgicos y perfectos.

—Voy a correrme… ¡Clara, dios, no pares, no pares…!

—No pensaba parar ni aunque me pagaran por ello —le gruño, pegándole un último mordisco en el cuello.

El orgasmo la atraviesa el cuerpo con una violencia brutal.

Alicia grita mi nombre con todas sus fuerzas, contrayéndose con una fuerza increíble alrededor de mis dedos metidos en su coño, corriéndose tan sumamente fuerte que sus rodillas flaquean y amenazan con hacerla caer al suelo.

Yo la sostengo con firmeza, pegándola a mi cuerpo y siguiendo follándola con los dedos durante todo el transcurso de su orgasmo, prolongándole el placer hasta que se deshace en mis brazos bajo el agua.

Nos quedamos unos largos segundos exactamente así, abrazadas y respirando de forma agitada y ruidosa bajo el chorro de agua que empieza a enfriarse.

Pero quince minutos no son suficientes para nosotras.

Ni de lejos. Aunque, por desgracia, son los únicos con los que contamos en este preciso momento si no queremos buscarnos un lío monumental con la directiva del club.

La giro hacia mí con brusquedad y la beso en la boca con una furia casi desesperada, y justo después me separo de ella con un esfuerzo sobrehumano.

—Quiero más, Clara… por favor… —me suplica con la mirada perdida, rozando sus labios hinchados contra los míos.

—Eran quince minutos… y… —Llevo la mirada fija hacia mi reloj analógico de pulsera que he dejado sobre la repisa—.

Nos hemos pasado exactamente dos minutos.

Dúchate ya, vístete e intenta disimular de alguna manera esas marcas tan bonitas que te acabo de dejar en el cuello si no quieres que el míster te pida explicaciones.

Tengo que hacer un sobreesfuerzo mental y físico tremendo por separarme de su cuerpo, por dejarla allí sola bajo el agua de la ducha y por silenciar de una vez por todas las ganas locas que tengo de volver a tirármela contra la pared.

Escapo a toda prisa de la ducha, del calor asfixiante del vapor y de ella antes de perder la cabeza de nuevo.

Recojo mi uniforme del suelo con las manos todavía temblorosas y me visto lo más rápido que soy capaz, intentando borrar de esa manera tan rápida los estragos físicos que Alicia Puertas acaba de causar en mi cuerpo y, sobre todo, esa tormenta perfecta que se ha desatado en mi interior y que, desde luego, aún no ha amainado del todo.