Turoliense 51 Veinte años
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51 Veinte años

La Fiscalía Provincial de Teruel ocupa dos plantas de un edificio con calefacción insuficiente. Rafael Monzón Serrate tenía cincuenta y cuatro años, la mesa ordenada en tres montones y un mapa de la provincia clavado en la pared con chinchetas de colores.

Nieves no dijo nada.

—¿Y el encubrimiento? ¿Y la ocultación del cadáver?

Nieves oía el radiador.

—¿Y eso cómo se le explica a una hermana?

—Eso se le explica mal —dijo Monzón—. Se lo explicaré yo, si quiere. Llevo veintiocho años explicando esto y sigo sin saber hacerlo.

Se quedaron los dos en silencio un rato.

—Ahora —dijo el fiscal— déjeme decirle la otra mitad, que es la que me ha hecho llamarla a las nueve de la mañana.

—Dígame.

—El asesinato de Marisol Sanz Alegre es de octubre de 2026. —Monzón dio un golpecito en la mesa con el índice—. Y del artículo 28 del Código Penal, párrafo segundo, letra a: son también considerados autores los que inducen directamente a otro u otros a ejecutarlo.

Nieves levantó la cabeza muy despacio.

—El inductor tiene la misma pena que el autor material —siguió Monzón—. La misma, teniente. Quince a veinticinco años.

—¿Y qué hace falta?

—Hace falta demostrar tres cosas. Que existió una influencia directa y eficaz sobre una persona concreta.

Que esa influencia se dirigía a un hecho determinado.

Y que el inducido no estaba ya decidido de antemano.

—El fiscal juntó las manos—. Lo primero lo tiene a medias, con ese correo.

Lo segundo no lo tiene, porque el correo habla de recoger unas piedras y no de matar a nadie. Y lo tercero es el corazón del asunto.

—Necesita a Elisa Bádenas.

—Necesito a Elisa Bádenas —dijo Rafael Monzón—. Y lleva veintiséis días sin abrir la boca.