Turn me on 8 Connor Alex #4
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8 Connor Alex #4

Sus caderas se empiezan a mover lentamente, la fina tela del pantalón de combate entre nosotros se siente fría ante mi polla descubierta.

Siento la necesidad de arrancárselos, pero no…

no hasta que él me lo pida. Ren retoma el beso y comienza a bajar por mi cuello.

Yo giro la cabeza, dándole más acceso. Su barba deja un cosquilleo nuevo en mi piel que me lleva al borde.

Por un momento sus manos dejan mi cuerpo y entonces abro los ojos para ver que se está bajando los pantalones.

La visión de su polla, tan grande y dura, se imprime en mi retina.

La agarra fuertemente y comienza a mover su mano arriba y abajo con movimientos suaves pero seguros.

—Pon tu mano sobre la mía… —me dice al oído mientras me muerde el lóbulo.

—¿Seguro? —mi voz es un susurro contenido.

Ren alcanza con su mano la mía, que deja temblorosa la taquilla colocándola sobre la suya entre nosotros, acompañándola en el movimiento. Yo no aparto la mirada, hipnotizado, incrédulo por todo lo que me está sucediendo.

—¿Has hecho esto con alguien alguna vez? —me pregunta, noto un cierto miedo en su tono.

—No, nunca… ¿tú? —me arrepiento de haberlo preguntado porque no quiero saberlo…

—Nunca así… acércate más.

Obedezco al instante y Ren nos une en el centro con ambas manos.

Yo suelto la otra de la taquilla para acompañarlo.

Cuatro manos que agarran al unísono, las mías sobre las suyas, la posición es jodidamente perfecta.

Nuestras caderas comienzan a moverse de manera sincronizada.

Con el pulgar, Ren juega con el líquido que empieza a salir de mí y yo me lanzo de nuevo a su boca, necesitando todo el contacto que me pueda dar.

De pronto siento un mordisco en mi labio inferior.

El sonido de placer que sale de mi boca lo hace resoplar.

—Me vuelves jodidamente loco cuando haces ese ruido. Uno más y vas a hacer que me corra.

—Sigue tocándome así y voy a ser yo el que se corra —digo entre gemidos.

Su agarre contra nuestras pollas se endurece y yo no puedo hacer otra cosa que acompañarlo.

Entonces aparta ambas manos para llevarlas a mi cara.

Nada separa las mías entre nosotros. La suave piel de su pene se siente diferente al mío, el suyo además es más grande, es una sensación completamente nueva.

Yo no dejo de subir y bajar mis manos por nuestros miembros unidos, la fricción es una puta maravilla.

—Córrete conmigo Connor —me agarra la cara con una fuerza brutal, como si no quisiera que me escapara de sus brazos.

Una de sus manos pasa a mi nuca agarrando fuertemente mi pelo mientras apoya su frente a la mía.

Sus ojos no me dejan ni un segundo, ni siquiera las salvajes embestidas contra mis manos lo hacen pestañear.

Por fin los cierra cuando de su boca se escapa un gruñido mientras se corre, cayendo todo sobre mí, mis manos, mis abdominales.

Su cara de placer es un regalo para mis ojos, es imposible apartar mi mirada, lo saboreo, memorizando cada gesto.

Estoy tan embriagado con la visión que el ritmo de mis manos se reduce hasta pararse por completo.

Abre los ojos y soltando un suspiro me regala una medio sonrisa que me hace flaquear.

—No hemos acabado —dice mientras desliza sus manos entre nosotros.

Con una agarra toda mi longitud mientras la otra se coloca debajo de mí, masajeando mis pelotas.

La sensación de ellas, ahora empapadas, hace que todo se multiplique por mil.

Pongo los ojos en blanco justo antes de cerrarlos apoyando mi frente sobre su hombro y mis manos sobre su pecho.

Su respiración en mi oído, mezclada con palabras cargadas de algo que solo él sabe darme, me arrastra a una dimensión de la no quiero regresar.

Siento como todo mi cuerpo se tensa, todas y cada una de mis terminaciones nerviosas están en llamas.

Echo la cabeza hacia atrás mientras libero todo mi ser sobre sus manos y estómago en lo que es el mejor orgasmo de mi puta vida mientras Ren sigue moviendo sus manos sobre mí exprimiendo hasta la última gota.

Exhalo un respiro entrecortado y bajo mi mirada hasta encontrarme con la suya.

Sus ojos están vidriosos, el estómago me da un vuelco y no puedo evitar pensar en lo que he podido hacer mal para provocarlo.

Sabía que no tendría que haberlo tocado, joder.

Miro a mi alrededor y encuentro una toalla de mano, se la paso para que se limpie, no queriendo invadir su espacio.

Pero entonces Ren usa la toalla para limpiarme a mí en lugar de a él.

Sus manos calientes sobre mi cuerpo hacen que todo dentro de mí se calme.

El silencio que nos envuelve es ensordecedor, pero muy necesario.

Siento como sus ojos me hablan de un modo que las palabras no podrían expresar.

Cuando estoy limpio, tira la toalla al suelo y recoge su camiseta. Entonces me la entrega.

—Enséñame —su mirada no deja la mía—, enséñame a no escapar, Connor…

Ren desliza mi palma con la camiseta hasta su estómago, aceptando mi toque. Por un instante no respira. Luego algo cambia en su mirada, y ese instinto vuelve a gritarme una sola cosa: esta vez no sueltes…