10 Zoe Mason #2
Es entonces cuando se yergue, pero no se alza, su boca quedando a la misma altura que mis pechos.
Levanta una mano y me baja el tirante de mi sujetador, acompañándolo, rozando mi piel por su paso.
Mi piel responde erizándose. Sus ojos no se despegan de los míos.
Desliza la mano por detrás de mi espalda y, con un movimiento ágil y rápido, me desabrocha el sujetador, dejándolo caer contra el suelo, mis tetas totalmente expuestas delante de él.
Veo cómo desencaja por un momento la mandíbula en un intento por mantener la calma.
Posiciona una mano en la parte baja de mi espalda, atrayéndome hacia él, mientras la otra cubre uno de mis pechos.
Sus ágiles dedos comienzan a jugar con mi pezón, pellizcándolo, mandando señales directamente a mi coño.
Un gemido se escapa de mi boca. Incluso a través de la máscara puedo ver la malvada sonrisa que se forma en la suya.
Estamos tan cerca que tiene la barbilla apoyada en mi estómago.
Sus ojos siguen sin perderse un detalle de los míos, como si quisiera memorizar cada expresión que me arranca.
Entonces hace algo que no me esperaba: con una mano se alza el pasamontañas lo justo para liberar su boca.
No pierde ni un segundo y comienza a lamer mis pezones sin apartar la mirada de la mía.
Pasa de uno al otro minuciosamente, chupando, mordiendo, apretando con fuerza mis tetas según va cambiando, con todo el tiempo del mundo.
No puedo reprimir mi mano que se lanza a su cabeza.
Echo de menos tocar su suave pelo castaño, cubierto por el pasamontañas, pero ya solo sentirlo entre mis manos me basta para volverme loca.
Cuando sus manos se separan para signar, siento su ausencia dolorosamente.
Jodidamente deliciosa. Dime, Zoe, ¿estás mojada?
—S-sí, creo que sí —logro decir, asintiendo con vehemencia.
Quiero probarte. Dámelo a probar. Sus manos son tajantes, seguras y demandantes.
Lanzo una mano temblorosa hacia mis braguitas.
Efectivamente, estoy empapada. Juego un poco con mi entrada y mis dedos son prueba inequívoca de mi estado.
Los saco y se los enseño, brillando ante la tenue luz de la lámpara.
Él me agarra la mano con delicadeza e introduce mis dedos en su boca, poniendo los ojos en blanco por un instante.
Sabe aún mejor. Lo dejaré para el postre. Signa.
Esta vez, con su boca expuesta, puedo ver su maliciosa sonrisa, y el estómago me da un vuelco.
Es jodidamente perfecto. Debe notar mi mirada en su boca, cómo me relamo los labios al mirarla, porque procede a bajarse de nuevo el pasamontañas, cubriéndola por completo.
Con el dedo índice diciendo que no al mismo tiempo que niega con la cabeza.
¿Quieres probarme? Me dicen sus manos, apoyando la espalda de nuevo en el respaldo.
—Por favor.
Ponte de rodillas.
Obedezco inmediatamente y sin rechistar porque no puedo esperar más a tener algo suyo entre mis labios.
Mi boca está desesperada por probarlo. Mason se baja delicadamente la cremallera de sus pantalones militares mientras yo lanzo mis manos a sus rodillas, acariciándolas con suavidad.
Me muerdo el labio inferior cuando se libera por fin en toda su longitud, agarrándola fuertemente con su mano.
Le ayudo a quitarse los pantalones sin dudarlo un segundo; necesito sentir el tacto de su piel, el calor que emana, su olor.
Mis manos se dirigen hacia su polla. Mason aparta su mano, dándome la vía libre para poder masajearla de arriba a abajo.
Tan grande, tan dura y suave. No puedo contenerme y lamo de abajo a arriba toda su longitud, para acabar rodeando mis labios alrededor de su glande, saboreando su anticipación.
Con ambas manos en la base y mi boca en la punta, empiezo a succionar fuertemente, produciendo sonidos que harían sonrojar a cualquiera.
Me da igual, lo necesito. Verle cómo se rompe, echando la cabeza hacia atrás, todo por mí, me hace perder el control.
Sujetando con ambas manos mi cabeza, comienza a subir y bajar sus caderas, follándome la boca sin ningún tipo de remordimiento.
Siento el gruñido formarse en lo más dentro de él, el sonido tan masculino me vuelve loca.
Saliva comienza a caer por los lados de mi boca, empapándolo.
Empiezo a notar un delicioso dolor en la mandíbula, pero entonces siento que se para y se incorpora erguido aún en la butaca, apartándome.
Mirándome desde arriba, yo aún de rodillas, sus manos comienzan a moverse de nuevo: Tienes una boquita perfecta, déjame ver si tu coño es igual.
Sin esperar un segundo, sus manos se lanzan a mi cintura, alzándome en mis pies y comienza a bajarme las bragas, dejándolas caer en el suelo.
Entonces me agarra de nuevo de la cintura, atrayéndome hacia él; me sienta a horcajadas en su regazo.
Mis rodillas, apoyadas en la butaca, se posicionan a ambos lados de sus muslos.
Me mira desde abajo, apoyando su barbilla en mi vientre de nuevo.
Una pasión desconocida baila dentro de sus órbitas, expectante.
Sus pulgares hacen círculos en mis caderas.
Yo acaricio su nuca, disfrutando cada segundo que me está regalando.
Por un momento me parece que asiente, y es ahí cuando se reclina, atrayéndome hacia él.
Siento inmediatamente su polla en mi entrada y, sin ningún tipo de miramiento, sus manos me empujan contra él, penetrándome de un solo golpe.
Es un dolor indescriptible que pasa a placer en cuestión de un segundo.
Mis manos se mueven de su nuca a su fuerte pecho, usándolo como apoyo para subir y bajar deliciosamente sobre su pene.
Me agarra el trasero, ayudándome en el recorrido, acelerando el ritmo que mis piernas solas no pueden mantener.
La intensidad con la que me está follando es demasiado para mí; mi cerebro intenta gritar que pare, pero mi cuerpo ya no responde y me dejo llevar, gritando desesperadamente su nombre.
El orgasmo me impacta con tal fuerza que empiezo a temblar, intentando hundirme aún más en él, pero al mismo tiempo intentando separarme…
es demasiado… Mason me agarra con más fuerza, negando con la cabeza, gruñendo como un animal.
Siento las primeras lágrimas caer por mis mejillas.
Sus manos dejan mi culo, pasándolas entre mis muslos hasta llegar a la parte de atrás de estos, abriéndome aún más, creando un agarre del que no puedo escapar.
La zona interior de sus antebrazos perfectamente alineada con la parte de atrás de mis muslos.
Entonces, sin ningún tipo de esfuerzo, se pone de pie, conmigo como si fuera una muñeca, a horcajadas, mis brazos alrededor de su cuello, abriéndome toda para él.
En esta posición él tiene todo el control sobre mí, estoy totalmente a su merced.
El sonido de nuestros cuerpos chocando hace que algo dentro de mí cortocircuite.
Su polla entra y sale de mí con una facilidad y velocidad que me descoloca.
Echo mi cabeza hacia atrás sintiendo cómo más lágrimas se escapan de mis ojos.
Vuelvo hacia él; no aguantando más, le aparto la máscara de la boca, necesito besarlo, he esperado demasiado.
Cuando nuestros labios se encuentran siento cómo el segundo orgasmo se empieza a formar.
El modo en que su lengua explora toda mi boca me deja sin aliento.
No puedo parar de besarlo mientras él continúa follándome sin piedad.
En el momento en que muerde mi labio, exploto.
Es solo ahí que consigo apartar mi boca de la suya.
—Oh, dios mío, Mason —grito. Olas de placer del segundo orgasmo recorren mi cuerpo junto con sus manos.