11 Lena Ethan #2
El alcohol ayuda bastante a que me vaya sintiendo más confortable.
La conversación está siendo realmente animada.
Tyler me cae bien, definitivamente, y creo que yo a ella también.
Algo en ella y en su forma de hablar es magnético.
Es muy guapa… pero no en plan belleza de anuncio.
No. Tiene una energía que te atrapa, una seguridad que no se finge.
Se sabe el centro de la conversación y, probablemente, del local.
La verdad, es difícil dejar de mirarla. Yo sigo la conversación como puedo, porque entre el ambiente erotizante de la sala y que Ethan no ha parado de tocarme sutilmente en ningún momento mientras está en silencio observando cómo hablamos, estoy empezando a tener dudas de si, cuando me levante de este sillón, no habré dejado algún tipo de marca, porque estoy muy mojada…
Noto la humedad por mis muslos y en toda mi ropa interior.
—¿Me acompañas? —escucho decir a Tyler, y salgo de mi burbuja un instante.
—¿Qué?
—Voy al baño, ¿me acompañas?
—Ah, sí, claro —respondo sin dudarlo.
Subimos juntas por una escalera y entramos por una puerta lateral que va a parar a un pasillo que parece alguna zona privada, como de personal.
—¡Ey Ty! ¿No es tu noche libre? —una voz masculina y con un marcado acento italiano me saca de mi embotamiento por un momento, ¿Tyler trabaja aquí?
—Hola Raf, sí, hoy estoy de invitada… vamos al baño un momento y no quería ir a los públicos teniendo el nuestro a mano.
—Claro, ¡disfruta! Nos vemos mañana… justo necesito que me hagas un favor… ¡Ciao, belle!
El guapo desconocido desaparece por otra puerta y nosotras pasamos a un baño privado, sorprendentemente amplio y limpio.
Tiene hasta un pequeño sillón a juego con los del salón principal, que no alcanzo a entender para qué será, y un lavabo doble frente al inodoro.
Este sitio tiene puertas por todas partes y Tyler parece conocerlas todas.
Estoy algo achispada tras las copas y bastante encendida por la novedad de este Ethan que acabo de descubrir…
Tyler gira el pestillo con un clic seco y yo decido sentarme en el sillón, que está fuera de lugar, pero se ve realmente cómodo, y cerrar un instante los ojos.
Me empiezo a sentir cansada. Entonces la siento…
sus dedos rozan mi cuello, su piel está tibia y yo estoy demasiado caliente…
Noto cómo mi cuello se estira para ampliar la sensación, mientras mis ojos siguen cerrados y yo me sumerjo en ese bienestar.
La música llega muy lejana en este lugar, y me noto como en una especie de alucinación onírica, a la que no sé cómo he llegado, mientras noto sus manos por mi cuello, mi pelo, mis labios…
Me está susurrando algo, pero no alcanzo a entenderla…
y entonces su boca roza la mía y respondo dándole acceso.
No sé cómo hemos llegado a esto… Solo sé que me abre las piernas para apoyar una de sus rodillas y que el beso se vuelve mucho más intenso.
Su lengua me invade y yo estoy totalmente abandonada al deseo que me inunda desde hace horas.
Sabe a vodka, a peligro… Noto cómo una de sus manos roza mis pezones suavemente a través del vestido y una corriente eléctrica dispara directa a mi entrepierna, como si hubiera un cable de alta tensión que conectase ambos puntos.
La sensación es tan placentera, tan familiar y a la vez tan diferente a todo lo que he experimentado hasta ahora que estoy totalmente obnubilada.
Mi teléfono vibra en el bolso y salgo de mi ensoñación.
Me aparto y recobro el juicio por un momento.
¿Pero qué coño estoy haciendo? ¡La hermana de mi novio!
—Tengo que volver —murmuro apresuradamente.
—Claro —responde. Su voz es suave y sus ojos me devuelven toda la comprensión que el momento requiere.
Salgo del baño sin saber si mis piernas me van a aguantar.
Ethan sigue en los sillones y capta mi atención desde la distancia.
Está relajado, con las piernas abiertas y los brazos a lo ancho del sillón.
Me sonríe y, cuando llego con él, me coge posesivamente del culo y me susurra: —¿Nos vamos ya?
No sé cuánto tiempo más voy a poder aguantar con la polla queriendo salirse de mis pantalones.
Despierto sintiendo frío. El aire fresco del dormitorio me acaricia los pechos desnudos, todo el cuerpo me pesa…
imágenes de la noche de ayer empiezan a llegar a mi consciencia y una sonrisa me inunda.
No puedo recordar la última vez que me sentí así: tan deseada, tan adorada, tan…
devorada. Hay marcas rojas en mis caderas y mis muslos aún tiemblan cuando estiro las piernas.
El recuerdo de anoche me atraviesa el cuerpo como un calambre lento: la forma en la que me tomó…
más sucio, más salvaje que nunca. Lo que me susurraba al oído, lo que me hizo rogarle. Me gustó demasiado.
Estiro los brazos en busca de Ethan, pero no está; solo hay una nota en el borde de la mesilla:
No quiero despertarte porque estás sencillamente preciosa. Me ha escrito Nora, parece que hay alguna urgencia en el despacho. Nos vemos más tarde. TQ.
Me quedo ahí, envuelta en la sábana, sin moverme, dejando que el recuerdo me inunde: su voz rasgada, sus dedos sabiendo exactamente a dónde dirigirse, su forma de mirarme mientras me hacía tocar el cielo. Un pensamiento invasivo entra sin permiso… Tyler.
Aparece en mi mente como un destello que intento apartar.
Sus labios en mi cuello, su boca empapando la mía, la rodilla entre mis piernas, sus dedos acariciando mis pezones con esa seguridad brutal, como si ya me conociera…
Me sorprendo a mí misma mordiéndome el labio ante el recuerdo de cada sensación.
No. No soy ese tipo de persona. Fue un error, fruto del ambiente asfixiante de aquella sala y de alguna copa de más.
No ha significado nada… Nunca he estado con una mujer y no es casualidad.
No me van las tías. Ayer, el querer agradar a la hermana de mi novio se me fue definitivamente de las manos.
No volverá a pasar. Cojo el móvil para distraerme y el corazón me da un vuelco al ver un mensaje de Tyler.
Tyler: Me quedé con ganas de mucho más. Soy consciente de lo que tienes con Ethan. Y me encanta. He pensado mucho en ti esta noche. Necesito hablar contigo. ¿Te pasas por mi casa? Estaré hasta las 14. Puedes venir sin avisar
Y debajo, la ubicación.
Me quedo en blanco. Lo leo tres veces y empiezo a escribir una respuesta, pero…
¿qué le voy a decir exactamente? No quiero enredar más las cosas ni dejar pruebas que puedan malinterpretarse.
Los mensajes pueden ser muy peligrosos. Voy a ir…
para dejar las cosas claras, para no permitir que esto se repita, para defender lo que tengo con Ethan y para demostrarme que fue un error.
Salto de la cama y voy directa a la ducha.
El edificio es moderno y minimalista, un bloque caro pero sin florituras…
muy Tyler. Subo en el ascensor conteniendo el aire mientras me repito el discurso en la cabeza: Fue interesante, pero fue una locura y por supuesto no puede volver a pasar.
No lo quiero y no lo busco. Llamo al timbre.
La puerta se abre… y me encuentro con Ethan.
Se me cae el mundo al suelo. Está en vaqueros y camiseta, descalzo y totalmente como en casa.
Me mira como si me esperase desde hace horas.
—Ethan… ¿Qué haces tú aquí? —pregunto, intentando que mi voz no suene tan aguda como me sale.
Él sonríe, tranquilo. Tiene los ojos totalmente encendidos y, sin mediar ni una sola palabra, me atrae hacia él por la cintura y me besa.
Es un asalto, una declaración; su lengua me parte en dos mientras sus manos bajan posesivamente por mi espalda…
y justo cuando me estoy perdiendo en él, me aparto de golpe mientras una oleada de confusión me inunda.
—No entiendo nada —murmuro—. ¿Tyler está…? ¿Qué es esto? Déjame que te explique, Ethan. Lo siento, iba bebida, ¿vale? Y el ambiente de ese bar… ¡joder!… perdóname.
Y entonces la veo. Tyler. De pie, al fondo del salón. Camiseta blanca que deja poco a la imaginación y… nada más. Apoyada en el marco de la puerta, con una sonrisa torcida y los labios húmedos, se está mordiendo el pulgar y está disfrutando totalmente de la escena.
—¿Pero qué coño os pasa…? —suelto sus manos como un latigazo.
Él levanta las manos, despacio.
—Ey… no te asustes —me dice—. Entra, ¿vale?
Todos mis instintos me piden que salga corriendo de esta encerrona, pero necesito entender…
y quiero luchar por él. Ha sido un error, un instante de conexión puramente física, así que me armo de valor para asumir las consecuencias y entro.
Me guía con calma hasta el salón. La estancia está bañada por una luz tenue y cálida; huele a incienso y jazmín.
Suena música suave y dos copas con restos de vino sobre la mesa me lanzan aún más profundamente al precipicio de la confusión.
Ethan se sienta en el borde del sofá dándome el espacio que sabe que necesito.
—Tyler no es mi hermana. Nuestros padres se casaron hace unos años. Entre nosotros no hay lazos de sangre. De hecho, apenas convivimos unos meses porque yo me marché a la universidad. En este tiempo hemos vivido algo… y…
Mi mundo se desmorona.
—¿Estás diciéndome que estáis juntos? —pregunto, con un hilo de voz.
Él niega con la cabeza.
—No. No de la manera que estás imaginando…
y desde luego no desde que te conozco. Yo nunca he tenido una relación como la que tengo contigo y ella tampoco ha tenido pareja estable.
Llevamos años uno en la vida del otro, de manera…
muy libre. Intermitente. Intensa. Diferente.
Cuando me ha contado cómo te sentiste cuando te besó ayer… Lena, no he podido pensar en otra cosa.
Se acerca más a mí. Yo tomo distancia.