Turn me on 12 Él #2
100%

12 Él #2

Han pasado tres días desde nuestro último encuentro, he estado demasiado ocupado y no he podido dedicarte el tiempo que te mereces, pero hoy pienso compensártelo.

Llego pronto a nuestra cita en la cafetería en la que sueles parar y te espero en la misma mesa, la que da al escaparate; desde ahí puedo verte cómodamente cuando te sientas en tu mesa preferida, la de la esquina, la más lejana a la corriente de la puerta de entrada que tanto te molesta.

Hoy, por suerte, parece que no vas con prisa, así que no cogerás tu café para llevar.

Llegas puntual y pides lo de siempre, me encanta la forma en que sonríes a la camarera; encontrarse contigo es un regalo para cualquiera que tiene la suerte de hacerlo. No hay misterio para mí en ninguno de tus movimientos y, aun así, cada vez que te veo es como si fuera la primera vez.

Te sientas tranquila y yo disfruto del tiempo que hoy puedo dedicarte sin ninguna preocupación más.

Te veo leer tus mensajes, reírte en silencio y beber distraídamente tu café mientras te fijas en los detalles que van llamando tu atención alrededor.

Y mientras lo haces, me descubro imaginando cosas pequeñas: tus manos en mi cocina, tu cepillo de dientes en mi baño, tu abrigo colgado junto al mío.

Soñar contigo ya no es soñar, es rutina.

Pienso mucho en cómo será nuestra primera mañana juntos.

Te imagino medio dormida, sonriendo entre mis sábanas…

Yo bajaría sin hacer ruido a prepararte el café como sé que te gusta exactamente.

Me veo a mí mismo torpe, feliz, tratando de acertar con cada detalle para que todo sea perfecto…

La camarera me mira raro cuando sonrío sin motivo.

No entiende que no estoy solo, estoy contigo, en este momento y en todos los futuros.

Sigues observando el bullicio de la cafetería y entonces tu mirada se posa un instante en mí…

¿Me estás queriendo decir algo? ¿Me has reconocido?

Quizá no lo sabes, pero son nuestras almas hablándose a través de nosotros…

¿Eso que acabo de ver es una sonrisa en mi dirección?

Te levantas y caminas hacia el baño; el corazón se me detiene un segundo y no lo pienso: me levanto yo también y voy detrás de ti.

¿Me has invitado a ir contigo? Por un segundo creo que vas a girar la cabeza para indicarme que te siga; contengo la respiración, si nuestros ojos vuelven a encontrarse no sé si sabré fingir más o si tendré que besarte.

Me oculto tras una columna, te veo entrando al baño, mirando rápido por si había alguien dentro para no incomodar…

Eres tan fácil de querer… no sabes lo que me haces, todo lo que me haces sentir.

Avanzo y me oculto tras la puerta del baño opuesto y te veo pasar de nuevo hacia el café; tu olor me inunda y tengo que encerrarme para poder recuperar el control.

Respiro hondo… Has estado tan cerca… ¿Me has sentido?

Cierro el pestillo y apoyo la espalda en la puerta porque las piernas no me sostienen; has pasado a un palmo de mí y he tenido que contener la respiración, casi me corro como un crío de pensar en que he estado tan cerca de tocarte, me arde el pecho solo de pensarlo.

Una erección incontrolable me asalta, como si tu olor fuera una orden.

No puedo salir así, no puedo sentarme de nuevo en la mesa como si nada, no puedo mirarte beber tu café con esta presión en todo mi ser.

Necesito vaciarme de ti, necesito aliviar esta tensión…

Joder, tenía que haberme atrevido… Te juro que en ese segundo en el que me has mirado y he sentido cómo me invitabas al baño he estado a punto de contártelo todo: «Soy yo...

soy el que te cuida, el que te sigue, el que te conoce…

». Pero no puedo, no lo entenderías del todo, no todavía.

Me miro al espejo y descubro que tengo las mejillas rojas, el cuello también, parezco febril.

Me río… porque estoy hecho un desastre por tu culpa…

pero me encanta, me encanta que me desordenes de esta manera y que una simple mirada tuya sea capaz de dejar mi día patas arriba…

Hoy casi… casi me ves… Ese casi me está matando.

Desabrocho mis pantalones mientras vuelvo a ti…

Nuestro encuentro hace tres noches me impacta sin permiso y un deseo incontrolable se apodera de mí y me pierdo en cada sensación…

Imagino cómo estás arrodillada frente a mí, inhalando el olor de mi sexo mientras me miras sonriente.

Yo enredo mis manos en tu pelo, acariciando tu cabeza suavemente; estás esperando a que te dé permiso para empezar, pero no lo necesitas: soy tuyo, y lo veo con tanta claridad que me asusta.

Cierro mis ojos y echo mi cabeza hacia atrás mientras tu boca empieza a jugar con mi polla, lamiéndola suavemente; despacio al principio, más profundo después…

Me estás chupando tan bien, mi amor… Métetela toda en la boca, sé que puedes…

Lo haces y, por un momento, solo siento este movimiento que me vacía y me llena al mismo tiempo; la cabeza me da vueltas.

Tú aumentas el ritmo y estoy a punto, estoy tan a punto…

entonces te aferras aún más a mí y noto cómo todo mi ser explota en tu boca y cómo tú recoges todo sin dudarlo.

Me quedo quieto, apoyado en el lavabo, la respiración aún entrecortada…

Vuelvo a este plano poco a poco y tu ausencia me golpea.

Una ola de culpa y miedo me inunda, porque esto ya no es curiosidad o juego, es amor.

Me he enamorado completamente de ti, en lo cotidiano, en lo que nadie ve, en lo que no muestras, pero yo veo.

Yo te veo. Ojalá te dieras cuenta de una vez de que no eres una mujer cualquiera; eres la mujer que llevo soñando toda mi vida. ¿Cómo no voy a quererte?

Me recoloco la ropa, me refresco las manos y el cuello para bajar el calor. Salgo y vuelvo a mi mesa como si nada y termino mi café frío pensando en la próxima vez que podré encontrarme contigo.

Tras nuestro último encuentro mi mente se ha acelerado aún más, ni siquiera he podido ir a nuestras citas, estoy triste, sobrepasado, necesito encontrar una salida a todo esto que siento y me está consumiendo por dentro.

Salgo a pasear sin rumbo, con la mente revuelta…

y, sin embargo, todo parece cobrar sentido de golpe.

No hay dudas, no hay voces que discutan conmigo, solo este amor inmenso que por fin entiendo: no quiero mirarte más desde lejos, quiero que tú me mires también, quiero que me sientas.

Cruzo calles, esquivo gente, avanzo con una claridad nueva.

Hoy va a ser distinto, hoy voy a decírtelo todo…

que todo lo que hago es para ti, que te veo en cada gesto…

Voy vagando por las calles dejando que esta nueva lucidez me inunde y, sin saber cómo he llegado hasta aquí, me encuentro frente a tu casa…

El corazón me late tan fuerte que tengo que apoyarme un segundo para serenarme…

Abro tu puerta con un sonido muy leve y entro despacio; el aire me devuelve tu olor y lo inspiro profundamente para calmarme.

Te busco con la mirada y ahí estás, distraída con tu lectura.

Te observo unos segundos antes de dar el paso definitivo…

tu cabeza inclinada, la luz en tu cara, tu mirada relajada, ajena a todo lo que está por empezar…

Cada latido me empuja un poco más hacia ti, quiero tocarte, derribar esta barrera que nos separa de una vez por todas…

y entonces veo cómo frunces el ceño, cuando tus ojos se detienen exactamente aquí.

Tanto tiempo leyendo sobre otras mujeres, deseando ser la protagonista, sin darte cuenta de que ya estabas inmersa en tu propio relato. Noto tu confusión, porque al fin estás cayendo en la cuenta. Tú también me has notado… el cuerpo siempre lo sabe antes que la mente…

Como tú, yo también pensaba que esto era solo una historia más.

Hasta que me enamoré de ti.