Turn me on 11 Lena Ethan
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11 Lena Ethan

Lena + Ethan

Me miro al espejo de mi baño y, con mano temblorosa, aprieto el atomizador que guarda el olor a sándalo de Ethan.

El vapor amaderado se escurre en el aire y me llega como un abrazo tibio: él.

Cierro los ojos un segundo, inhalo y noto el pecho encogerse de emoción.

A mi derecha, el vestido que he escogido espera colgado, sencillo pero impecable.

Lo deslizo con cuidado sobre mis hombros y compruebo que la tela se ajusta a mi cintura a la perfección.

Mientras mis dedos rozan mi escote donde su perfume ha caído, siento mariposas revolotear en la boca del estómago.

Hoy es el gran día, me repito. Hoy formalizo la relación con Ethan en su casa, con su familia.

Trato de calmar el sudor en las manos, pero cada vez que inhalo ese aroma terroso noto un cosquilleo diferente: nervios por conocer a sus padres, Ethan lleva años trabajando en el bufete de su madre y ambos son abogados de éxito, y también por conocer a su hermana, de la que no me ha hablado tanto, pero que espero se convierta en una gran amiga.

Un último toque de labial, un par de pendientes sencillos.

Miro mi reflejo: creo que he conseguido el look que buscaba, soy un partidazo, de eso no hay duda…

y quiero que toda mi imagen hable de eso.

Lanzo un mensaje a Ethan:

Lena: Voy para allá, hasta ahora. Te quiero.

Ethan: Deseando verte. Hasta ahora.

Entro al recibidor y el sonido envolvente de algún tipo de música clásica suena de fondo…

Estoy rodeada de obras de arte contemporáneo y mármol pulido que refleja la luz de unas lámparas escandalosamente caras, a mi criterio, recordándome que estoy en un hogar donde cada objeto ha sido escogido con cuidado y a golpe de billetera.

El aroma a madera barnizada y un ligero toque de cera reciente me envuelven, mientras la temperatura fresca del pasillo acaricia mis hombros desnudos.

Mi vestido sencillo destaca demasiado en este escenario de opulencia, y siento el peso de cada mirada.

Ethan me recibe con esa sonrisa tan suya y me infunde seguridad al instante; sus ojos azules también destilan nerviosismo.

Lleva su pelo castaño claro recién cortado y le sienta realmente bien.

Ha escogido una camisa azul muy sencilla y unos pantalones estilo chinos que se le ajustan a la perfección a sus muslos musculosos.

Está guapísimo, y al verle los nervios me dan una pequeña tregua.

Me estrecha con un brazo protector, posando mi mano sobre su antebrazo como quien amarra un velero en un puerto seguro.

Entonces me llega su perfume —su olor a sándalo es tan característico que me ancla de inmediato—.

Un leve susurro de su parte, apenas perceptible, me asegura que todo está bien, y agradezco su presencia mientras intento salir del momentáneo ensimismamiento.

Este chico… es todo lo que siempre he querido.

Los padres de Ethan me reciben con una afabilidad elegante: su madre, con voz suave y manos cálidas, me ofrece un cóctel servido en copas de cristal fino; su padre, impecable en una camisa clara, elogia mi vestido con una sonrisa sincera y me comenta las ganas que tenía ya de conocerme.

Sus palabras, medidas, me hacen sentir por un instante un poco parte de este mundo de abundancia tan desconocido para mí y en el que, sinceramente, me cuesta colocar a Ethan.

Entonces, mi mirada se cruza con la de su hermana.

Está apoyada con elegancia en el marco de la puerta.

Luce un top de encaje negro que juega con transparencias y unos jeans ceñidos que parecen esculpidos a su medida.

Su cadera se inclina ligeramente hacia mí, y el brillo en sus ojos me provoca un escalofrío.

Cruza los brazos y me escanea de arriba abajo con una expresión que rezuma complicidad: una mirada hacia su hermano que dice wow, tenías razón, Ethan, como si acabase de pasar algún tipo de examen.

Al moverse para acercarse a nosotros, sus dedos rozan brevemente los de Ethan, y noto un pinchazo de celos en el vientre.

Unos segundos se dilatan en el tiempo mientras mi pulso se dispara.

¿Me acabo de poner celosa de la hermana de mi novio? Definitivamente tengo que calmarme.

Siento un escalofrío como un cuchillo suave deslizándose por mi columna y mi mente se llena de una mezcla de inseguridad y curiosidad.

Me pregunto qué pensamientos cruzan la cabeza de Tyler; espero de verdad que no sea el tipo de hermana sobreprotectora que va a hacer lo imposible para que su hermano me deje o qué sé yo…

—Bienvenida, Lena. Soy Tyler. Ya tenía ganas de ponerle piel a la chica de Ethan —dice, y su voz, más dulce de lo que esperaba, me atraviesa y multiplica todas mis dudas.

Ethan, percibiendo la tensión, hunde suavemente mi hombro contra su pecho y me regala una sonrisa tranquilizadora.

—Tranquila, todo va a ir bien —dice, susurrando al calor de mi oreja.

Me toma suavemente del codo y me guía hacia el salón, mientras mis piernas le siguen y mis pensamientos se quedan girando sin descanso.

El postre llega con una suavidad coreografiada.

Un personal silencioso que parece levitar de un lado a otro nos trae mousse de chocolate con escamas de sal acompañado de vino dulce en unas copas extrañamente alargadas.

La conversación se ha vuelto amable y relajada en este punto de la cena, y yo siento que he pasado la prueba de fuego.

Los padres de Ethan, ya sin la solemnidad del principio, se relajan y sonríen.

Consigo ver, ahora que estoy más integrada, que pese al éxito son solo dos personas normales, acogedoras.

Tyler interrumpe mis pensamientos: —Bueno…

gracias por la cena, por la compañía… Yo os abandono, que voy a salir a tomar algo, ya sabéis que tengo pocas noches libres.

¿Os apuntáis, Ethan? El Noir no queda lejos de casa de Lena, por lo que habéis comentado.

Ethan me mira buscando aprobación. Parece que él sí tiene ganas de ir…

Yo no me siento cansada; de hecho, sigo con los nervios a flor de piel, y la idea de salir de aquí se me antoja bastante apetecible.

Estoy más cómoda que al principio, sin duda…

pero tampoco vamos a alargar esto más de lo necesario.

—Claro, vayamos —respondo sin dudarlo.

El local al que hemos venido tiene una estética industrial, con paredes desnudas, luces bajas y sillones de terciopelo.

Hay bastantes zonas oscuras donde la gente parece más concentrada en tocarse que en hablar.

Estoy fingiendo que no me doy cuenta, pero la verdad es que el ambiente se ha vuelto denso de golpe…

Ahora mismo no sé a dónde mirar, porque se respira sexo por todas partes.

Y no es que yo sea una mojigata; me gusta, como a todo el mundo, y las relaciones con Ethan son…

increíbles… Nunca me había sentido así. Pero desde luego, sentirme a gusto en un sitio como este está lejos de lo que imaginaba para cerrar la cena con mis futuros suegros. ¿En qué estaría pensando Tyler?

Veo que coge la mano de su hermano y se lo lleva a la barra.

La música no está demasiado alta y juro que, si me concentro, soy capaz de escuchar sonidos que provienen de las parejas más cercanas…

Esto es una locura. Una orgía por episodios, mire a donde mire.

Una pareja realmente atractiva llama mi atención.

No alcanzo a ver con claridad qué ocurre entre ellos, pero veo manos deslizándose peligrosamente y…

espera… otra mujer se acerca a ellos como si les conociese perfectamente y de repente están teniendo algo más que palabras con ella.

Sacudo mi cabeza y desvío rápidamente la mirada para ir a dar justo con los ojos expectantes de Ethan.

Está encendido en deseo; ha notado perfectamente lo que la imagen me ha despertado…

y el tejido de este vestido tampoco deja mucho a la imaginación.

Mis pezones me traicionan abiertamente a través de la fina tela…

Mientras me mira fijamente y coge mi cara con suavidad para que le preste atención, noto cómo una de sus manos empieza a deslizarse entre mis muslos. Por suerte, aún lejos de cualquier zona de peligro, pero con una intención clara que no me deja lugar a dudas…

—Vaya… Pues al final va a estar interesante el sitio, ¿no crees?

Me acabo de poner a mil por hora viendo cómo te fijabas en ellos…

Por un momento he deseado ver cómo te acercabas y te unías a la fiesta…

Se me ha puesto durísima al sentir tu excitación…

Me gustas tanto, Lena… quiero vivirlo todo contigo.

Estoy sin aliento, jodidamente empapada y descompuesta…

¿Pero de dónde ha salido este Ethan? ¿Dónde está mi abogado dulce, romántico y al que no le van estas cosas, hasta donde yo sabía?

Tyler aparece en el horizonte y yo me enderezo en el taburete de la barra, recuperando la compostura mientras mi mirada y la de Ethan se cruzan, dejando una promesa en el aire.

—He cogido un sitio estupendo allí —señala unos sillones al fondo del local—. Voy a pedir unas copas, ¿me esperáis allí? ¿Os apetece algo en especial?