37 Treinta y nueve dientes
—Tengo treinta y nueve.
—¿Treinta y nueve qué?
—Dientes, teniente. Treinta y nueve dientes y cuatro mandíbulas parciales. Venga con quien tenga que venir, que esto se lo voy a contar una vez y después lo voy a escribir en un idioma que no entenderá nadie.
Fueron Nieves, Calomarde y, por indicación de la jueza, la propia Lourdes Grao, que se sentó en un taburete de laboratorio con el abrigo puesto y tomó notas durante cincuenta minutos sin decir palabra.
Bajo la lupa binocular, en una placa de plastilina negra con cuadrícula, los treinta y nueve dientes parecían granos de arroz partidos. Bajo aumento eran otra cosa: coronas con crestas, valles, tubérculos, una arquitectura minúscula y feroz.
—Aquí tengo tres géneros de cricétidos, un múrido, dos glíridos, un insectívoro y un lagomorfo —dijo Consuelo—.
Y lo que importa no es cada uno. Lo que importa es que estén juntos.
La asociación es la que es y no puede ser de otra época, igual que en una foto no pueden salir juntos su abuelo de niño y su nieto de viejo.
—¿Y qué época es?
—Turoliense medio. Biozona MN doce. Entre ocho coma dos y siete coma seis millones de años.
La jueza levantó la vista del cuaderno.
—Doctora, seré yo la que tenga que escribir esto en un auto. ¿Qué grado de certeza tiene?
Consuelo Garcés se lo pensó de verdad.
—Señoría, en la datación de la asociación, muy alto.
Es el método con el que se ha construido la escala biocronológica europea desde 1975 y está calibrado con paleomagnetismo.
En cuanto a la procedencia geográfica, yo no puedo decirle «esta roca salió de este metro cuadrado». Puedo decirle cuatro cosas.
Levantó cuatro dedos y los fue bajando.
—Una: la litología de la costra de la Umbría del Sabinar y la de los bloques del museo son indistinguibles en lámina delgada, con la misma secuencia de oncolitos y el mismo paleosuelo de tres milímetros.
Dos: la asociación de micromamíferos que he sacado del bloque de la víctima y la que he sacado de la costra del Sabinar son la misma, incluida una especie que en esta comarca solo está citada allí.
Tres: en la Cantera de la Umbría no hay Mioceno, no lo ha habido nunca y no puede haberlo. Y cuatro.
Bajó el último dedo.
—Cuatro: yo llevo veintidós años trabajando en esta casa y hasta hace dos meses habría firmado con los ojos cerrados que la colección de Cañigral era impecable.
Se hizo un silencio de laboratorio, con el zumbido del fluorescente.
—Doctora —dijo la jueza Grao—, ¿me está usted diciendo que el Turolotitan cañigralensis no existe?
—No, señoría. El animal existe y es espectacular.
—Consuelo se quitó las gafas—. Lo que le estoy diciendo es que no vivió donde dice el azulejo, que no lo encontró quien dice el panel y que llevamos veinticuatro años enseñándoselo a los colegios con una mentira debajo.
En mi oficio, eso es casi peor que si fuera falso.