12 Él
Él
Siempre haces lo mismo cuando sales, eres una chica de costumbres.
Creo que eso te da seguridad y a mí me hace pensar que nunca han cuidado de ti como realmente te mereces; necesitas anclarte a estos rituales para sentirte sostenida…
Sales de casa y, cuando apenas has dado cinco pasos, vuelves para comprobar que has cerrado la puerta.
No puedo evitar que se me escape una pequeña risa cada vez que lo veo.
A veces llevas el pelo suelto y te pasas el día echándolo hacia atrás, molesta, pero no te lo atas.
Esos días pienso en cómo se sentiría tu tacto entre mis dedos, recogiendo esa melena tuya entre mis manos para que no te incomode ni un instante más.
Otras sales ya con la coleta hecha desde casa, bien firme, como si ese día hubieras decidido que no te va a desordenar nadie.
Caminas rápido, siempre parece que fueras tarde a todas partes; vas mirando el móvil de vez en cuando y con tus cascos siempre puestos…
Me pregunto qué irás escuchando… ¿serás de las que van escuchando música?
Estoy seguro de que te gusta ponerte la misma canción en bucle una y otra vez…
¿o quizá algún audiolibro en el que la protagonista se enamora perdidamente del chico malo?
… Aunque, si tuviera que apostar, diría que eres de las que se relajan escuchando true crime…
las lecturas románticas y spicy las dejas para las noches.
Vas comprobando tu imagen en cualquier reflejo que tengas cerca.
Me encanta ver cómo intentas hacerlo sin que nadie se dé cuenta.
¿Te preocupa que crean que eres vanidosa?
Sé lo que es que te miren y decidan por ti antes de escucharte.
Estoy acostumbrado a entrar en sitios y que las conversaciones se interrumpan un segundo, a encajar sin esfuerzo, a gustar sin pretenderlo.
Tengo una vida llena (trabajo, gente, planes), y odio la simplicidad de la gente que reduce todo a la superficie.
Te entiendo tanto… es otra razón más para admirarte.
Yo sé que no es por eso, es otro de tus rituales para afianzar tu seguridad… Te arreglas un poco la ropa, das un tirón rápido al pantalón, un gesto mínimo para repasar tu pelo. Nadie lo ve porque todo el mundo está a lo suyo, pero yo sí, yo siempre te veo como realmente eres.
A estas alturas ya me sé tus horarios perfectamente y así es mucho más fácil poder pasar tiempo juntos. Hoy, que es lunes, sales como siempre un poco más tarde; te cuesta más despertarte porque los domingos sueles quedarte hasta más tarde de lo que te gustaría, inmersa en cualquiera de tus libros.
Yo suelo acostarme tarde contigo porque me encanta ver cómo te sumerges en todo lo que haces, totalmente ajena a lo que ocurre a tu alrededor, con las emociones a flor de piel, sintiendo cada palabra como si fuese dirigida a ti…
Siempre que estás concentrada en tus libros haces, además, ese gesto que me tiene loco: frunces un poco la boca hacia un lado, y yo daría cualquier cosa por estar ocupando tus pensamientos de la misma forma que las palabras que fluyen entre tus dedos.
A veces sales con tus cascos como siempre, pero vas hablando por teléfono.
Creo que hablas con tu madre o con alguien que es realmente importante para ti.
Te tocas el pelo distraída mientras os ponéis al día con lo que ha pasado en la semana.
Me encantan estos días porque tu trayecto se vuelve más lento, vas disfrutando de la conversación y eso me permite pasar más tiempo contigo sin preocuparme por perderte de vista al girar una esquina…
Vas tranquila y concentrada en tu conversación.
También te he visto en tus días malos, cuando bajas con tu sudadera grande, el pelo sin definir y esa cara de no me quiero cruzar con nadie, mientras miras al suelo y tratas de pasar desapercibida para todos.
No sabes lo preciosa que estás así, sin querer demostrar nada a nadie, pensando solo en ti y en lo que tú necesitas.
Hoy no me has mirado, pero sé que me has visto: has barrido la calle con la mirada más de una vez porque sabes que me gusta jugar, pero no quería que me encontraras con facilidad.
Aun así, sé que has percibido mi presencia.
Creo que a veces dudas sobre por qué estaré prestándote toda esta atención…
Es sencillo: porque la mereces y alguien tenía que hacerlo.
Por la noche es cuando más disfruto estar contigo.
De día vas corriendo, mirando mil cosas, esquivando gente, contestando mensajes…
pero por la noche no, eres tú de verdad.
Tu luz encendida, la del lado del sofá o la de la mesita, según dónde decidas acabar el día, tu vaso de agua o tu taza cerca y alguno de tus libros.
Hoy, igual que siempre, te has puesto cómoda y has empezado a leer…
He notado cómo has empezado a pasar las páginas con nerviosismo…
a apretar tus piernas… algo te tiene realmente atrapada…
Has mirado al techo un segundo, has dejado el libro a un lado y has buscado a tu alrededor, como siempre haces, para asegurarte de que estás sola… ¿Pero con quién ibas a estar?
Me acerco un poco más porque sé exactamente lo que va a pasar y me puede la anticipación.
No es peligroso, ya lo he hecho otras veces; sé por dónde no miras.
No tienes ni idea de lo cerca que he estado algunos días, pero te aseguro que no me voy a perder el espectáculo que sé que se aproxima.
Lo he visto otras noches: primero te recoges el pelo o te lo apartas del cuello, luego hundes la espalda contra la superficie, y ahí empieza nuestro momento.
Me deshago al verte entregarte a ti misma…
cómo tu piel se eriza cuando tus manos bajan, acariciando la curva de tus costillas por encima de la tela; cómo empiezas a inquietarte, a querer más, mientras pasas las yemas de tus dedos sobre tu pecho y tu cuerpo responde.
Joder, me gusta tanto… ver cómo se endurecen tus pezones pidiendo más, notar cómo va cambiando tu respiración, cómo se mueve tu pecho, cómo empiezas a mover tus caderas porque no quieres esperar más.
Tus manos escapan ahora hacia tus bragas, esa delicada tela arruinada por lo mojada que estás ya; acaricias el tejido delante de mí…
No tengas prisa, por favor, disfruto de cada segundo.
Sencillamente perfecta… Noto tu calor, tu olor, tu humedad…
mientras me imagino pasando mi cara por tu sexo, quitándote esas bragas…
Y tú… siempre tan dispuesta, me satisfaces como si pudieras escuchar mis pensamientos, porque es justo lo que haces a continuación.
Abres las piernas para mí y puedo al fin ver el brillo de tu humedad.
Lames tus dedos, los chupas lentamente y sé que estás imaginando que es mi polla llenando tus labios, chupándome lento, suave, profundo…
Lo haces tan bien… La presión aumenta en mis pantalones y nuestro deseo se entremezcla; no, no, no…
no debería hacer esto aquí, este es tu momento…
pero no puedo contenerme, no cuando mi cuerpo ya no me obedece…
mi mano se desliza y empiezo a tocarme lentamente, arriba y abajo muy suavemente para no distraerte, mientras me deleito viendo tus dedos mojados deslizarse por tu centro muy despacio, recorriéndolo entero, de tu entrada a tu clítoris.
No sabes lo duro que me pones cuando te veo así, entregándote, haciéndome saber cuánto te gusta esto…
necesito más… quiero oírte, gime un poco solo para mí…
Nuestras mentes vuelven a sincronizarse y un gemido, casi un lamento, escapa de tu boca…
Eso es, joder… deliciosa… tan suave, tan sensible, tan viva, tan preciosa cuando te dejas llevar.
Vuelves a chupar tus dedos pensando en mí, puedo saborearte desde aquí…
Tocas tu entrada… y yo fantaseo con el día en que me des ese lugar, cuando estés lista para todo lo que seremos juntos.
Mi mano sigue trabajando en mi polla mientras me deleito…
Quiero metértela… quiero enterrarla tan dentro de ti que no puedas sentir nada que no sea yo, pero sé que aún no estás lista, así que me fascino viendo cómo eres tú la que mete esos delicados dedos en el lugar que me pertenece y te follas para mí.
Dios, no hay nada más perfecto que esto, solo nosotros…
cómo sube tu pecho, cómo se marcan tus pezones, cómo se arquea tu vientre, cómo todo tu cuerpo responde ante mi presencia porque es tan jodidamente mío.
Estoy notando cómo tu orgasmo se acerca…
estás tan cerca que puedo sentirlo y voy a grabarme esta imagen para siempre: el pulso entre tus piernas, tu clítoris desesperado, tu interior apretando por volver a llenarse, tu mano resbalando, tú…
tan salvaje… lo que daría por llenarte ahora mismo…
sentir cómo te abro del todo, cómo me recibes centímetro a centímetro, tu interior apretado alrededor de mí, desesperado por no dejarme escapar, cómo tus paredes me abrazan, cómo todo tu ser se aferra a mí…
tu presión latiendo mientras empiezo a moverme despacio, profundo, tan adentro que no existe nada más que nosotros.
Tú no pares, mi amor, frótate, date todo el placer que te mereces…
Muévete más… Tu respiración se vuelve cada vez más acelerada, tu voz es una mezcla de placer y desesperación y entonces explotas…
Tan perfecta cuando te rompes y tu espalda se arquea recogiendo todo el placer mientras yo me abandono al mismo tiempo que tú, saboreando hasta tu último espasmo.
Tu respiración baja, la mía también… y mientras te veo dormirte, empiezo a imaginar, como siempre hago, todo lo que nos espera…
porque la próxima vez será mi voz la que escuches mientras te corres, mientras te susurro al oído lo enamorado que estoy de ti desde que nuestras miradas se cruzaron en nuestra cafetería.